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Capinoteño relata su paso por el correo nacional

Mario Rosales

Mario Rosales Rocabado muestra el libro en el que sintetiza su historia personal ligada a los correos de Bolivia

Un día salió del pueblo con su humilde valija, consistente en un bolso deportivo en el que no olvidó poner sus cachos de futbolista. Estaba decidido a triunfar o morir en el intento. Al poco tiempo comenzó a trabajar como cartero en Cochabamba y llegó a ser el Director General de los Correos de Bolivia. En ese momento cumplió sus sueños y la promesa que hizo a su madre al dejar Capinota.

No fue fácil la vida para Mario Rosales Rocabado, quien sólo tenía su inteligencia y una voluntad férrea para avanzar hacia el logro de sus objetivos. Desde el momento en que comenzó a trabajar se enamoró de su trabajo y de la empresa de correos, a la que dedicó los mejores años de su vida y en la que pasó los mejores de ella, según lo comenta él mismo en el libro que publicó contando todos los avatares de su carrera profesional de casi 40 años.

Macucho, como era conocido en su pueblo, no cesó de aportar y subir las escalas de la jerarquía institucional desde el momento en que empezó a trabajar. En esa carrera ocupó casi todos los cargos posibles, fue Interventor de Correos en Uyuni, Inspector Nacional de Correos, Jefe del Departamento de Transportes, Administrador de Correos en Tarija, Administrador de Correos en Santa Cruz, Director Nacional de Capacitación, Administrador Principal de Correos de La Paz, antes de ocupar el cargo máximo de la institución.

Su catapulta más importante fue la creación de los correos expreso Ultima Hora, basados en el servicio de flotas, y que tenían en su inicio más de imaginación y buena voluntad que de base técnica, aunque ya mostraban algunas características de los temas que le preocupaban: la eficiencia y la rapidez. Desde entonces siempre estuvo apuntalando y mejorando los servicios expresos para servir mejor a los usuarios, al tiempo de no doblegar a su institución ante el embate de los nuevos correos de origen transnacional como Federal Express, DHL y otros, que golpearon duramente a los tradicionales, inseguros y lentos correos nacionales. En esa marcha no desmayó en el mejoramiento del Correo Expreso y de los EMS (Express Mail Service) que ahora dan la cara de modernidad de nuestros correos nacionales.

Tanto por su experiencia personal como la del conjunto de los trabajadores postales, una de sus mayores preocupaciones fue siempre su capacitación, la del resto de los recursos humanos y la tecnificación de los servicios. De manera personal no perdió oportunidad para capacitarse contínuamente. Se recibió como Técnico Postal de Nivel Medio en Buenos Aires y, desde entonces, siguió formándose en cursos, talleres y seminarios en diferentes países del mundo, principalmente: Brasil, USA, Costa Rica y Paraguay. Lo aprendido fuera del país fue siempre objeto de réplica para el resto de los trabajadores con los que tenía relación de trabajo.

Comprendió en su momento que para tener un buen servicio postal era imprescindible seguir patrones y normas internacionales, por lo que no vaciló en estrechar vínculos y conseguir apoyo de los organismos internacionales que dan las pautas a los servicios de correos, principalmente la UPU (Unión Postale Universal) y la UPAE (Unión Postal de las Américas y España) con las que estuvo estrechamente relacionado durante toda su carrera. Por lo mismo, no fue un correista centrado únicamente en la fluidez del servicio interno, sino que buscó internacionalizar los servicios postales, lo que lo llevó a mantener estrechas relaciones con correos de otros países, con cuyos directivos mantenía una comunicación permanente.

En agosto de 1989 fue posesionado como Director General de Correos y, entonces, pudo culminar algunas de las actividades que lo tenían en vigilia. Siempre luchó por dar mayor autonomía al correo y dar mayor descentralización a los servicios locales. El 9 de octubre de 1990 y con la presencia del Presidente de la República, Jaime Paz Zamora, se dio la creación de la Empresa de Correos de Bolivia (ECOBOL) como Empresa Pública de Administración Descentralizada, con personalidad jurídica propia, de la cual fue su Director Fundador.

Desde ese puesto de expectativa, Macucho continuó con las tareas que siempre lo inquietaron: más eficiencia y más seguridad para los correos. Resultan anecdóticos los múltiples casos de lucha anticorrupción en los que estuvo comprometido, poniendo en riesgo su propia seguridad personal. Siguió, también, dotando de mayor comodidad e infraestructura a las oficinas de correos. Estrenó edificios en Sucre, Tarija y Villamontes y, el 20 de julio de 1992, hizo la entrega de la Casa de Correos de su pueblo natal, Capinota.

Hasta ese entonces y, para los que tienen memoria, los correos capinoteños funcionaban en la casa de la familia Castro. Fue Don David Castro el encargado del correo local por decenios, hasta el día de su muerte. Posteriormente los servicios fueron flaqueando hasta prácticamente desaparecer. La Casa de Correos fue un estímulo, pero no lo suficiente para mantener el servicio en la Provincia; pero ese es tema de otro artículo.

En su libro, Mario Rosales nos entrega su propia historia ligada a la historia de los correos de Bolivia. Está escrita en un estilo simple y coloquial, con muchas fotos que ilustran de manera muy gráfica lo que han sido los correos bolivianos en los últimos 40 años. El libro lleva el nombre de “Mi paso por el correo de Bolivia”, impreso en la Planta Gráfica de la Editorial Serrano, 2010, Cochabamba, Bolivia.

