“Sikaya, pueblo querido…”

Ríos y campanas, valle estremecido, calicanto y fiesta
Suena el tren de mi memoria, es agosto Tata Agustín Santa Rosa
La jarka en la plaza, sikus desbordando calles
Olor de huerta en la paqoma ( 1), son los carnavales
Así eres Sikaya: pasado y presente de mi viva.

Juan Mallqui

Ese el título e introducción del wayño tradicional que el PUSISUYU reinterpreta en su último disco, “Memoria y Verso” (2007), una singular propuesta de antología de wayños nortepotosinos de los últimos cuarenta años, y parte de su colectivo reconocimiento a este pueblo; y a través de él, a todos los pueblos de la periferie, de aquellos casi desconocidos y nunca retratados en las crónicas del sistema, ubicados en las “fronteras de la región”, donde la intersección y la interculturalidad de los pueblos es un hecho cotidiano e histórico. Allá donde las regionalizaciones y los límites territoriales carecen de sentido, y más bien, desnudan la artificialidad de éstas como argumento derivado de otros intereses.

Un poco de contexto e historia
En el trayecto del abandonado ferrocarril de Cochabamba a Oruro, pasando por Capinota, Irpa Irpa y Orcoma, se llega hasta la antigüa estación de Higuerani, sobre el río Arque. Cruzando este río y otro afluente menor se encuentra Sikaya, casi flotando inmerso entre sus movedizas orillas, a las que debe gran parte de su historia.
Desde el siglo pasado hasta fines de los años noventa, su ubicación estratégica frente a esta estación, y en el comienzo de la ruta de ingreso a lo pueblos nortepotosinos, hizo de Sikaya un pueblo de permanente conexión cultural con los pueblos de Sakaka, Acacio, San Pedro de Buena Vista, Santiago e Iturata, cuyos habitantes transitamos ininterrumpidamente a pie por esta vía.
Históricamente, el espacio donde se encuentra Sikaya era el valle de los Soras, pueblo étnico aymara cuya puna se encuentra en Oruro. Luego durante la colonia y república hasta 1953, sus comunidades fueron sometidas al sistema hacendal por los hechos ya conocidos del sistema político imperante. Esta historia hace de Sikaya -como muchos en Bolivia- un pueblo donde se cruzaron en el tiempo territorialidades étnicas con procesos de campesinización y arraigado mestizaje en comunidades originarias y ex haciendas. Resultado de esa amalgama, hasta hace poco, la organización espacial del pueblo mantenía rasgos originarios, pues el pueblo se dividía en cuatro partes o alcaldías de campo como expresiones del antiguo ayllu: Uray Kantu, Wichay Kantu, Anoqaya y Qhorata, que convivían con la organización sindical emergente, y luego con su conversión en tercera sección municipal en los 90. Hoy predomina lo sindical.

El tren y los ríos en la memoria del wayño
Sikaya es un pueblo labrado de versos y caminos, una combinación clave para la memoria colectiva.
Sikaya como valle angosto lleno de huertas. Con su jarka al centro de la plaza, rodeado de laderas y senderos de thaqos, de monumentales chilijchis floreciendo desde agosto como transeúntes perennes. Sikaya con su incansable calle principal y el wasa calle cuyas aguas fluyen por canales de piedra y barro. Sikaya de los muros de calicanto blanco rojizo protectores de la mazamorra y las riadas impetuosas del verano.
Sikaya, desde aquel 28 al 30 de agosto de 1985 en la fiesta del Tata Agustín y Santa Rosa, es parte de nuestra memoria de todas las fiestas y conmemoraciones compartidas, de los amores de paso y de los de siempre, de todos los trayectos y encuentros escurridos por los caminos y ríos que nos juntan a los transeúntes, de aquellos sonidos que seguimos escuchando hasta ahora en las chirriantes rieles del tren y la indescriptible emoción de las campanas de llegada y partida. Rieles del tren paralelos al curso del río Arque ahora abandonados en la intemperie del olvido, como testigos de esa serpenteante historia de idas y venidas, vividos por todos lo nortepotosinos y cochabambinos que recorrieron este trayecto, y por aquellos que todavía lo transitamos.
Por ello, el pueblo mismo y la canción “Sikaya pueblo querido”, simbolizan este encuentro de pueblos en los caminos y en la melodía de los wayños, la imbricación cultural del Norte Potosí con los valles colindantes de Cochabamba, más allá de las absurdas fronteras departamentales y regionales impuestas.
¡Jallalla y Salud!

(1) Paqoma, costumbre rural de carnaval que consiste en el “robo” consentido de los frutos de la huerta durante la visita de la autoridad originaria a las familias de la comunidad. Por extensión, se aplica también al “robo” de las jóvenes parejas en la fiebre carnavalera.

http://www.opinion.com.bo/Portal.html?CodNot=16870&CodSec=21

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