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Los molinos de Capinota, patrimonio histórico y cultural de nuestro pueblo

Por: Miguel Paz Velez

Fotos: Miguel Paz Velez

Los bellos y antiguos molinos de Capinota en proceso de deterioro paulatino

Los bellos y antiguos molinos de Capinota en proceso de deterioro paulatino

Patrimonio, es la herencia histórica, cultural, artística, lingüística, natural, etc., que se nos ha legado y perdura a través del tiempo. Es este patrimonio, lo que nos determina como pueblo. Nos otorga “Identidad”. El patrimonio cultural nos permite entender lo que somos y cómo hemos llegado a serlo.

Es de fundamental importancia que le otorguemos el valor que se merece, ya que un pueblo sin identidad, una persona sin identidad, tiende a caminar por senderos de individualismo egoísta, y es presa fácil de la alienación cultural y la superficialidad.

Los molinos de Capinota, por ejemplo, son parte del patrimonio histórico y cultural de nuestro pueblo y han sido abandonados. Recuperemos estos espacios patrimoniales y llenémoslos de vida, de actividades.

Todos sabemos que las autoridades municipales de Capinota nos niegan ese derecho. Pero la ley nos ampara y fomenta la “Puesta en Valor”, que son normas y procedimientos que la LEY DEL PATRIMONIO BOLIVIANO promueve desde el Estado. El Gobierno Municipal debería tener políticas de desarrollo cultural y fomento al Patrimonio, pero no las tiene. Y no le interesa. Creen que no es importante… aunque el marco legal y normativo está dado, y la ley otorga a los ciudadanos organizados, facilidades para la “apropiación” de su Patrimonio Cultural.

Las piedras o muelas de los molinos se encuentran botadas y a punto de perderse

Las piedras o muelas de los molinos se encuentran botadas y a punto de perderse

Empecemos a darle valor a nuestra Identidad de Capinoteños, a través del Patrimonio Cultural. Organicémonos, al margen del Gobierno Municipal, que pone trabas en vez de facilitarnos las cosas. Además que la ley y su reglamento así lo establece.

Esta será una primera entrega en lo que se refiere al Patrimonio Cultural de Capinota. Pero habrán muchas más, somos ricos culturalmente. Sólo hay que abrir los ojos un poco más y el corazón de par en par.

COMENTEN, DIFUNDAN Y TOMEN CONCIENCIA ACTIVA!!

N.- Para mayores referencias ver el artículo previo: http://capinota.wordpress.com/2014/04/24/adios-a-los-molinos-harineros-de-la-cuenca-del-rio-arque/, en este mismo blog.

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1° DE OCTUBRE: EFEMÉRIDE DE LOS CAPINOTEÑOS ALTOS Y BUENMOZOS

Por Antonio Rocabado Q.

En este aniversario, los capinoteños de corazón recordamos fervientemente, donde quiera que estemos, aquel 1° de Octubre de 1908 durante el gobierno de Ismael Montes, cuando se constituyó la Provincia, como una división política adicional del Departamento de Cochabamba. Y singularmente, en esta fecha también, se hace reminiscencia internacionalmente al Día del Árbol, como si se nos invitara a evocar tiempos en los que nuestro valle del embeleso era mucho más florido y pleno de árboles frondosos.

Actualmente, con los datos del censo de 2012, la Provincia de Capinota de 1.495 Km2, cuenta con 29.744 habitantes distribuidos en tres secciones municipales: Capinota (19.477), Santivañez (6.527), y Sicaya (3.740 habitantes). Cada una de estas secciones municipales está conformada por las siguientes divisiones cantonales con sus centros poblacionales respectivos:

Capinota (Villa Capinota): Charamoco; Villcabamba; y Tocoalla.

Caraza (Villa Santivañez): Huañacota; Poquera; Calera; Chojtama; y Caporaya.

Sicaya (Sicaya): Orcoma.

La capital de la Provincia, poco conocida como Villa Capinota, está localizada a 66 Km de la ciudad de Cochabamba. Tiene un escudo de armas, aunque no aprobado oficialmente por el Gobierno Municipal, que es ampliamente conocido y fue descrito a detalle con anterioridad en este Blog. Asimismo, regionalmente se conoce que la bandera capinoteña tiene dos franjas, celeste y blanca, por los limpios cielos, y dizque, por la armonía en la que viven sus habitantes.

