Archive for Personajes

Capinoteño asume la Dirección General de la Hoja de Coca e Industrialización (DIGCOIN).

Fuente: Periódico Cambio. Miér, 07/23/2014 – 16:32

Foto: Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras

DSC_0131El Viceministro de Coca y Desarrollo Integral, Gumercindo Pucho, posesionó a Ricardo Alvino Paniagua como nuevo director la Dirección General de la Hoja de Coca e Industrialización (DIGCOIN). En el acto de posesión Paniagua agradeció a las autoridades de Estado por la confianza depositada en su persona, manifestando que trabajará de forma coordinada con las instancias competentes del Ministerio a través del Viceministerio de Coca y Desarrollo Integral, mejorando la gestión en comercialización e industrialización de la hoja de coca.

Ricardo Albino Paniagua Orellana nació el 1 de mayo de 1959 en Capinota, de profesión agricultor. Entre otros cargos fue Secretario de Relaciones de la Federación de Comunidades Interculturales de Chimoré, secretario local del Mercado de Comercialización de la Hoja Coca de Sacaba, consultor Social de Proyecto ArBolivia; Técnico II de Justicia Comunitaria en el Ministerio de Justicia, Jefe de la Unidad de Producción del Ministerio de Desarrollo Rural y Medio Ambiente, además de Presidente de Consejo del Gobierno Municipal de Chimoré en el departamento de Cochabamba.

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Capinoteño relata su paso por el correo nacional

Mario Rosales

Mario Rosales Rocabado muestra el libro en el que sintetiza su historia personal ligada a los correos de Bolivia

Un día salió del pueblo con su humilde valija, consistente en un bolso deportivo en el que no olvidó poner sus cachos de futbolista. Estaba decidido a triunfar o morir en el intento. Al poco tiempo comenzó a trabajar como cartero en Cochabamba y llegó a ser el Director General de los Correos de Bolivia. En ese momento cumplió sus sueños y la promesa que hizo a su madre al dejar Capinota.

No fue fácil la vida para Mario Rosales Rocabado, quien sólo tenía su inteligencia y una voluntad férrea para avanzar hacia el logro de sus objetivos. Desde el momento en que comenzó a trabajar se enamoró de su trabajo y de la empresa de correos, a la que dedicó los mejores años de su vida y en la que pasó los mejores de ella, según lo comenta él mismo en el libro que publicó contando todos los avatares de su carrera profesional de casi 40 años.

Macucho, como era conocido en su pueblo, no cesó de aportar y subir las escalas de la jerarquía institucional desde el momento en que empezó a trabajar. En esa carrera ocupó casi todos los cargos posibles, fue Interventor de Correos en Uyuni, Inspector Nacional de Correos, Jefe del Departamento de Transportes, Administrador de Correos en Tarija, Administrador de Correos en Santa Cruz, Director Nacional de Capacitación, Administrador Principal de Correos de La Paz, antes de ocupar el cargo máximo de la institución.

Su catapulta más importante fue la creación de los correos expreso Ultima Hora, basados en el servicio de flotas, y que tenían en su inicio más de imaginación y buena voluntad que de base técnica, aunque ya mostraban algunas características de los temas que le preocupaban: la eficiencia y la rapidez. Desde entonces siempre estuvo apuntalando y mejorando los servicios expresos para servir mejor a los usuarios, al tiempo de no doblegar a su institución ante el embate de los nuevos correos de origen transnacional como Federal Express, DHL y otros, que golpearon duramente a los tradicionales, inseguros y lentos correos nacionales. En esa marcha no desmayó en el mejoramiento del Correo Expreso y de los EMS (Express Mail Service) que ahora dan la cara de modernidad de nuestros correos nacionales.

Tanto por su experiencia personal como la del conjunto de los trabajadores postales, una de sus mayores preocupaciones fue siempre su capacitación, la del resto de los recursos humanos y la tecnificación de los servicios. De manera personal no perdió oportunidad para capacitarse contínuamente. Se recibió como Técnico Postal de Nivel Medio en Buenos Aires y, desde entonces, siguió formándose en cursos, talleres y seminarios en diferentes países del mundo, principalmente: Brasil, USA, Costa Rica y Paraguay. Lo aprendido fuera del país fue siempre objeto de réplica para el resto de los trabajadores con los que tenía relación de trabajo.