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Sacerdote capinoteño lleva mensaje de esperanza entre futbol y rancheras

Extraído de La Razón / Erick Ortega / 15 de septiembre de 2013

Sacerdote capinoteño

Hector Ledezma, probablemente es el único sacerdote capinoteño. Lleva su mensaje de amor con humildad y alegría.

Mi padre estaba internado en el Hospital Obrero de La Paz: piso quinto, sala tres, tercera cama a mano izquierda. Adolorido y aburrido, pocas cosas lo ponían de buen humor. Una noche, después de la salida de los parientes, cuando sólo se oía el caminar de los enfermeros y algunos lamentos lejanos, entonces… apareció él. Héctor, un hombre de cabellos blancos que le ganan la lucha a la calvicie, ojos grandes iguales a los de cualquier santo de iglesia, manos grandes de campesino, fornido, de voz imponente y con toda la pinta de ser un hombre bueno.

Entró a la pieza donde estaban mi padre y siete enfermos más. Su presencia causó incomodidad entre quienes querían empezar a dormir y aquellos que lidiaban con sus sufrimientos en silencio. Cuando habló, todo cambió. Eran aproximadamente las 22.00 y se puso en medio de la sala. Abrió las manos y preguntó a su audiencia si le gustaba el fútbol. Todos, venciendo los dolores de su cuerpo y atraídos por el tema, levantaron la mano. Luego les consultó de qué equipo eran. La mayoría resultó del Bolívar y Héctor sacó pecho porque su chamarra azul marino tenía el escudo del club académico. Les preguntó las alineaciones del equipo en el 66, de la escuadra del 91 y los pacientes intentaban responder pero casi nunca acertaban. Él se sabía de memoria cómo estaban conformados los cuadros.

Los internos hinchas de The Strongest le gastaron bromas y le mostraron tres dedos recordándole que el único tricampeón en Bolivia es el equipo gualdinegro. Entonces rememoró todo lo que el Bolívar ha ganado desde su creación. Bromas y ataques de un bando a otro hicieron que el hecho de estar en un hospital pasara a segundo plano. Cuenta mi padre que parecía que estaban en un café o en una tribuna del estadio antes del inicio de un clásico paceño.

Antes de irse, el extraño y carismático visitante se presentó formalmente. “Soy el sacerdote Héctor Ledezma”. Habló con esa voz dura que conocí días después. Los stronguistas se sonrojaron porque habían debatido con el representante de Dios en el Hospital Obrero y los del Bolívar festejaron la revelación. Se sacó la chamarra y entonces dejó ver el alzacuello blanco debajo de la manzana de Adán. Rezaron. El sacerdote se acercó a cada cama y estrechó la mano a los pacientes. Después dio una bendición desde la puerta y prometió que volvería. Cumplió su palabra.

Yo lo encontré a media mañana de un día de agosto en la capilla del sanatorio. Me contó, con algo de vergüenza, que no se acordaba de mi padre. Le dije que estaba bien y que él me dio la idea de entrevistarlo. Se alegró por él y me llevó a su oficina.

No estaba vestido con aquella mítica chamarra con el escudo del Bolívar, pero cuando empezamos a hablar hizo el mismo gesto de Clark Kent cuando se convierte en Superman y se sacó la chompa: debajo tenía la polera de la Academia. Empezó a contarme su vida. “De niño, en la escuela, los chicos veíamos cómo jugaban los grandes y nos peleábamos por devolverles la pelota cuando la sacaban de la cancha. Todos hablaban de fútbol en Capinota. Unos eran de Universitario, otros del Chaco Petrolero, había gente de Strongest y Bolívar, pero a mí me gustaba el color celeste. El equipo de mi pueblo se llamaba Primero de Octubre y tenía la polera de ese color”.

De joven quiso ser futbolista pero su inclinación católica pudo más. Se hizo sacerdote pisando los 30 años y ahora tiene 59. Sus amores son, demás está decirlo, el club Bolívar y Dios. Recuerda que en 1985 Bolívar disputaba el campeonato con Real Santa Cruz en Cochabamba. Viajó en flota para ver al cuadro de sus amores. “Mi sobrino llevó un crucifijo y me dijo: ‘Recemos’. El Negro Néstor Raúl Orellana (Real Santa Cruz) sacó el balón afuera, el Perro Ramiro Vargas hizo el gol (para Bolívar) y Guillermo Peña (Real Santa Cruz) pateó junto al palo. Saltamos de alegría”.

En estos tiempos en los que el papa Francisco, hincha de San Lorenzo de Almagro, manda en el Vaticano, Héctor celebra que la Iglesia deje atrás la imagen clásica del cura alejado de la sociedad y de sus pasiones.

Su cariño por el club celeste llegó a oídos de los dirigentes. Por eso, Lothar Kerscher le regaló esa chamarra estampada que él no suele quitarse cuando va a sus rondas hospitalarias. Además, era amigo del anterior director técnico de Bolívar (Ángel Guillermo Hoyos) y tenía un sitio entre los jugadores suplentes para dar suerte divina al equipo antes de los partidos. El capitán Walter Flores le regaló una camiseta autografiada por todos los jugadores y esa prenda es una de sus reliquias.