Con estos datos estadísticos y geográficos en vigencia, los profesionales capinoteños de distintas áreas de especialidad y residentes en varios lugares del país y del exterior, han expresado en muchas oportunidades sus deseos para una Capinota de calidad y con desarrollo consistente a través de nuevas políticas, exigiendo oportunidades para participar en estos procesos. Urgen procesos de desarrollo con visión a largo plazo mediante la planificación de obras, con los mejores servicios de salud, la adecuada gestión ambiental, y una educación superior.

Capinota tiene una estratégica ubicación geográfica, y está llamada a integrar, por un lado, al departamento de Potosí con Cochabamba, y también, a ser el eje de conexión caminera y ferroviaria con las provincias de Arque, Tacopaya, Bolívar, hasta del mismo departamento de Oruro, utilizando la cuenca del río Arque para explotar las ricas potencialidades mineras existentes.

En consecuencia, en este día de regocijo general, hacemos votos para que por la acción de sus hijos más preclaros y visionarios, Capinota se convierta a corto plazo en un referente de la integración departamental, del aprovechamiento de ingentes recursos mineros, de las industrias derivadas de estos recursos naturales, y finalmente, por qué no soñar, hasta de modelo del turismo nacional con el desafío de beneficiarse de los recursos de la cuenca del río Arque.

Jóvenes capinoteños adquieren cada vez mayores niveles de educación, garantía para el desarrollo provincial

Jóvenes capinoteños adquieren cada vez mayores niveles de educación, garantía para el desarrollo provincial

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Himno a Capinota

Como homenaje al 106 Aniversario de la Provincia de Capinota transcribimos la letra del Himno a Capinota que fue compuesto en 1972 por encargo del entonces Alcalde Municipal, Don Hugo Rocabado Soria. La letra fue encomendada a Juan J. Quezada y la música al conocido músico Don Pacífico Terán. Este himno fue cantado en pocas ocasiones y después fue olvidado. Es tarea de todos recuperar la música y volverlo de uso general. El himno dice :

 HIMNO A CAPINOTA

CORO

Entonemos el himno que brota

Desde el alma de un pueblo sin par

Capinota, el altivo y patriota

Con su lema: Dios, Patria y Hogar.

 

Centinela de la LIBERTAD

Palpitante de amor nuestros pechos

Sean baluartes a los sacros derechos

De justicia, progreso y honor.

 

Con ideales de ACCIÓN Y TRABAJO

Capinota, domina el camino

Desafiando el rigor del destino

Del futuro que le es promisor.

CORO

Mientras haya un latido que aliente

Nuestra vida de pueblo con amor,

Demostremos que en alto llevamos

De Bolivia el augusto pendón.

 

Y a su sombra que inspira civismo,

Con orgullo de pueblo patriota,

Haga credo de fe Capinota,

Por la PAZ, HERMANDAD Y UNIÓN.

 

(11 de septiembre de 1972)

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Adiós a los molinos harineros de la cuenca del Río Arque

Por Antonio Rocabado Q.

“…a los pueblos (indios americanos) llevaban el agua por medio de canales que eran verdaderas obras gigantescas. Componíanse de inmensas losas de piedra, perfectamente ajustadas, sin mezcla alguna, que por medio de compuertas dejaban salir la cantidad suficiente para regar las tierras. Algunos de estos acueductos eran sumamente largos tenían de cuatrocientas a quinientas millas de extensión…”

Pedro Sarmiento de Gamboa (1572)

Consideraciones iniciales. La región andina desde la antigüedad más remota tuvo una vocación agraria. La alta cultura andina significó sobretodo una agricultura plena, sustentada en una base de milenios de experimentación y domesticación de plantas.

En Irpa Irpa han colocado unas calaminas para proteger a los molinos, el resto está en franco deterioro

En Irpa Irpa han colocado unas calaminas para proteger a los molinos, el resto está en franco deterioro

En un medio que exige mucho del hombre, el andino fue capaz de sacar admirable partido de su ambiente hasta dominarlo y lograr un desarrollo muy original. El gran desarrollo alcanzado por la agricultura andina se debía a la extraordinaria afición de los aborígenes por el cultivo de la tierra. Los españoles maravillados por esta afición, observaron que incluso los que tenían oficios artesanales interrumpían sus trabajos para acudir a las sementeras, y llegado el tiempo, se dedicaban por entero al cultivo agrícola.