Comprendió en su momento que para tener un buen servicio postal era imprescindible seguir patrones y normas internacionales, por lo que no vaciló en estrechar vínculos y conseguir apoyo de los organismos internacionales que dan las pautas a los servicios de correos, principalmente la UPU (Unión Postale Universal) y la UPAE (Unión Postal de las Américas y España) con las que estuvo estrechamente relacionado durante toda su carrera. Por lo mismo, no fue un correista centrado únicamente en la fluidez del servicio interno, sino que buscó internacionalizar los servicios postales, lo que lo llevó a mantener estrechas relaciones con correos de otros países, con cuyos directivos mantenía una comunicación permanente.

En agosto de 1989 fue posesionado como Director General de Correos y, entonces, pudo culminar algunas de las actividades que lo tenían en vigilia. Siempre luchó por dar mayor autonomía al correo y dar mayor descentralización a los servicios locales. El 9 de octubre de 1990 y con la presencia del Presidente de la República, Jaime Paz Zamora, se dio la creación de la Empresa de Correos de Bolivia (ECOBOL) como Empresa Pública de Administración Descentralizada, con personalidad jurídica propia, de la cual fue su Director Fundador.

Desde ese puesto de expectativa, Macucho continuó con las tareas que siempre lo inquietaron: más eficiencia y más seguridad para los correos. Resultan anecdóticos los múltiples casos de lucha anticorrupción en los que estuvo comprometido, poniendo en riesgo su propia seguridad personal. Siguió, también, dotando de mayor comodidad e infraestructura a las oficinas de correos. Estrenó edificios en Sucre, Tarija y Villamontes y, el 20 de julio de 1992, hizo la entrega de la Casa de Correos de su pueblo natal, Capinota.

Hasta ese entonces y, para los que tienen memoria, los correos capinoteños funcionaban en la casa de la familia Castro. Fue Don David Castro el encargado del correo local por decenios, hasta el día de su muerte. Posteriormente los servicios fueron flaqueando hasta prácticamente desaparecer. La Casa de Correos fue un estímulo, pero no lo suficiente para mantener el servicio en la Provincia; pero ese es tema de otro artículo.

En su libro, Mario Rosales nos entrega su propia historia ligada a la historia de los correos de Bolivia. Está escrita en un estilo simple y coloquial, con muchas fotos que ilustran de manera muy gráfica lo que han sido los correos bolivianos en los últimos 40 años. El libro lleva el nombre de “Mi paso por el correo de Bolivia”, impreso en la Planta Gráfica de la Editorial Serrano, 2010, Cochabamba, Bolivia.

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Sacerdote capinoteño lleva mensaje de esperanza entre futbol y rancheras

Extraído de La Razón / Erick Ortega / 15 de septiembre de 2013

Sacerdote capinoteño

Hector Ledezma, probablemente es el único sacerdote capinoteño. Lleva su mensaje de amor con humildad y alegría.

Mi padre estaba internado en el Hospital Obrero de La Paz: piso quinto, sala tres, tercera cama a mano izquierda. Adolorido y aburrido, pocas cosas lo ponían de buen humor. Una noche, después de la salida de los parientes, cuando sólo se oía el caminar de los enfermeros y algunos lamentos lejanos, entonces… apareció él. Héctor, un hombre de cabellos blancos que le ganan la lucha a la calvicie, ojos grandes iguales a los de cualquier santo de iglesia, manos grandes de campesino, fornido, de voz imponente y con toda la pinta de ser un hombre bueno.

Entró a la pieza donde estaban mi padre y siete enfermos más. Su presencia causó incomodidad entre quienes querían empezar a dormir y aquellos que lidiaban con sus sufrimientos en silencio. Cuando habló, todo cambió. Eran aproximadamente las 22.00 y se puso en medio de la sala. Abrió las manos y preguntó a su audiencia si le gustaba el fútbol. Todos, venciendo los dolores de su cuerpo y atraídos por el tema, levantaron la mano. Luego les consultó de qué equipo eran. La mayoría resultó del Bolívar y Héctor sacó pecho porque su chamarra azul marino tenía el escudo del club académico. Les preguntó las alineaciones del equipo en el 66, de la escuadra del 91 y los pacientes intentaban responder pero casi nunca acertaban. Él se sabía de memoria cómo estaban conformados los cuadros.