“Dios es algo muy importante en mi vida”, cuenta, y besa la estola. No hay duda de que su fanatismo se ha metido en el espacio celestial. Cuando bautiza a un niño, pide a los padres que lo hagan bolivarista. Algunos sonríen por la ocurrencia y otros le dan una negativa rotunda. Los feligreses, agradecidos con los favores del sacerdote, le preguntan cómo pueden demostrarle su cariño y él les responde que con una mantita para la virgen. Eso sí, preferentemente, una bolivarista. “Después de todo, el cielo es celeste porque Dios no suelta la bandera”, bromea.

Otra de sus pasiones es el canto, aunque, como él comenta, nadie le creería. En su recorrido también incluye los pabellones de las mujeres y empieza a cantar El rey, Cielito lindo, México lindo y querido, Las mañanitas… Su repertorio es amplio, casi como las sonrisas que les saca a las pacientes. No faltan aquellas valientes que se animan a entonar junto a él, y por momentos el hospital deja de ser un lugar donde hay sufrimiento para convertirse en un karaoke con sonrisas y suspiros. “Es mi forma de llegar a la gente: hablándoles de fútbol y de música”.

Popularidad en los pasillos es lo que le sobra. Mientras caminamos le hablan los doctores y los familiares de los enfermos. Hace bromas a los stronguistas, palmea en el hombro a los bolivaristas. Reparte besos cariñosos en las mejillas a las mujeres que se le acercan.

Su fama ha trascendido las fronteras del Hospital Obrero y también hace rondas en el Materno Infantil. Escoge los sitios al azar y entra sin tocar la puerta, porque médicos y enfermeros saben de su ocupación.

En las tardes, a las 16.00, ofrece misa en el templo de San Agustín, al lado de la Alcaldía paceña. Siempre que puede da un guiño futbolero o musical a sus sermones y ya tiene sus seguidores.

“Por favor, en su nota ponga que, cuando murió Mario Mercado (presidente de Bolívar en los 80), me sentí muy mal, como si hubiera perdido a un familiar”, me pide Héctor. No hay problema, total, yo también soy periodista, bolivarista y amante de la música ranchera.

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Falleció Doña Elvira Gonzales Vda. de Hermosa madre de Los Kjarkas

POR: HUGO PEREDO V. TEXTO | 08/10/2013, PERIODICO OPINION

La mañana de ayer, a la 9:30 horas, dejó de existir la señora Elvira Gonzales Vda. de Hermosa madre de los fundadores de Los Kjarkas. Quienes la conocieron guardan la imagen de una persona apacible y silenciosa cuya presencia inspiraba serenidad y sosiego.

Elvira Gonzales Espinoza, nació en Acacio, norte de Potosí, el 30 de marzo de 1913. Su infancia pasó en Cochabamba estudiando en la Escuela San Alberto y posteriormente en el Liceo Adela Zamudio donde fue alumna de la insigne poetisa cochabambina. Al retornar a su natal Acacio, ejerció durante algunos años la docencia en la escuela rural de esa población.

Contrajo matrimonio con Florencio Hermosa Pareja, quien se desempeñaba en el área de sanidad del pueblo. Tras el nacimiento de sus hijos Wilson y Rosa, el matrimonio Hermosa Gonzales, por razones de trabajo, emigró al pueblo de Guaqui en La Paz desde donde finalmente llegaron a Capinota, en Cochabamba, donde se quedaron a vivir junto a sus hijos trabajando tesoneramente para darles estabilidad, inculcando en ellos el respeto al trabajo.

La familia tuvo nueve hijos, dos de ellos fallecieron muy pequeños; después murió Ulises tras unas exitosa carrera como compositor e interprete y Wilson famoso constructor de charangos dejó de existir hace pocos años, los hijos que viven son, Rosa, Luis Castel, Gonzalo, Margarita y Elmer y una generación que se prolonga con más de 20 nietos.

Cuando los hermanos mayores de los Hermosa llegan a la edad de continuar estudios secundarios sus padres deciden que deberán ir a la ciudad y es así que los hermanos mayores se instalaron en una casa de la calle Comuneros y Tahuantinsuyo, en la zona sur de la ciudad de Cochabamba, hasta donde llegaron uno a uno los hermanos, a medida que los estudios de colegio les imponía y esa es la casa donde nace el legendario grupo Los Kjarkas (integrado por los hermanos Wilson, Castel, Gonzalo, Ulises y Elmer Hermosa) y es también el sitio donde se instala el taller que dio vida al ronroco, en los talleres de Wilson.

A la muerte de don Florencio, su hijos llevaron a la señora Elvira a vivir junto con ellos en la ciudad.

Recientemente en ocasión de celebrarse el aniversario de Capinota la Sra. Hermosa recibió el homenaje de la población y del Gobierno Municipal de esta provincia por su valioso aporte a la educación y la cultura.

Con anterioridad, también este año, fue motivo de otros homenajes al cumplir sus 100 años de vida en el mes de marzo y en el Día de la Madre.

En los últimos meses el peso de los años fue minando su salud hasta postrarla en cama donde permaneció lúcida antes de morir.

Sus restos mortales son velados en Chilimarca, en el complejo ecoturístico que lleva su nombre, “Villa Elvira”. Al promediar el mediodía de hoy se oficiará una misa de cuerpo presente y posteriormente será trasladada hasta Capinota donde descansará junto a su esposo en el mausoleo familiar.

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Falleció nuestro “Chuncho” Verduguéz

Por Antonio Rocabado Q.

Fotografía tomada hace nueve años, en la que El Chuncho posa risueño con otros amigos que cotidianamente se reúnen en la Plaza “1º de Octubre”.