Habiendo sido los habitantes andinos casi totalmente vegetarianos, y en especial granívoros, su preocupación dominante fue la domesticación de gramíneas, tubérculos, y otras especies nativas, así como su cultivo, mejoramiento, recolección, y almacenamiento. En el transcurso de 20.000 años el andino no sólo fijó las características de plantas como el maíz, papa, quinua y setenta variedades más, sino que dio feliz solución a problemas agrológicos e hidráulicos mediante ingeniosos sistemas de cultivo, fertilización y riego. Por ello, no se puede ignorar que muchas de las acequias y canales en actual servicio en varias regiones de Bolivia sean anteriores a la Conquista.

En este contexto histórico, el admirable sistema de canales y acequias aún en servicio en sitios de agricultura intensiva como la amplia cuenca del río Arque, con una extensión cercana a los 2000 Km2, particularmente en los espacios cultivables de piedemonte, en las afluencias del Sopo Mayu, Sayari Mayu, Jankho Khala, y otras 500 quebradas que concurren en la corriente principal, demuestran el conocimiento práctico del régimen de descarga del río Arque y la mejor forma de utilizar sus aguas. Situación que fue aprovechada prontamente por los conquistadores y encomenderos españoles para fomentar las plantaciones de cereales e instalar una larga serie de molinos harineros hidráulicos, cuya tecnología primigenia se remonta al Asia Menor y fue transmitida a Europa por romanos y mozárabes.

Historia de los molinos harineros de la cuenca del río Arque. Estimamos que los tiempos en que se construyeron los primeros molinos hidráulicos harineros en la cuenca del río Arque fueron anteriores al 06 de marzo de 1553, cuando se registra fehacientemente una reunión de Lorenzo de Aldana con Martín de Almendras en Capinota, a la sazón importante pueblo de su encomienda. Los afanes de Aldana se encaminaban ese entonces a una rebelión general de los encomenderos charqueños para resistir a las disposiciones del virrey La Gasca en sentido de limitar el servicio de los indios.

Ese 1553 Aldana tenía 45 años, y fallecería 15 años después, dejando antes, sin embargo, una expresa constancia en la ciudad de Los Reyes, el 15 de noviembre de 1557, mediante una “Carta de Restitución”, una importante donación para los indios de su encomienda consistente en ovejas, ganado bovino, dos solares con edificios, y el “molino de pan moler de Sicaya”, por el hecho de “no haberles dado doctrina y otras causas”.

De estos datos se infiere que la serie de molinos que se erigieron en el corredor principal de la cuenca del río Arque (de un largo aproximado de 77 Km) fue construida antes del año 1600, y funcionaron por más de 400 años, como son los casos concretos de los molinos de la población homónima Arque, de Sicaya, Irpa Irpa, Capinota, Sarcocucho, y otros entre Colcha y Cona Cona, ubicados en las riberas del río hasta la década del 1970.

La construcción de molinos harineros de rueda hidráulica horizontal en la cuenca del río Arque, constituye un factor de producción de indiscutible importancia y amplia utilización para la subsistencia de habitantes de estas comarcas y de los asientos mineros nacionales. Su tecnología esencial proviene de la antigüedad (Vitrubio, siglo I a. D.), y su difusión en América proviene del medioevo español con ingredientes romanos, visigodos, y árabes.

El uso de la fuerza hidráulica parte siempre de una misma base conceptual extendida extraordinariamente desde el medioevo: la aplicación de una fuerza giratoria sobre el curso del agua a partir de la cual la energía se transmite a las piedras o “muelas” encargadas de moler el cereal. El despiece del más sencillo molino de eje vertical comprende palas en contacto con el agua, las muelas de piedra donde propiamente se hace la molienda, las piezas de engarce, y la “tramoya” o tolva que es la caja en la que se deposita el grano para caer en la muela.

La fotografía de la parte posterior de los molinos de Irpa Irpa muestra su absoluto abandono y descuido

La fotografía de la parte posterior de los molinos de Irpa Irpa muestra su absoluto abandono y descuido

Una complicada descripción de las partes de los molinos hidráulicos, que cuenta con una vasta terminología árabe/española, podría ser motivo de un nuevo artículo de molinería o molinología, a elaborarse esencialmente con miras de recuperar importantes partes de los molinos, en el intento ideal de conservar en un museo la memoria histórica de la región, o por lo menos, la de Capinota y sus campiñas, conocida desde tiempos remotos como la comarca más importante de la cuenca.