Los internos hinchas de The Strongest le gastaron bromas y le mostraron tres dedos recordándole que el único tricampeón en Bolivia es el equipo gualdinegro. Entonces rememoró todo lo que el Bolívar ha ganado desde su creación. Bromas y ataques de un bando a otro hicieron que el hecho de estar en un hospital pasara a segundo plano. Cuenta mi padre que parecía que estaban en un café o en una tribuna del estadio antes del inicio de un clásico paceño.

Antes de irse, el extraño y carismático visitante se presentó formalmente. “Soy el sacerdote Héctor Ledezma”. Habló con esa voz dura que conocí días después. Los stronguistas se sonrojaron porque habían debatido con el representante de Dios en el Hospital Obrero y los del Bolívar festejaron la revelación. Se sacó la chamarra y entonces dejó ver el alzacuello blanco debajo de la manzana de Adán. Rezaron. El sacerdote se acercó a cada cama y estrechó la mano a los pacientes. Después dio una bendición desde la puerta y prometió que volvería. Cumplió su palabra.

Yo lo encontré a media mañana de un día de agosto en la capilla del sanatorio. Me contó, con algo de vergüenza, que no se acordaba de mi padre. Le dije que estaba bien y que él me dio la idea de entrevistarlo. Se alegró por él y me llevó a su oficina.

No estaba vestido con aquella mítica chamarra con el escudo del Bolívar, pero cuando empezamos a hablar hizo el mismo gesto de Clark Kent cuando se convierte en Superman y se sacó la chompa: debajo tenía la polera de la Academia. Empezó a contarme su vida. “De niño, en la escuela, los chicos veíamos cómo jugaban los grandes y nos peleábamos por devolverles la pelota cuando la sacaban de la cancha. Todos hablaban de fútbol en Capinota. Unos eran de Universitario, otros del Chaco Petrolero, había gente de Strongest y Bolívar, pero a mí me gustaba el color celeste. El equipo de mi pueblo se llamaba Primero de Octubre y tenía la polera de ese color”.

De joven quiso ser futbolista pero su inclinación católica pudo más. Se hizo sacerdote pisando los 30 años y ahora tiene 59. Sus amores son, demás está decirlo, el club Bolívar y Dios. Recuerda que en 1985 Bolívar disputaba el campeonato con Real Santa Cruz en Cochabamba. Viajó en flota para ver al cuadro de sus amores. “Mi sobrino llevó un crucifijo y me dijo: ‘Recemos’. El Negro Néstor Raúl Orellana (Real Santa Cruz) sacó el balón afuera, el Perro Ramiro Vargas hizo el gol (para Bolívar) y Guillermo Peña (Real Santa Cruz) pateó junto al palo. Saltamos de alegría”.

En estos tiempos en los que el papa Francisco, hincha de San Lorenzo de Almagro, manda en el Vaticano, Héctor celebra que la Iglesia deje atrás la imagen clásica del cura alejado de la sociedad y de sus pasiones.

Su cariño por el club celeste llegó a oídos de los dirigentes. Por eso, Lothar Kerscher le regaló esa chamarra estampada que él no suele quitarse cuando va a sus rondas hospitalarias. Además, era amigo del anterior director técnico de Bolívar (Ángel Guillermo Hoyos) y tenía un sitio entre los jugadores suplentes para dar suerte divina al equipo antes de los partidos. El capitán Walter Flores le regaló una camiseta autografiada por todos los jugadores y esa prenda es una de sus reliquias.

“Dios es algo muy importante en mi vida”, cuenta, y besa la estola. No hay duda de que su fanatismo se ha metido en el espacio celestial. Cuando bautiza a un niño, pide a los padres que lo hagan bolivarista. Algunos sonríen por la ocurrencia y otros le dan una negativa rotunda. Los feligreses, agradecidos con los favores del sacerdote, le preguntan cómo pueden demostrarle su cariño y él les responde que con una mantita para la virgen. Eso sí, preferentemente, una bolivarista. “Después de todo, el cielo es celeste porque Dios no suelta la bandera”, bromea.

Otra de sus pasiones es el canto, aunque, como él comenta, nadie le creería. En su recorrido también incluye los pabellones de las mujeres y empieza a cantar El rey, Cielito lindo, México lindo y querido, Las mañanitas… Su repertorio es amplio, casi como las sonrisas que les saca a las pacientes. No faltan aquellas valientes que se animan a entonar junto a él, y por momentos el hospital deja de ser un lugar donde hay sufrimiento para convertirse en un karaoke con sonrisas y suspiros. “Es mi forma de llegar a la gente: hablándoles de fútbol y de música”.