Fotografía tomada hace nueve años, en la que El Chuncho posa risueño con otros amigos que cotidianamente se reúnen en la Plaza “1º de Octubre”.

El martes 07 de mayo de 2013, precisamente al día siguiente de cumplir 88 años de edad, en la ciudad de Oruro donde al fin tuvo que permanecer obligado por las circunstancias de su delicado estado de salud, falleció el Dr. José Verduguéz Villarroel, un connotado capinoteño de cepa que llegó a ocupar el cargo de Prefecto del Departamento de Oruro. Allí mismo, en Oruro, transcurrió la mayor parte de su vida profesional como abogado.

Asimismo, José Verduguéz V., “el chuncho”, será siempre recordado por otra de sus facetas personalísimas: su esplendoroso aporte al deporte nacional como basquetbolista. Junto a sus hermanos fue protagonista de varios momentos de oro con la casaca de la selección de Bolivia, en celebradas contiendas de básquet  tanto en el interior como en el exterior del país.

Sin embargo, a José lo que más le llenaba de orgullo era mostrar las diversas crónicas deportivas en su honor, sus recortes de prensa cuidadosamente archivados, y muy especialmente, el relato de su desempeño en una memorable jornada de jugadores nacionales enfrentando a los otrora mundialmente famosos basquetbolistas “Harlem Globe Trotters”. En esa oportunidad, a contrapunto del guión preestablecido de dejarse hacer payasadas por estos norteamericanos disfrazados de cholas, terminó haciéndoles varias truculencias y fintas propias de su estilo, que arrancaron mayores aplausos del público que los mismos nuevayorkinos, abandonando finalmente la cancha en hombros de sus admiradores.

Un recordatorio de algunos aspectos notables de su personalidad fue preparado en el blog www.capinota.wordpress.com el pasado año. No obstante, en estos tristes momentos de congoja por el amigo, deseo hacer otras remembranzas y un retrato del personaje con el que tuve el privilegio de disfrutar momentos de solaz inolvidables, tanto en Oruro como en el terruño natal.

Verlo alargado en su lecho de muerte, el pecho sosteniendo sus manos cruzadas, ha debido ser intolerable, porque yo no podría imaginar estático su cuerpo grandulón más que siempre inquieto; lo veré levantarse de pronto de la mesa donde se departía entre amigos con frías cervezas, para posteriormente, siempre regresar con bromas aún en las noches más frías de invierno, y en pleno fragor de la fiesta, ponerse a danzar a nuestro alrededor levantando polvo, con un cántico folclórico quechua entonado por él mismo.

Una de las últimas fotos del Chuncho, tomada en noviembre 2012 frente a su casa en la plaza de Capinota

Una de las últimas fotos del Chuncho, tomada en noviembre 2012 frente a su casa en la plaza de Capinota

Nunca olvidaremos las veladas en que nos contaba historias fantásticas de su invención, recordando sus andanzas y anécdotas frutos de su deslumbrante imaginación socarrona.

En 1985, empezó en Oruro una amistad que bastante tiempo tardé en creer. Por una parte, José imponía por su presencia física, su corpachón atlético, y su especie de boconería fanfarrona; por otra, como amigo que fue de mi padre yo aparecía con una edad como de su hijo. Sin embargo, me fui convenciendo de la verdadera amistad con las invitaciones a tertulias en su domicilio, en su bufete, departiendo bravatas con amigos comunes. Poco a poco nos dimos cuenta de que seguíamos derroteros semejantes hasta en la política nacional imperante en esas épocas.

José era un hombre amante de la vida, por un buen tiempo disfrutó también de la buena bebida y de la belleza de las mujeres. Tímido, y a veces poco discreto, cuando se rompía el hielo y empezaba a divagar era el amigo más cariñoso. Con sus charlas que se convertían en relatos ilusionantes estaba muy lejos del pesimismo imperante de los tiempos que corren. Absolutamente no era un ser mezquino ni un tacaño.

En los últimos años, su vida quedó marcada definitivamente por el súbito deceso de su hija Sandra, y desde entonces repetía sin cesar que el dolor de perder a un hijo no acaba nunca.

En fin, todos los hombres son mortales. Hay que aceptar la muerte de nuestro “Chuncho” como la que puede sobrevenir en cualquier momento a cualquiera de nosotros. Para los que lo conocieron entrañablemente, no queda sino derramar lágrimas en la añoranza, como también, depositar ramos de flores en su tumba.

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Sucedió hace medio siglo: contrucción de la Alcaldía Municipal

El 02 de octubre de 1963 se publicaba en el diario cochabambino “Prensa Libre” una crónica cuyo autor fue el profesor normalista Sr. Rodolfo Montaño Valderrama. El escrito revela la situación de la vida municipal capinoteña de esos tiempos, los emprendimientos, y la pujanza de su gente a mediados del siglo pasado. La puntillosa transcripción del documento reza así:

1961: El Alcalde Municipal, Hugo Rocabado Soria, posa junto a sus colaboradores, Carlos Badani, Oficial Mayor Administrativo, y Silverio Pacheco, Intendente, en la entrada de la antigua Casa Municipal

EL LV ANIVERSARIO DE CAPINOTA 

La creación de la Provincia de Capinota separándose de la de Arque, el próximo 1º de octubre, cumple cincuenta y cinco años de vida autónoma, esto es, a partir del año 1908.  