Entorno de la unidad denominada “Molino”. El molino era una unidad de producción con una serie de elementos que completaban la actividad principal. Todos ellos presentan en sus inmediaciones huertos, pequeñas áreas de pasto, corrales para las recuas de mulas, asnos o llamas que cargaban los productos del harineo, etc. Cuando se enajenaban estas unidades se especificaba con frecuencia precisando el molino con su soto, huerto, cespedera, pedrera, y demás complementos.

Aunque los componentes claves de la tecnología hidráulica de la molienda forman unidad, los documentos mencionan muchas veces la existencia de varias “paradas” dispuestas a lo largo de la corriente dentro de un mismo conjunto. Todo ello para elevar la rentabilidad de la fuente de energía, y en el cuidado de que dicho aprovechamiento del agua no lleve también a competencias con la agricultura de regadío, una limitación en el caso capinoteño que generó toda clase de choques y pleitos.

Denuncias sobre el estado actual de los molinos. A modo de conclusión, en esta oportunidad deseamos denunciar la grave situación en que se encuentra nuestro patrimonio hidráulico, principalmente el representado por sus molinos, acequias, canales y otros componentes, que están siendo derruidos sin respetar su valor cultural, histórico y etnográfico, y que representan, sin duda, un bien cultural vinculado a nuestros pueblos, que son fundamentales para la comprensión de lo que fue la vida cotidiana de nuestros antepasados. Esta clase de monumentos han sido declarados como Bienes de Interés Cultural en la mayor parte de las naciones del mundo, y son respetados.

Agradeceremos la difusión de estas ideas, pues entendemos que la cultura es un asunto a defender por parte de todos los que formamos la sociedad actual. Nuestros ríos están siendo castigados en los últimos tiempos por el caótico desarrollo urbanístico e industrial de las ciudades y la degradación generalizada de los espacios rurales.

El desconocimiento es el peor enemigo que tenemos. Necesitamos inventariar y catalogar nuestros ríos a efectos de conocer y proteger el patrimonio edificado y natural. Debemos conocer el valor de cada una de las construcciones para asignarles algún tipo de protección. Imaginarnos un retroceso a los siglos pasados, cuando aún existía una mayor armonía entre el hombre y los territorios fluviales, acequias, canales y… los molinos, que ya estaban integrados en esos paisajes. Todo un idílico paisaje en un entorno equilibrado.

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Historia de los molinos de Capinota e Irpa Irpa

Por Nelson Paz Claure

Continúa el deterioro de los molinos de Capinota e Irpa Irpa, pese a su valor histórico

Continúa el deterioro de los molinos de Capinota e Irpa Irpa, pese a su valor histórico

Terminada la guerra de la independencia, Bolivia queda libre del yugo español un 6 de agosto de 1825; la gran tarea de reconstruir la Patria comenzó en los cortos periodos de gobierno del Libertador Bolívar y del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, este último comprobó que las mejores tierras y haciendas estaban en poder de la Iglesia y otras en poder del Estado.

Luego de pequeños interinatos el tercer gobierno llega a ser el del Mariscal de Zepita, don Andrés de Santa Cruz y Calahumana, hombre dotado de grandes virtudes e inteligencia a toda prueba. Apagados los fulgores de las batallas había que comenzar a vivir, edificar la casa, con arquitectura hecha con la ley de Santa Cruz, nacido de madre india y de padre criollo, simbiosis de futuro y de guerrero, gobernante y legislador, fue el quien dio las primeras leyes, que tuvieron vigencia por más de un siglo.

Como Vicepresidente de la República, le acompañaba su leal camarada el General José Miguel de Velasco, quien por haber intervenido en las batallas de Junín y Ayacucho, tenía derecho a percibir una indemnización de guerra: “En premio de lo que le cupo en el millón de pesos decretado por la Asamblea General de Bolivia, a favor del Ejército vencedor de Junín y Ayacucho”. Conforme reza en el acta de adjudicación de los molinos y tierras de Cucuni, Camarani, Cuchu Punata y Saracosi. Es así que cumplidas las diligencias de mensura, inventarios, avalúos y constatación de que se trata de los terrenos vacantes pertenecientes al Estado, el gobierno del Mariscal de Santa Cruz decide adjudicar el fundo en 17.531 pesos, valor de su tasación practicada el 29 de diciembre de 1828 por el perito Francisco María Robles, en favor del Excmo. Señor Vicepresidente de la República General José Miguel de Velasco, no obstante de que este valor era inferior a la deuda que el Estado reconocía en favor del héroe, quien toma posesión de la finca por medio de su apoderado el Dr. Miguel Salguero y Claure, expresada su conformidad y declarando saldada su cuenta en su memorial de 27 de julio de 1829, corrientes a fojas 12 del expediente relativo.