Popularidad en los pasillos es lo que le sobra. Mientras caminamos le hablan los doctores y los familiares de los enfermos. Hace bromas a los stronguistas, palmea en el hombro a los bolivaristas. Reparte besos cariñosos en las mejillas a las mujeres que se le acercan.

Su fama ha trascendido las fronteras del Hospital Obrero y también hace rondas en el Materno Infantil. Escoge los sitios al azar y entra sin tocar la puerta, porque médicos y enfermeros saben de su ocupación.

En las tardes, a las 16.00, ofrece misa en el templo de San Agustín, al lado de la Alcaldía paceña. Siempre que puede da un guiño futbolero o musical a sus sermones y ya tiene sus seguidores.

“Por favor, en su nota ponga que, cuando murió Mario Mercado (presidente de Bolívar en los 80), me sentí muy mal, como si hubiera perdido a un familiar”, me pide Héctor. No hay problema, total, yo también soy periodista, bolivarista y amante de la música ranchera.

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Falleció Doña Elvira Gonzales Vda. de Hermosa madre de Los Kjarkas

POR: HUGO PEREDO V. TEXTO | 08/10/2013, PERIODICO OPINION

La mañana de ayer, a la 9:30 horas, dejó de existir la señora Elvira Gonzales Vda. de Hermosa madre de los fundadores de Los Kjarkas. Quienes la conocieron guardan la imagen de una persona apacible y silenciosa cuya presencia inspiraba serenidad y sosiego.

Elvira Gonzales Espinoza, nació en Acacio, norte de Potosí, el 30 de marzo de 1913. Su infancia pasó en Cochabamba estudiando en la Escuela San Alberto y posteriormente en el Liceo Adela Zamudio donde fue alumna de la insigne poetisa cochabambina. Al retornar a su natal Acacio, ejerció durante algunos años la docencia en la escuela rural de esa población.

Contrajo matrimonio con Florencio Hermosa Pareja, quien se desempeñaba en el área de sanidad del pueblo. Tras el nacimiento de sus hijos Wilson y Rosa, el matrimonio Hermosa Gonzales, por razones de trabajo, emigró al pueblo de Guaqui en La Paz desde donde finalmente llegaron a Capinota, en Cochabamba, donde se quedaron a vivir junto a sus hijos trabajando tesoneramente para darles estabilidad, inculcando en ellos el respeto al trabajo.

La familia tuvo nueve hijos, dos de ellos fallecieron muy pequeños; después murió Ulises tras unas exitosa carrera como compositor e interprete y Wilson famoso constructor de charangos dejó de existir hace pocos años, los hijos que viven son, Rosa, Luis Castel, Gonzalo, Margarita y Elmer y una generación que se prolonga con más de 20 nietos.

Cuando los hermanos mayores de los Hermosa llegan a la edad de continuar estudios secundarios sus padres deciden que deberán ir a la ciudad y es así que los hermanos mayores se instalaron en una casa de la calle Comuneros y Tahuantinsuyo, en la zona sur de la ciudad de Cochabamba, hasta donde llegaron uno a uno los hermanos, a medida que los estudios de colegio les imponía y esa es la casa donde nace el legendario grupo Los Kjarkas (integrado por los hermanos Wilson, Castel, Gonzalo, Ulises y Elmer Hermosa) y es también el sitio donde se instala el taller que dio vida al ronroco, en los talleres de Wilson.

A la muerte de don Florencio, su hijos llevaron a la señora Elvira a vivir junto con ellos en la ciudad.

Recientemente en ocasión de celebrarse el aniversario de Capinota la Sra. Hermosa recibió el homenaje de la población y del Gobierno Municipal de esta provincia por su valioso aporte a la educación y la cultura.

Con anterioridad, también este año, fue motivo de otros homenajes al cumplir sus 100 años de vida en el mes de marzo y en el Día de la Madre.

En los últimos meses el peso de los años fue minando su salud hasta postrarla en cama donde permaneció lúcida antes de morir.

Sus restos mortales son velados en Chilimarca, en el complejo ecoturístico que lleva su nombre, “Villa Elvira”. Al promediar el mediodía de hoy se oficiará una misa de cuerpo presente y posteriormente será trasladada hasta Capinota donde descansará junto a su esposo en el mausoleo familiar.