Durante los 55 años de vida se ha mantenido un estado de estancamiento en su progreso moral y material. Si bien, las primeras juntas municipales encabezadas por elementos del Partido Liberal, dieron algún impulso a sus instituciones y organismos comunales, en cambio, la caída del régimen Liberal en 1920 trajo toda la secuela de desaciertos del republicanismo imperante, sucediéndose los personajes de la comedia electoralista, cargados de ambiciones y de sed de figuración, sin concepto alguno de responsabilidad ante el porvenir. 

En 1895, pasan 68 años, se había construido la Casa Municipal, con el nombre de Honorable Junta Municipal, de arquitectura arcaica y sin comodidad alguna para el funcionamiento de oficinas como las que requiere la edificación moderna de acuerdo a planos técnicos que respondan a todas las necesidades de comodidad, confort, elegancia, cultural y aun de fines económicos. 

El edificio de 1895 ha sido completamente demolido y se ha levantado un verdadero Palacio Consistorial, que puede parangonarse con las mejores construcciones y rivalizar con las más elegantes y lujosas con que el país pudiera contar; pero en concepto de personas que han visitado y conocen casi todo el país, no hay en la actualidad una Alcaldía Municipal, que pudiera igualarse a la de Capinota.

1962: Hugo Rocabado Soria, Alcalde Municipal, se apoya en los cimientos del antiguo edificio municipal teniendo, por detrás, la nueva edificación en proceso de construcción

Cuenta el establecimiento comunal con un Salón de Honor, pintado al rojo; en el muro del fondo, un Escudo Nacional, pintado al óleo y a ambos lados serán colocados los cuadros de los Libertadores pintados en tamaño natural. La planta alta tiene las siguientes oficinas: Alcaldía, Oficialía Mayor, Tesorería, un Hall y Biblioteca. La planta baja, en su mayor parte ocupa el Cine Teatro, amplio y con magnífica decoración, cuyo arte causa verdadera admiración al visitante y al habitante del lugar. Este cine constituye una verdadera reliquia y será una fuente de ingresos saneados. Además completan tres oficinas con destino a la administración comunal. 

Los contratistas están pasando la última mano de pintura, armando el mobiliario y poniendo los últimos retoques, para su entrega oficial el día 5 de octubre, fecha a la que han sido postergados los festejos del LV aniversario de la creación de Capinota. 

Se asegura que autoridades nacionales y departamentales se harán presentes para solemnizar tan trascendental acontecimiento, en que se pondrá de relieve, el espíritu de trabajo y la gran empresa, con que está coronando sus esfuerzos el Alcalde señor Hugo Rocabado Soria, a quien se le hará entrega de una preciosa Medalla de Oro, como justo reconocimiento a su labor progresista.”

Hugo Rocabado Soria junto al equipo de albañiles encargados de la construcción del Edificio Municipal, a la cabeza del Maestro Modesto Valverde, secundado por el popular P'achi Terceros

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Chuncho Verduguez, gloria del basquetbol nacional

En la foto José y René Verduguez gozando del clima capinoteño y recibiendo el cariño de sus paisanos

Decir Chuncho Verduguez es hablar del buen básquet. Sin embargo, Chuncho Verduguez no es un solo personaje, sino varios, hermanos todos dedicados al basquetbol desde su temprana juventud. Los Chunchos dieron gloria al básquet nacional y enorgullecieron por años a Capinota, su pueblo, con el que siempre estuvieron ligados.

El fundador de la saga de los Chunchos fue Eliodoro, el mayor de ellos, médico, buen jugador y participante en varios seleccionados y equipos. Brilló en la primera línea del Macabi y el Always Ready. Como dice José: Eliodoro fue nuestro maestro, el que nos inculcó el amor al básquet y el que nos enseñó a jugar, desde muy chicos.

Posteriormente vinieron los años de gloria. Salieron de canchas orureñas, donde el legendario The Strongest, múltiple campeón departamental, fue su cuna; allí alternaron con los mejores jugadores de su época.

José  y René Verduguez, representaron  a Oruro en múltiples ocasiones, que fueron las más gloriosas para la historia de ese deporte en las tierras de Sebastián Pagador.  Entre sus mayores títulos figura el recordado campeonato nacional de 1955, realizado en Oruro, y donde salieron invictos.  En el equipo celeste alinearon junto con jugadores de la talla de  Luis Arellano, Eduardo Guzmán, Raúl Bustillos, José Liendo, Roberto Balderrama, Alberto Loayza, Manuel Barrón y Humberto Cáceres, bajo la Dirección Técnica de José Alandia.

En 1960, en la ciudad del valle, Oruro reeditó su victoria obteniendo el título de Campeón Nacional, en unas finales de infarto frente a La Paz y Cochabamba. En esa ocasión, relata José, éramos tres Verduguez en selecciones diferentes. José en la selección orureña; René venía con la selección paceña y Zaida, la hermana, jugaba en la selección cochabambina. Oruro volvió a salir campeón en 1965, en Colquiri, pero solo el célebre Luis Arellano logró subsistir los tres campeonatos. José ya no figuraba en las listas de su selección. Fueron las épocas de oro del baloncesto orureño.