Cabe recalcar que la propiedad comprendía también Taracollo serranía próxima a Orcoma, Yuruni, Perigallo, Paicori, Saracosi o Jaracosi.

Antes de instalarse en la hacienda el General vivió un corto tiempo en Capinota en la calle de la Iglesia, la tercera casa contando de la plaza 15 de Agosto, hasta que se habilite la casa hacienda que estaba frente a los molinos de cuatro paradas (un edificio con cuatro molinos), y comenzó la explotación de las fértiles tierras de lo que hoy se conoce como Irpa Irpa, hasta el advenimiento de su muerte en su tierra natal de Santa Cruz de la Sierra, el 13 de octubre de 1859. Fue Presidente de la República en cuatro oportunidades. Posteriormente, la familia Velasco a través de sus legítimos herederos continuó explotando los molinos y tierras de Cucuni, sufriendo el original fundo divisiones y subdivisiones como consecuencia de sucesiones hereditarias; algunos miembros de esta familia sentaron raíces en Capinota como la señora Elena Velasco de Wichthendall Velasco, que poseían la propiedad de Apillapampa.

Los famosos molinos de Cucuni que son parte de la historia de Capinota y lógicamente de Irpa Irpa, están emplazados en un lugar estratégico del Valle Bajo, tuvieron influencia en la economía de la región y no es exagerado afirmar que en aquella época lo era todo para el poblador de la zona, pues de la transformación del grano en harina se tenía para negociar el sustento de la familia, en la elaboración del pan de cada día, para hacer el muck’u, huiñapu, khako para la chicha.

Un siglo después de la adjudicación de la hacienda Cucuni y de los molinos por el general Velasco,  en 1928, hallándose esta propiedad en trance de remate por insolvencia de su propietario señor Alfredo Suárez, que debía al Banco Hipotecario de la ciudad de Cochabamba, aparece el ciudadano Don Vitaliano Ledesma Guzmán, coronel del Ejército boliviano nacido en Irpa Irpa, este coronel acababa de conseguir su jubilación después de una brillante carrera como agregado militar en las embajadas de Brasil, España, Francia, Alemania, declarado benemérito de la guerra del Acre y del Chaco, pese a estar en muchos lugares del mundo prefirió volver a su tierra natal e invertir sus ahorros de toda su vida en la adjudicación de los molinos y terrenos pertenecientes a esta hacienda.

El Coronel Ledezma pese a estar jubilado volvió a la campaña del Chaco, donde a su retorno trae consigo 50 presos paraguayos (patapilas) contingente este que trabaja en la hacienda, fungiendo de herreros, albañiles, carpinteros, etcétera, mismos que transformaron la hacienda en una de las mejores de la cuenca del río Arque.

Cuando llegaban las lluvias paraban los molinos para su mantenimiento y era esta época que aparecían los “llameros” que eran campesinos del altiplano que traían productos propios de la puna, para el trueque con productos del valle, estos incluso llegaban hasta el Valle Alto, las 500 o más llamas cargaban sal, pito cañahua, chuño, charque de llama, etc. Y cambiaban con maíz especialmente hacían etapa en Capinota e Irpa Irpa, hacían harinar en los molinos del lugar lo del trueque y retornaban al altiplano, estas llamas nunca salían del río pese al invierno que era la época que aparecían los llameros en las calles del pueblo para ofrecer sus productos; lamentablemente, el progreso dejó atrás la importancia de los molinos que ahora están en ruinas y las autoridades poco o nada hacen para restaurarlos y que podrían ser un atractivo turístico y seguirían trayendo dinero a sus pobladores.

Anotamos, finalmente, que la construcción de los molinos de Sicaya, Palermo, Irpa Irpa y Capinota se hizo por orden del capitán Lorenzo de Aldana, dueño del repartimiento de Paria, al que pertenecían Capinota y las poblaciones antes nombradas.