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Falleció nuestro “Chuncho” Verduguéz

Por Antonio Rocabado Q.

Fotografía tomada hace nueve años, en la que El Chuncho posa risueño con otros amigos que cotidianamente se reúnen en la Plaza “1º de Octubre”.

Fotografía tomada hace nueve años, en la que El Chuncho posa risueño con otros amigos que cotidianamente se reúnen en la Plaza “1º de Octubre”.

El martes 07 de mayo de 2013, precisamente al día siguiente de cumplir 88 años de edad, en la ciudad de Oruro donde al fin tuvo que permanecer obligado por las circunstancias de su delicado estado de salud, falleció el Dr. José Verduguéz Villarroel, un connotado capinoteño de cepa que llegó a ocupar el cargo de Prefecto del Departamento de Oruro. Allí mismo, en Oruro, transcurrió la mayor parte de su vida profesional como abogado.

Asimismo, José Verduguéz V., “el chuncho”, será siempre recordado por otra de sus facetas personalísimas: su esplendoroso aporte al deporte nacional como basquetbolista. Junto a sus hermanos fue protagonista de varios momentos de oro con la casaca de la selección de Bolivia, en celebradas contiendas de básquet  tanto en el interior como en el exterior del país.

Sin embargo, a José lo que más le llenaba de orgullo era mostrar las diversas crónicas deportivas en su honor, sus recortes de prensa cuidadosamente archivados, y muy especialmente, el relato de su desempeño en una memorable jornada de jugadores nacionales enfrentando a los otrora mundialmente famosos basquetbolistas “Harlem Globe Trotters”. En esa oportunidad, a contrapunto del guión preestablecido de dejarse hacer payasadas por estos norteamericanos disfrazados de cholas, terminó haciéndoles varias truculencias y fintas propias de su estilo, que arrancaron mayores aplausos del público que los mismos nuevayorkinos, abandonando finalmente la cancha en hombros de sus admiradores.

Un recordatorio de algunos aspectos notables de su personalidad fue preparado en el blog www.capinota.wordpress.com el pasado año. No obstante, en estos tristes momentos de congoja por el amigo, deseo hacer otras remembranzas y un retrato del personaje con el que tuve el privilegio de disfrutar momentos de solaz inolvidables, tanto en Oruro como en el terruño natal.

Verlo alargado en su lecho de muerte, el pecho sosteniendo sus manos cruzadas, ha debido ser intolerable, porque yo no podría imaginar estático su cuerpo grandulón más que siempre inquieto; lo veré levantarse de pronto de la mesa donde se departía entre amigos con frías cervezas, para posteriormente, siempre regresar con bromas aún en las noches más frías de invierno, y en pleno fragor de la fiesta, ponerse a danzar a nuestro alrededor levantando polvo, con un cántico folclórico quechua entonado por él mismo.

Una de las últimas fotos del Chuncho, tomada en noviembre 2012 frente a su casa en la plaza de Capinota

Una de las últimas fotos del Chuncho, tomada en noviembre 2012 frente a su casa en la plaza de Capinota

Nunca olvidaremos las veladas en que nos contaba historias fantásticas de su invención, recordando sus andanzas y anécdotas frutos de su deslumbrante imaginación socarrona.

En 1985, empezó en Oruro una amistad que bastante tiempo tardé en creer. Por una parte, José imponía por su presencia física, su corpachón atlético, y su especie de boconería fanfarrona; por otra, como amigo que fue de mi padre yo aparecía con una edad como de su hijo. Sin embargo, me fui convenciendo de la verdadera amistad con las invitaciones a tertulias en su domicilio, en su bufete, departiendo bravatas con amigos comunes. Poco a poco nos dimos cuenta de que seguíamos derroteros semejantes hasta en la política nacional imperante en esas épocas.

José era un hombre amante de la vida, por un buen tiempo disfrutó también de la buena bebida y de la belleza de las mujeres. Tímido, y a veces poco discreto, cuando se rompía el hielo y empezaba a divagar era el amigo más cariñoso. Con sus charlas que se convertían en relatos ilusionantes estaba muy lejos del pesimismo imperante de los tiempos que corren. Absolutamente no era un ser mezquino ni un tacaño.

En los últimos años, su vida quedó marcada definitivamente por el súbito deceso de su hija Sandra, y desde entonces repetía sin cesar que el dolor de perder a un hijo no acaba nunca.

