Los Kjarkas son Personajes del Año 2008 de La Razón

Los Kjarkas

Son “un monumento nacional”, califica David Händel, director de la Orquesta Sinfónica Nacional, y lo explica: “Son representativos de todo el país, no sólo de una parte”. Cuenta este académico -que puso a la Sinfónica a tocar junto a Los Kjarkas-, que le cupo escuchar no pocas veces, en sus recorridos por las calles de Bolivia, la voz de alguno de los Hermosa que salía de una casa, de un local o de un receptor de radio pegado a la oreja de un transeúnte.

“Creo que es el grupo sin fronteras internas”, afirma el director de teatro y librero René Hohenstein desde Santa Cruz. “Su impacto es indudable y me ha pasado que no pude lograr unas entradas para escucharlos aquí, tal la cantidad de gente que quiere verlos”.

 

Gonzalo Hermosa, el líder del grupo folklórico, revela que este año, en momentos en que la efervescencia política había marcado peligrosas líneas de división entre el oriente y el occidente del país, vestidos con ponchos y con el acento colla que es parte de su herencia, se subieron al escenario de Sonilum en la capital cruceña. “No lo decíamos, pero sentíamos algo de temor por la posible acción de un grupo radical. Sin embargo, conscientes de nuestro rol, nos dijimos que debíamos estar allí y en todo el país, cantar más que nunca para los bolivianos”. La reacción de la gente les confirmó lo que ya sabían sobre el cariño incondicional de sus seguidores.

 “Nos sentimos bolivianos, así, ampliamente; pero más que sólo por nosotros, lo que pasa es que los demás nos hacen sentir bolivianos: si estamos en Villazón, pareciera que nacimos allá, y lo mismo pasa en Puerto Suárez”, dice Gonzalo Hermosa que, casi invariablemente, como uno de los hermanos mayores, es quien toma la voz para hablar del grupo. “Hemos aprendido a conocer la inmensidad de lo que es ser boliviano desde niños, desde nuestra familia”.

 Los padres de los hermanos Hermosa, el núcleo de Los Kjarkas, nacieron en Arampampa, localidad nortepotosina, una de las zonas más deprimidas por la pobreza, pero también dueña de una rica tradición musical. La pareja Hermosa Gonzales migró hacia el sur de Cochabamba y se asentó en Capinota (a 70 kilómetros de la capital). Allí crecieron los hijos: cinco varones y dos mujeres. “Éramos siete: Wilson -que falleció en febrero del 2008-, Luis Castel, yo (Gonzalo), los gemelos Margarita y Ulises -este último compositor, desaparecido en los 90-, Rosa y Elmer”, todos con talento musical. “Ninguno de nosotros aprendió con maestro, ¡con decir que no dominamos el solfeo!, porque a veces el solfeo te hace cuadrado; el oído y el intelecto nos hacen libres, podemos volar mucho más lejos, sin mucho equipaje, mucho más libres hacia el cielo”. Una libertad que en la época de juventud de los hermanos, por las concepciones sociales, no alcanzó a las mujeres de la familia, que así nunca llegaron a los escenarios.

 “Como músicos son excepcionales”, retoma la palabra Händel, “saben lo que quieren, tocan lo que desean, y esto, una identidad muy particular, explica su impacto no sólo en Bolivia, sino fuera de las fronteras”.

 La cantante orureña Zulma Yúgar ubica a Los Kjarkas, “uno de los grupos más destacados de las últimas generaciones”, como herederos de otros tantos artistas bolivianos que fueron dejando huella con la música nacional y el sentido de integración que cultivaron. “Los Jairas, Gladys Moreno, Raúl Shaw, Gilberto Rojas… crearon un movimiento en los años 60 y 70, que Los Kjarkas supieron continuar con un estilo muy propio e identificado, creo que tal es el punto determinante, con los jóvenes”.

 De herencias y cambios habla Elmer Hermosa, el menor de la familia y el cantante principal del grupo. “Mi abuela, madre de mi madre, escribía canciones y poemas, escribía coplas para el Carnaval, era inspirada, hablaba en verso y cuando quería decirle algo a mi padre o llamarle la atención, le cantaba en copla”. Esto se lo contaron muchas veces al artista que, siendo el hermano menor, no llegó a conocer a la abuela. Pero él lo repite, pues es su legado y la explicación de su propio talento.

 Gonzalo rescata también la figura de su padre, quien “influyó en nosotros” y fue quien le regaló una guitarrilla para reemplazar la guitarra prestada con la que siendo un adolescente buscaba el contacto con el público valluno.

 Claro que, dice este Hermosa, “sin Capinota quizás los hermanos hubiesen tomado rumbos muy distintos”. Esa zona del valle cochabambino “es como un inmenso libro de tradición; se nos permitió estar ahí y leerlo… los campesinos que bajaban de las montañas con sus sikus, con sus huayños y sus jula julas o sus tarqueadas de Carnaval nos dieron las bases para que podamos incidir en la música tradicional de Bolivia y darle nuevos rumbos, nuevas esperanzas, caminos, y abrir un horizonte mucho más amplio”.

 Por supuesto, enfatiza Zulma Yúgar, “Los Kjarkas no son cochabambinos sino bolivianos; así se los considera dentro del país y fuera de él”. Estos músicos, “como pocos, han asumido su rol integrador, su papel como comunicadores, de manera que no se identifican con una sola región y así lo entiende la gente”.

Pero, ¿qué es ser boliviano? “Es algo que hemos aprendido a conocer en la inmensidad del paisaje del país, en sus costumbres, en sus hombres y mujeres que, siendo diferentes, le dan sabor a esta tierra. Ser sólo altiplano, ser sólo monte sería tan monótono. Lo mismo pasa con las personas”, argumenta Gonzalo Hermosa.

 “Hemos conocido cruceños alegres, comunicativos; chapacos poetas, con ganas para bailar y cantar. ‘Nosotros también somos así’, nos hemos reconocido. ¿Dónde está la diferencia?, ¿qué nos separa?”.

De hecho, el propio grupo, que tiene como núcleo a los Hermosa, se ha abierto desde sus primeros años no sólo a ritmos distintos, sino a músicos de diverso origen. Uno de ellos, pilar del conjunto desde hace 35 años -Los Kjarkas han cumplido 38 este año-, es Gastón Guardia.

 Este intérprete explica que no necesita ser Hermosa para sentirse parte de la familia. “Hemos compartido tanto, por años, sobre todo sueños y trabajo para hacer del grupo lo que es, que sí somos una gran familia”.

 Este grupo que resume una historia de unidad en un país diverso, que ha proyectado su imagen creativa por el mundo, que aporta a la formación de nuevos talentos a través de centros culturales: uno en La Paz, otro en Cochabamba y uno más en Arequipa (Perú)… estos bolivianos son los Personajes del Año 2008 del periódico.

De las opciones que redactores y editores pusieron a consideración -como se hace cada año con el objetivo de resaltar la labor de las personas que aportan al desarrollo del país-, los argumentos a favor de los músicos, en este año particularmente difícil para la convivencia entre los bolivianos, fueron incontrastables y motivaron el voto unánime.

(de la página web de los Kjarkas)

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