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Artículo de Humberto Guzmán sobre Capinota

El conocido intelectual Humberto Guzmán Arce, solía visitar Capinota en sus años de juventud, según su propio relato, que lo transcribimos más abajo. El Diccionario Cultural Boliviano, dice que Humberto Guzmán Arce nació en Cochabamba, en 1907, y falleció en 1994.  Era Abogado, político, periodista, narrador y novelista. Fue declarado ‘Maestro de la juventud’ en 1954, fue Fundador y director de la Sociedad de Escritores y Artistas de Bolivia (1938-1955), además de Miembro de la Academia Boliviana de la Lengua.

Porfirio Díaz Machicao escribió sobre él lo siguiente: “Prosa depurada y bella. Ha revelado con emoción la vida selvática y cuando pone el toque descriptivo en el valle, su tierra, es maestro”.

Sobre Capinota escribió el siguiente artículo, que estimamos fue escrito en la década de los treinta. Nos da una idea cabal sobre la geografía y algo del movimento inelectual del pueblo en esa época.

 

CAPINOTA A TRAVÉS DE LOS RECUERDOS DE MI JUVENTUD Y

DE MI INFANCIA

Por Humberto Guzmán Arce

El año 1914 se iniciaba la construcción de la ferrovía de Oruro a Cochabamba, cuando la comunicación entre ambas ciudades se mantenía con los servicios de los destartalados vehículos llamados “diligencias” que circulaban por la angosta carretera que pretendía vencer las ríspidas serranías de Arque, Tapacarí y Changolla para aproximarse a la altipampa de Oruro.

Si bien los pasajeros de los viejos rodados que arrastraban las cuadrigas de mulas, se sobreponían a la desazón y a las incomodidades del viaje, ante el ilusorio afán de salir al extranjero o por lo menos visitar el centro político de La Paz, en cambio aquellos otros pasajeros que hacían el viaje de retorno a sus lares cochabambinos, consideraban que el calvario al que fueron sometidos tocaba a su fin al llegar a Capinota, cuya plácida campiña era llamada por algunos poetas “alivio de caminantes”, porque los fatigosos peregrinos podían hallar en ella sosiego y hospedaje, disfrutando de los afamados vinos de la bodega de la “Viña Vieja”.

El interés de los escritores del país, que venían a residir temporalmente en el rincón más plácido de los valles cochabambinos, procedía de la mágica atracción de la naturaleza del tríptico paisajista de Capinota, Playa Ancha y Buen Retiro, que ejercía su influencia telúrica y estética sobre el estado de ánimo de aquellos hombres...

El interés de los escritores que venían al rincón más plácido de los valles cochabambinos, procedía de la mágica atracción del tríptico paisajista de Capinota, Playa Ancha y Buen Retiro, que ejercía su influencia telúrica y estética en su estado de ánimo…

Después de dos décadas volví a Capinota, cuando el tránsito ferroviario había cobrado inusitada actividad con el transporte de la producción agrícola de Cochabamba hacia los centros mineros y hacia el mercado de consumo de la sede de gobierno nacional. Encontré en Capinota las amplias instalaciones de la estación principal de Buen Retiro que aceleraba el tráfico en toda la extensión de la línea ferroviaria a Oruro, y hallé también la organización de la industria vitivinícola que había reunido a varios técnicos de la comunidad italiana, que vinieron a establecerse en la amena campiña de Capinota, cuyo clima de tibieza sin letargo y cuyo panorama luminoso de vides y cultivos, había cobrado merecida fama para atraer a los poetas y escritores de La Paz y Oruro, que venían a disfrutar temporalmente de la amena placidez de aquel rincón del valle cochabambino.

Este fue el motivo que me indujo a renovar mis viajes a Capinota, para frecuentar mi relación con don Juan Francisco Bedregal y su hija Yolanda, con José Eduardo Guerra y Josermo Murillo Vacareza, y tantos otros escritores que se congregaban en aquella campiña durante el periodo de sus vacaciones anuales.

Y al hacer una afectuosa referencia a estas figuras representativas de las letras bolivianas, no podré olvidar a mi dilecto amigo y fraternal compañero de aulas don Víctor Urquieta Frontanilla, con quien estudié el curso de humanidades en el Colegio Bolívar de mi ciudad natal. Dotado de una capacidad crítica afinada para seleccionar las mejores obras de nuestras letras, Víctor solía acudir solícitamente a mi residencia para proponerme temas de prolongada conversación que solían concluir en el intercambio de los libros de Jaime Mendoza, Alcides Arguedas, Armando Chirveches y otros autores que estaban en boga en aquella época, por haber renovado la corriente romántica con el predominio de la tendencia realista que enriqueció la narrativa boliviana.