En fin, todos los hombres son mortales. Hay que aceptar la muerte de nuestro “Chuncho” como la que puede sobrevenir en cualquier momento a cualquiera de nosotros. Para los que lo conocieron entrañablemente, no queda sino derramar lágrimas en la añoranza, como también, depositar ramos de flores en su tumba.

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Sucedió hace medio siglo: contrucción de la Alcaldía Municipal

El 02 de octubre de 1963 se publicaba en el diario cochabambino “Prensa Libre” una crónica cuyo autor fue el profesor normalista Sr. Rodolfo Montaño Valderrama. El escrito revela la situación de la vida municipal capinoteña de esos tiempos, los emprendimientos, y la pujanza de su gente a mediados del siglo pasado. La puntillosa transcripción del documento reza así:

1961: El Alcalde Municipal, Hugo Rocabado Soria, posa junto a sus colaboradores, Carlos Badani, Oficial Mayor Administrativo, y Silverio Pacheco, Intendente, en la entrada de la antigua Casa Municipal

EL LV ANIVERSARIO DE CAPINOTA 

La creación de la Provincia de Capinota separándose de la de Arque, el próximo 1º de octubre, cumple cincuenta y cinco años de vida autónoma, esto es, a partir del año 1908.  

Durante los 55 años de vida se ha mantenido un estado de estancamiento en su progreso moral y material. Si bien, las primeras juntas municipales encabezadas por elementos del Partido Liberal, dieron algún impulso a sus instituciones y organismos comunales, en cambio, la caída del régimen Liberal en 1920 trajo toda la secuela de desaciertos del republicanismo imperante, sucediéndose los personajes de la comedia electoralista, cargados de ambiciones y de sed de figuración, sin concepto alguno de responsabilidad ante el porvenir. 

En 1895, pasan 68 años, se había construido la Casa Municipal, con el nombre de Honorable Junta Municipal, de arquitectura arcaica y sin comodidad alguna para el funcionamiento de oficinas como las que requiere la edificación moderna de acuerdo a planos técnicos que respondan a todas las necesidades de comodidad, confort, elegancia, cultural y aun de fines económicos. 

El edificio de 1895 ha sido completamente demolido y se ha levantado un verdadero Palacio Consistorial, que puede parangonarse con las mejores construcciones y rivalizar con las más elegantes y lujosas con que el país pudiera contar; pero en concepto de personas que han visitado y conocen casi todo el país, no hay en la actualidad una Alcaldía Municipal, que pudiera igualarse a la de Capinota.

1962: Hugo Rocabado Soria, Alcalde Municipal, se apoya en los cimientos del antiguo edificio municipal teniendo, por detrás, la nueva edificación en proceso de construcción

Cuenta el establecimiento comunal con un Salón de Honor, pintado al rojo; en el muro del fondo, un Escudo Nacional, pintado al óleo y a ambos lados serán colocados los cuadros de los Libertadores pintados en tamaño natural. La planta alta tiene las siguientes oficinas: Alcaldía, Oficialía Mayor, Tesorería, un Hall y Biblioteca. La planta baja, en su mayor parte ocupa el Cine Teatro, amplio y con magnífica decoración, cuyo arte causa verdadera admiración al visitante y al habitante del lugar. Este cine constituye una verdadera reliquia y será una fuente de ingresos saneados. Además completan tres oficinas con destino a la administración comunal. 

Los contratistas están pasando la última mano de pintura, armando el mobiliario y poniendo los últimos retoques, para su entrega oficial el día 5 de octubre, fecha a la que han sido postergados los festejos del LV aniversario de la creación de Capinota. 

Se asegura que autoridades nacionales y departamentales se harán presentes para solemnizar tan trascendental acontecimiento, en que se pondrá de relieve, el espíritu de trabajo y la gran empresa, con que está coronando sus esfuerzos el Alcalde señor Hugo Rocabado Soria, a quien se le hará entrega de una preciosa Medalla de Oro, como justo reconocimiento a su labor progresista.”