Evidentemente, René, el menor y el de más larga y exitosa trayectoria en el baloncesto, se había ido a La Paz, donde estuvo ligado al Club Ingavi, el mejor equipo de todos los tiempos; el Ingavi que se nutría de las canteras del Colegio La Salle y que entrenaba bajo las órdenes del Negro Ayllón, paradigma de la historia del baloncesto nacional. René estuvo ligado al Ingavi hasta el final de su trayectoria. Fue su último entrenador, el último en tratar de salvar al gran campeón, que descendió después de ganar quince campeonatos departamentales  y múltiples campeonatos nacionales ínter clubes.

En el Ingavi alternó con los más grandes jugadores que dieron lumbre y presencia al básquet nacional. Jugó junto a Rodolfo Aliaga, Enrique Rodríguez, Guido Meruvia, Gustavo de Rada, Enrique Pozo, Edgar Pozo, Mario Orrico, Javier Núñez del Prado, Carlos   Ascarrunz y otros. En ese tiempo la historia del básquet se escribía en el Ingavi. Casi todos sus jugadores, incluyendo al Chuncho Verduguez, fueron parte de seleccionados nacionales y representaron al país en diferentes oportunidades.

En su obra “Hechos y protagonistas del deporte boliviano”, el reconocido periodista deportivo, Tito de la Viña, enlista a los más destacados deportistas bolivianos en sus diferentes ramas. En basquetbol hace una mención especial de René, junto con el ‘Loro’ Rodríguez, Mario Orrico, y Marina Azcárraga, prestigio del básquet femenino.

En la actualidad los Chunchos gozan de un merecido retiro. José disfruta de su  vida longeva en su pueblo, recibiendo periódicamente las visitas de su hermano René, con el que recuerdan sus glorias, atadas a su dominio del balón y el cesto. Recuerdan pasajes interesantes y exclusivos, como cuando jugaron contra los Globetrotters y se permitieron hacerles algunas piruetas a los histriónicos jugadores de Harlem. Los amigos escuchamos atentos sus narraciones, sabiendo que no todos podemos contar nuestras hazañas con tanta solvencia y beneplácito por lo bien hecho y actuado.

¡Salud y larga vida a estos campeones!

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“El Duende” llegó a Capinota. Primer Festival de Arte

El Académico de la Lengua, Ing. Luis Urquieta M., en ocasión de la presentación número 400 del suplemente literario El Duende que él dirige en Oruro

Por : Rosario Quiroga.

Se instala un  sentimiento  de nostalgia y de meditación retrospectiva al  ver el  regio  retrato, pintado por el artista capinoteño Hans Hoffman, de Alejo Calatayud, valiente precursor de la aguerrida Bartolina Sisa y del indomable Tupaj Katary. Cómo no iba a inspirar un viaje al pasado  ver a Alejo Calatayud, el líder de la bandera roja, bandera de la insurgencia que galopó  flameando por valles y campiñas cochabambinas al grito de ¡¡ Basta ya!! Un basta a la esclavitud, al sometimiento y a la injusticia  hace 200 años.   Por eso pienso que ese retrato, en cierta medida, sirvió de pórtico evocativo en la pérgola de la “Plaza 1o de Octubre”, donde Capinota le sonrió a la cultura, inaugurando su PRIMER FESTIVAL DE ARTE como  homenaje a su efeméride y  al Bicentenario. 

Siempre serán bienvenidas las iniciativas cuyas ideas busquen en sus objetivos desarrollo y progreso humano.

Feliz momento en que  surgió la idea de realizar en el valle ubérrimo de la provincia de Capinota un festival de arte con las obras  de personas nacidas allí. La iniciativa venía del espíritu y el corazón de un grupo de jóvenes: unos que hacen música, otros literatura, pintura, escultura: Alex terrazas, Reinaldo Llanos, Angélica García, Zulema Rojas, Miguel Paz, José Luis Rojas, Soledad de Paz, Emir Patiño, Elmer Ledesma.

Había, con gran complacencia, que apoyarlos y estimularlos. Cómo no hacer eco de estos proyectos de ilusión y utopía en medio  de este marasmo  pragmático que envenena la mente y el espíritu del habitante de ahora, mucho más en el del campo, cuya juventud ya está dando vueltas en el carrusel de la droga, el alcohol y la música enajenante.

Con la voluntad y responsabilidad del compromiso asumido, Tito Urquieta M. se movilizó por todos los medio posibles para que la convocatoria tenga respuesta positiva; así pasó, escritores  y pintores hicieron llegar sus obras para hacer realidad una inquietud que abraza los más altos deseos de mejores días para la cultura.

Durante dos días,  2 y 3 de octubre, la Plaza de Capinota se vistió de color, palabra y música.

Estuvieron presentes en pintura: Hans Hoffman, Sandra D´ Verducci, Zaida Ledesma, Jesús Céspedes, Edilberto Soto, Alex Terrazas, Elsa Torres, en literatura: Arturo Urquidi M, Luis Urquieta Molleda, Carlos Montaño Daza, Luis Minaya, Edgar Claure Paz, José Décker M, Siwar Mamani, Henrry Oporto, Fernando Rocabado, Alejandro Urquieta, Toribio Rocabado, Antonieta Larraín Rojas y Tito Urquieta M,  ahí  hizo su aparición EL DUENDE que llegaba desde Oruro cargado de palabra hecha ARTE.