Con el correr de los años vengo a comprender que la inquietud intelectual de Urquieta, a la par que el interés de los escritores del país, que venían a residir temporalmente en el rincón más plácido de los valles cochabambinos, procedía de la mágica atracción de la naturaleza del tríptico paisajista de Capinota, Playa Ancha y Buen Retiro, que ejercía su influencia telúrica y estética sobre el estado de ánimo de aquellos hombres que supieron aprovechar los momentos de lucidez interior para seguir ensanchando con ahínco el patrimonio de su cultura.

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“Opinión” pide disculpas frente a aclaración sobre la historia de Capinota

El diario “Opinión”,  que el 14 de septiembre denominó a Capinota “tierra los locos”, tuvo que pedir disculpas por su desacierto histórico. Claro que lo hizo en una “Nota de Redacción” de letra muy menuda en el suplemento que dedicó a Capinota en su aniversario y  a raíz de este acontecimiento (29/09/12). En la página 3, en seguida del artículo de Antonio Rocabado Q., quien lo envió precisamente con el fin de aclarar el entuerto, el periódico escribió textualmente lo siguiente: “Con estas precisiones históricas queda claro que en Capinota no se construyó ningún psiquiátrico, como se mencionó en este diario en un suplemento del 14 de septiembre pasado, tampoco se conoció apelativo alguno respecto a sus pobladores. De este modo pedimos las disculpas del caso”.

Como el artículo mencionado fue decapitado en gran medida para introducir esta disculpa, consideramos oportuno transcribirlo íntegramente, junto con la carta que lo acompañaba:

 Precisiones históricas sobre la locura de los capinoteños

 Por: Antonio Rocabado Quevedo

“Según crónicas históricas, Capinota tuvo uno de los primeros hospitales de lo que hoy es Bolivia. El nosocomio fue un legado del conquistador español Lorenzo de Aldana quien mediante un testamento realizado en 1568 ordenaba la organización de una obra pía a la que llamó “Comunidades y Hospitales de Paria” a favor de los indígenas originarios de su legendario repartimiento Paria-Capinota en compensación por los abusos, exacciones, y falta de adoctrinamiento religioso.

El capinoteño es laborioso y querendon de su tierra; se reune cada Primero de Octubre para festejarla

La obra pía fundada por Lorenzo de Aldana estaba conformada por dos tipos de fondos: a) el primero, destinado para sostener dos hospitales para los indios de su encomienda; y b) el otro, integrado por un conjunto de bienes denominados “Comunidades de Paria”.

La administración de ambas rentas fue asignada al Provincial de la Orden de San Agustín y al Prior de Challacollo (Oruro) y Capinota (Cochabamba) quienes se constituyeron en patrones de la obra pía desde 1571 (tres años después de la muerte de Aldana) hasta la creación de la República de Bolivia.

Aldana para el mantenimiento de los hospitales había legado 2.000 ovejas de castilla hembras y, además, había dispuesto que dos de sus esclavas, Juanilla y Frasquilla, atendieran al hospital de Capinota. Ambos hospitales (Challacollo y Capinota) fueron declarados herederos universales de su inmensa fortuna y, como tales, debían recibir, después de la muerte de Aldana, el dinero procedente de la venta de todos sus bienes en forma de censo al quitar a razón de 14.000 maravedíes el millar de acuerdo a la Pragmática de su majestad (7%).

El objetivo final de esas rentas era solventar los gastos de los hospitales (camas, medicinas, etc.) y el sobrante distribuirlo entre los indios pobres, enfermos o impedidos de su encomienda conforme al criterio de los frailes. El propósito de los hospitales era la ayuda mutua y caritativa a los indios pobres, enfermos o impedidos del repartimiento, la instrucción religiosa y conversión, pero también, indirectamente, fueron agentes de cambio y transformación cultural.

En términos generales, continuaban con la tradición de los hospitales medievales europeos a cargo no sólo de del cuidado de los enfermos sino también de la protección de los pobres, huérfanos y peregrinos. Para esa época, el concepto de pobreza expresaba carencia o insuficiencia de bienes materiales asociados a situaciones de dependencia y de debilidad. En esta categoría entraban no solo los que no tenían nada, sino también aquellos cuyos bienes no rendían lo suficiente para vivir.

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