Hugo Rocabado Soria junto al equipo de albañiles encargados de la construcción del Edificio Municipal, a la cabeza del Maestro Modesto Valverde, secundado por el popular P'achi Terceros

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Chuncho Verduguez, gloria del basquetbol nacional

En la foto José y René Verduguez gozando del clima capinoteño y recibiendo el cariño de sus paisanos

Decir Chuncho Verduguez es hablar del buen básquet. Sin embargo, Chuncho Verduguez no es un solo personaje, sino varios, hermanos todos dedicados al basquetbol desde su temprana juventud. Los Chunchos dieron gloria al básquet nacional y enorgullecieron por años a Capinota, su pueblo, con el que siempre estuvieron ligados.

El fundador de la saga de los Chunchos fue Eliodoro, el mayor de ellos, médico, buen jugador y participante en varios seleccionados y equipos. Brilló en la primera línea del Macabi y el Always Ready. Como dice José: Eliodoro fue nuestro maestro, el que nos inculcó el amor al básquet y el que nos enseñó a jugar, desde muy chicos.

Posteriormente vinieron los años de gloria. Salieron de canchas orureñas, donde el legendario The Strongest, múltiple campeón departamental, fue su cuna; allí alternaron con los mejores jugadores de su época.

José  y René Verduguez, representaron  a Oruro en múltiples ocasiones, que fueron las más gloriosas para la historia de ese deporte en las tierras de Sebastián Pagador.  Entre sus mayores títulos figura el recordado campeonato nacional de 1955, realizado en Oruro, y donde salieron invictos.  En el equipo celeste alinearon junto con jugadores de la talla de  Luis Arellano, Eduardo Guzmán, Raúl Bustillos, José Liendo, Roberto Balderrama, Alberto Loayza, Manuel Barrón y Humberto Cáceres, bajo la Dirección Técnica de José Alandia.

En 1960, en la ciudad del valle, Oruro reeditó su victoria obteniendo el título de Campeón Nacional, en unas finales de infarto frente a La Paz y Cochabamba. En esa ocasión, relata José, éramos tres Verduguez en selecciones diferentes. José en la selección orureña; René venía con la selección paceña y Zaida, la hermana, jugaba en la selección cochabambina. Oruro volvió a salir campeón en 1965, en Colquiri, pero solo el célebre Luis Arellano logró subsistir los tres campeonatos. José ya no figuraba en las listas de su selección. Fueron las épocas de oro del baloncesto orureño.

Evidentemente, René, el menor y el de más larga y exitosa trayectoria en el baloncesto, se había ido a La Paz, donde estuvo ligado al Club Ingavi, el mejor equipo de todos los tiempos; el Ingavi que se nutría de las canteras del Colegio La Salle y que entrenaba bajo las órdenes del Negro Ayllón, paradigma de la historia del baloncesto nacional. René estuvo ligado al Ingavi hasta el final de su trayectoria. Fue su último entrenador, el último en tratar de salvar al gran campeón, que descendió después de ganar quince campeonatos departamentales  y múltiples campeonatos nacionales ínter clubes.

En el Ingavi alternó con los más grandes jugadores que dieron lumbre y presencia al básquet nacional. Jugó junto a Rodolfo Aliaga, Enrique Rodríguez, Guido Meruvia, Gustavo de Rada, Enrique Pozo, Edgar Pozo, Mario Orrico, Javier Núñez del Prado, Carlos   Ascarrunz y otros. En ese tiempo la historia del básquet se escribía en el Ingavi. Casi todos sus jugadores, incluyendo al Chuncho Verduguez, fueron parte de seleccionados nacionales y representaron al país en diferentes oportunidades.

En su obra “Hechos y protagonistas del deporte boliviano”, el reconocido periodista deportivo, Tito de la Viña, enlista a los más destacados deportistas bolivianos en sus diferentes ramas. En basquetbol hace una mención especial de René, junto con el ‘Loro’ Rodríguez, Mario Orrico, y Marina Azcárraga, prestigio del básquet femenino.

En la actualidad los Chunchos gozan de un merecido retiro. José disfruta de su  vida longeva en su pueblo, recibiendo periódicamente las visitas de su hermano René, con el que recuerdan sus glorias, atadas a su dominio del balón y el cesto. Recuerdan pasajes interesantes y exclusivos, como cuando jugaron contra los Globetrotters y se permitieron hacerles algunas piruetas a los histriónicos jugadores de Harlem. Los amigos escuchamos atentos sus narraciones, sabiendo que no todos podemos contar nuestras hazañas con tanta solvencia y beneplácito por lo bien hecho y actuado.

¡Salud y larga vida a estos campeones!

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