En el acto de inauguración del festival, que estuvo sujeto a un programa especial amenizado con música y poesía, la que escribe la  presente nota hizo la presentación oficial de EL DUENDE, ponderando, primero, el perfil humano,  literario y cultural de su mecenas el Ing. Luis Urquieta Molleda, destacando ese desprendimiento (poco visto en nuestro medio) con el que lo dirige, lo edita  y publicita su circulación gratuita. Hasta la fecha  mucho más de 400 ediciones circulan dentro y fuera del país con un contenido altamente prestigioso y ponderado por opiniones valiosas. En fin…en fin, EL DUENDE fue de mano en mano y se quedó allá en Capinota junto a la admiración y encomio de los que lo leyeron. (Faltaron ejemplares para satisfacer a  muchos que querían leerlo y llevárselo).

De la clausura del  Primer Festival del Arte rescatamos el propósito de repetirlo cada año, ojalá así sea.

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Médico capinoteño es un ejemplo de vida pese a sus limitaciones

Jhenny Nava B. jnava@opinion.com.bo,  , Opinión, agosto 23, 2010

El Dr. Orlando Orozco en pleno trabajo de atención a sus pacientes

Sentado en la mesa de su consultorio y con su bata blanca el médico general Orlando Orozco, que sufre la enfermedad denominada osteogénesis imperfecta  (se le fracturan los huesos con facilidad) nos cuenta la historia de su vida, que se ha convertido en un verdadero ejemplo de superación para las personas con capacidades diferentes.

En la provincia de Capinota, de donde es oriundo Orozco, asistía a su colegio en bicicleta, pero a partir de los 15 años las deformaciones que se presentaron en sus extremidades inferiores, comenzaron a hacer molesto y dificultoso su desplazamiento al caminar, por lo que también dejó  de usarla.

En una consulta médica para saber qué era lo que tenía, un médico le diagnosticó osteogénesis imperfecta, una enfermedad que se caracteriza por la fragilidad excesiva de los huesos que tienden a partirse muy fácilmente.

A pesar de que contaba con el apoyo de sus padres para afrontar la enfermedad, Orozco decide migrar a la ciudad de Cochabamba para terminar de estudiar en el Colegio Bolívar, del que se graduó como bachiller en el año 1968, y así alcanzar el sueño anhelado que tenía de ser médico.

“Siempre fui muy independiente, sabía que tenía una enfermedad muy delicada, pero mi sueño de convertirme en galeno era una meta que tenía que lograr y por eso decidí salir a la ciudad para estudiar”, dice.

Antes de ingresar a la carrera de Medicina en la Universidad Mayor de San Simón, en el año 1971, Orozco viajó a La Paz donde le realizaron tres cirugías para que su desplazamiento sea mucho más fácil.

Cuenta que asistía a pasar clases con un bastón y luego de sufrir una caída tuvo que usar muletas.

“Caminar en la universidad era bastante difícil, sobre todo cuando hice mi rotación tenía que ir de un lado a otro en los hospitales, pero gracias a Dios nunca sentí discriminación, el trato era igualitario para todos los estudiantes”, señala.

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Simón I. Patiño: el capinoteño más rico del mundo

Foto de Patiño con su firma. Aparece en varios documentos que relatan su vida

Muchas biografías se han escrito sobre Simón I. Patiño, en su época uno de los hombres más ricos del mundo. La mayor parte de ellas describen rápidamente su nacimiento y su primera infancia.  Se sabe únicamente que nació en Caraza y que migró a la ciudad a los ocho años.  Unas biografías dan la fecha de 1860 y otras la de 1862 como la fecha de su nacimiento. Sobre sus padres tampoco se tiene mucha información. Unas biografías tratan de mostrarlo como de origen vasco, por el apellido Iturri y, otras, tratan de enfatizar en su mestizaje, por el lado del  apellido Patiño, de la madre. Lo cierto es que en materia de apellidos, por su propia elección parece haber preferido el apellido de Patiño, al que lo hizo universal y sinónimo de riqueza. Su apellido vasco lo simplificó hasta el anonimato, mediante el uso de la letra I en forma abreviada.

Sobre su pueblo natal tampoco se ha dicho mucho. Se menciona Caraza de pasada y, a veces, se lo obvia y sólo se menciona Santivañez.

Pensando en los personajes capinoteños que han ejercido alguna influencia en la sociedad, llegamos a la conclusión de que Simón I. Patiño es, probablemente, el capinoteño que mayor influencia a ejercido en el país y en el mundo, razón por la que transcribimos su biografía, no sin antes, hacer una descripción del entorno en el que nació y en el que tuvo sus primeras experiencias sociales y sus más grandes influencias telúricas, las que todo humano recibe en sus primero años de vida. 

Como todo capinoteño, Patiño era sobre todo un cochabambino. Dicen que siempre quiso volver a Cochabamba, a vivir sus últimos años. Cochabamba, durante la colonia, estuvo bajo la jurisdicción de la Real Audiencia de Charcas, perteneciente al Virreinato de Lima hasta 1776, año en que pasó a formar parte del Virreinato de Buenos Aires,  como parte de la Intendencia de Santa Cruz de la Sierra. La Cédula Real del 5 de Agosto de 1783, trasladó la capital de la Intendencia de Santa Cruz a Cochabamba, asignándole un gran territorio, que abarcaba los partidos de Cliza, Mizque, Valle Grande, Santa Cruz, Sacaba, Arque, Tapacarí, Ayopaya y la región de Moxos.

El Partido de Arque estaba dividido en cuatro curatos o doctrinas: Arque, Colcha, Capinota y Caraza.

El mejor relato sobre lo que era el Partido de Arque y el Curato de Caraza lo encontramos en la “Descripción geográfica y estadística de la provincia de Santa Cruz de la Sierra”, del que fue su Gobernador – Intendente, Don Francisco de Viedma (1737-1809), impreso en Buenos Aires en 1836. Nótese que en su relato Viedma escribe Carasa o Caraza, indistintamente.

El Partido de Arque era grande. Lindaba por el N con el de Tapacarí y la jurisdicción del distrito de la capital del gobierno: por el S con el gobierno e intendencia de Potosí: por el E con el partido de Clisa: por el O con el gobierno de Charcas. Corre por este partido –decía Viedma- el río de Arque, que tiene algunos pozos o remansos, principalmente en la confluencia con el de Tapacarí o Ucuchi, y a este último se le une, más arriba de Poquera, el de Caraza, que se compone de las aguadas y vertientes del valle de este nombre, y en ellos hay pescados bastante sabrosos; como bagres, sábalos, dorados, zurubís y otros, y lo mismo en el de Cayne o Río Grande, que se forma de la unión de los dos ríos de Arque y Ucuchi, y le baña hasta dar con la provincia de Chayanta.

El Partido de Arque  “comprende el valle de Caraza, que es el menor de todos los de Cochabamba; lo demás es un tejido de cerros bastante elevados que forman dicho valle, y las quebradas por donde corren los ríos expresados y otros de poca consideración. En dichos cerros hay muchas minas y vetas de plata, plomo y estaño; pero ninguna corriente y con formalidad de trabajo, de que se hará mérito en su lugar”.

En el Partido de Arque “el temperamento es algo más cálido que el de Cochabamba, particularmente el del pueblo de Capinota, que es sumamente ardiente, y en el río, Ucuchi hay mucha terciana: los demás parajes son sanos, y las enfermedades más frecuentes que en la capital”.

Cuando escribe sobre el Curato de Caraza, dice: “El pueblo de Caraza está situado casi en el medio del valle de este nombre, cinco leguas de la capital, y cuatro del antecedente, al pie de una barranca bien profunda, por la que corre el río de Caraza, cuya agua es escasa, turbia y salitrosa. Lo dócil de aquel terreno va causando con las lluvias y avenidas unos derrumbes en la misma orilla del pueblo, que debe temerse su ruina, si no se ocurre con tiempo a repararle; lo que es muy difícil por lo costoso, y desidia de sus vecinos. El agua que beben la traen de unos manantiales que hay un cuarto de legua de distancia; es buena”.

“El temperamento es seco, y ardiente; su principal subsistencia consiste en la agricultura, por la buena calidad de sus terrenos; bien que los indios comercian mucho con el carbón y leña, del que proveen la capital”.

“Las casas de este pueblo son pocas, pero están con algún orden: a excepción de la del cura, que es de dos altos y puede competir con las mejores de la capital, son unos ranchos como en los demás pueblos referidos; la plaza es grande, en uno de sus ángulos está la iglesia, que es muy capaz y aseada; su construcción de adobe y teja”.

“A distancia de media milla de este pueblo hay una hacienda y casería perteneciente al convento de San Agustín de Cochabamba; que es una pequeña población. Tiene un anexo, llamado Marcavi”.

“El curato se compone de 346 españoles, 1.529 mestizos, 278 mulatos, 2.971 indios y 3 negros, cuyo total es de 5.127 almas”.

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Exposición del pintor capinoteño, Hans Hoffmann

El pintor Hans Hoffmann en la inauguración de su exposición

Hans Hoffmann frente a uno de sus cuadros en la inauguración de su exposición

Desde el 9 de noviembre expone en el Salón  Municipal Gildaro Antezana el pintor y escultor capinoteño, Hans Hoffmann. En esta ocasión las obras presentadas por Hans giraron alrededor del desnudo, tanto en versión pequeña, con una serie de lápiz sobre papel, como en una versión más grande donde se expresó a través del grabado en cemento, según una técnica trabajada por él como su nueva propuesta.

El ya reconocido pintor, que ha retornado de Suecia para radicar definitivamente en el país, se ha caracterizado en la creación de sus obras por el manejo diestro de la figura humana. Son conocidos sus retratos, altamente expresivos, en los que maneja la acuarela con gran fluidez y dominio. Sobre ellos, el crítico colombiano Camilo García, decía que Hoffmann “hace brotar los rasgos de personalidades como Simón Bolívar, Che Guevara, Olof Palme, Jorge Luis Borges y otros”, de los rostros y los cuerpos de los personajes anónimos que acompañaron y sustentaron sus acciones, o de las criaturas imaginarias que tomaron vida en ellos.

Grupo de capinoteños apoyando al pintor en el Gíldaro Antezana

Casi de manera paralela a la exposición, se anunció la premiación del Concurso Nacional de Artes Plásticas “Salón Municipal 14 de Septiembre”, en su versión LXII, que es el mayor concurso en su género en el departamento y en el que Hans Hoffmann obtuvo el Premio Único en Grabado, sumando, de esta manera, un galardón más a su nutrido currículum de éxitos y premios. Hoffmann ha expuesto en casi todo el país y en varios países de Europa, Latinoamérica y en galerías de arte de los Estados Unidos.

Sin lugar a dudas, Hans Hoffmann es el principal exponente plástico de Capinota, razón por la que nos sentimos orgullosos de su trayectoria y de su aporte a la plástica boliviana, que todavía se engrandecerá en el futuro inmediato por las potenciales proyecciones de este nuevo Maestro boliviano.

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