Capinota, los agustinos y la Virgen del Socavón

(Artículo original: Origen del culto a la Virgen Candelaria del Santuario del Socavón, escrito por Bernardino Zanella, en Santuario del Socavón)

La primera información que tenemos sobre una fiesta de la Candelaria, relacionada al texto del evangelio de Lucas (2, 22-38), que nos habla de la presentación de Jesús al templo y la purificación de María, la encontramos en un documento de fines del siglo IV (año 380, aproximadamente). Se trata de un diario de una mujer española llamada Egeria (o Silvia), que viajó a Jerusalén y anotó su experiencia en un texto que se titula: “Itinerarium vel peregrinatio ad loca sancta”. Hay que tener en cuenta que en la iglesia de Oriente la fiesta de Navidad se celebraba el 6 de enero. Por lo tanto, la fiesta de la Presentación de Jesús y Purificación de María, luego llamada Candelaria, se celebraba cuarenta días después, el 15 de febrero. Así escribe Egeria:

“Aquí (en Jerusalén) se celebra con gran solemnidad el día cuarenta después de Navidad. En ese día se hace una procesión desde la Anástasis, a la que van todos, y se hace todo según el rito, con máxima alegría, como en Pascua. Además, todos los sacerdotes predican, lo mismo que el obispo, comentando el paso del evangelio en que se cuenta que el día cuadragésimo María y José llevaron al Señor al templo, y que lo vieron Simeón y la profetisa Ana, hija de Fanuel, y las palabras que dijeron al ver al Señor, y la ofrenda que hicieron los padres. Y después de haber hecho en forma ordenada todas estas celebraciones como se acostumbraba, se celebran los misterios y termina la función con la despedida”. No se habla todavía de candelas, pero sí de una fiesta ya importante antes del año 400.

 

Desde Jerusalén la fiesta se extendió a todas las iglesias de Oriente. Al inicio del siglo VI ya es fiesta de guardar, con el nombre de Hipapante (encuentro del Señor). 

Se comienza a hablar de luces y de candelas al inicio del siglo V. El papa Gelasio I (492-496) prohibió lo que quedaba en Roma de los “Lupercalia” en honor de Luperco, el dios que vigilaba los rebaños y los cuidaba de los asaltos de los lobos (lupi). Eran antiguos ritos romanos de purificación antes del inicio de la primavera (hemisferio norte). La introducción en Roma de la fiesta de la Purificación de la Virgen, que venía originalmente de Jerusalén, se prestó perfectamente para sustituir los ritos antiguos. La fiesta se celebra el 2 de febrero, cuarenta días después de la fiesta de Navidad (que la iglesia de Occidente celebra el 25 de diciembre). En el año 667 la fiesta de la Candelaria ya está codificada en la liturgia de Roma, en el Orden de San Pedro, y se celebra con la procesión de cirios. En el siglo VII la fiesta aparece entre las cuatro fiestas marianas más importantes, junto con la Anunciación, la Asunción y la Natividad de la Virgen. En el siglo VIII el papa san Sergio I hace traducir en latín los cantos de la fiesta griega, que son adoptados para la procesión de Roma.

 La introducción de los cirios en Roma parece debida inicialmente a motivos contingentes, porque la procesión desde la iglesia de San Adrián se iniciaba cuando todavía era noche, para llegar al alba a la iglesia de Santa María Mayor.

 El primer texto de bendición de las candelas es del siglo X. La bendición de cirios era precedida por la bendición del fuego, como en la noche de Pascua. La procesión tenía carácter penitencial: el papa y los cardenales iban con ornamentos de color negro y con los pies descalzos. El motivo era porque justo al comienzo de febrero en Roma se seguía celebrando una especie de carnaval muy licencioso, los “Amburbalia”. Los fieles llevaban a sus casas las velas bendecidas y las encendían en momentos difíciles: calamidades, tempestades, agonía de un familiar, un grave peligro, en la espera de una persona que no regresa a la casa, etc.

 En los inicios del siglo XVI desde Europa la fiesta de la Candelaria llega a América Latina, y a Oruro al final del siglo.

 Como la fiesta de la Candelaria llega a Oruro

 Solicitados por el encomendero de Paria, Lorenzo de Aldana, los padres Agustinos vinieron desde España y se dedicaron a la evangelización del Altiplano boliviano. Sus primeras fundaciones son Challacollo, Paria, Toledo y Capinota en 1559, Sucre y La Paz en 1562, Tapacarí en 1563, Colpa en 1570, Cochabamba en 1578, Potosí en 1584, Tarija, Pilaya y Pascaya en 1588, Copacabana en 1589…, Oruro en 1606.

 La fundación agustiniana de Challacollo, Paria no fue sólo un centro de irradiación evangelizadora, sino también un centro de promoción social, convertido “en una empresa industrial y agropecuaria de notable potencial; su acción misional quedó teñida por la preocupación asistencial y, aun, por la de una incipiente estación experimental rural” (Josep Barnadas, La iglesia católica en Bolivia, La Paz 1976, pág. 43).

 La sensibilidad de los Agustinos por la situación de los indígenas, sobre todo por los trabajadores de las minas, se percibe claramente en las reflexiones de Antonio de la Calancha, el más famoso cronista agustiniano del siglo XVII: “Pero más indios que metales han molido los ingenios, pues cada peso que se acuña cuesta diez indios, que se mueren. En las entrañas del monte resuenan ecos, de los golpes de las barretas. Que con las voces de unos y gemidos de otros, semejan los ruidos al horrible rumor de los infiernos” (Crónica moralizada del Orden de San Agustín en el Perú. Lima 1978, vol. V, pág. 1680).

 Igualmente, otro gran agustino, Luis López de Solís, escribe: “Los clamores destos naturales por los grandes y muchos agravios que reciben de los españoles les llegan a los oídos de Dios” (Carta del 15 de marzo de 1597).

 Los Agustinos traían una fuerte devoción mariana desde España, donde la fiesta de la Candelaria se había establecido ya en el siglo XI como una de las cuatro principales fiestas marianas. Saliendo de España, habían tocado como último puerto, antes de cruzar el océano, Tenerife, en las Islas Canarias, donde existía un Santuario dedicado a la Virgen Candelaria. De ahí la devoción a la Candelaria “se había popularizado especialmente entre los marineros que la tomaron como abogada y la izaron al lado de los timones en las procelosas travesías hacia América” (Guillermo Vásquez Cuentas).

 Ya antes de la llegada de los Agustinos a Bolivia, el Concilio Limense I, en 1551, había establecido qué fiestas se deben guardar: “Todos los domingos del año, la fiesta de la Circuncisión, la fiesta de Reyes, los primeros días de las tres Pascuas, la fiesta de la Ascensión de Cristo, la de Corpus Christi, y las cuatro fiestas de Nuestra Señora: la Natividad, la Anunciación, la Purificación (Candelaria, el 2 de febrero), y la Asunción” (Constitución 21).

 Lo mismo se dice en la Constitución 55 del mismo Concilio; y en las Constituciones para los españoles, y en las Constituciones para los indios, del Concilio Limense II (1567). En el Concilio Limense III (1582-1583) se habla también de las procesiones antes de la Misa mayor de esas cuatro fiestas más solemnes de la Virgen.

 Los Agustinos que llegan al Altiplano de Bolivia tienen claras estas indicaciones eclesiásticas, fortalecidos también por su espiritualidad mariana. En distintos lugares ofrecerán al pueblo su devoción, privilegiando la advocación de la Virgen Candelaria: en Iroco, en Potosí, en Copacabana, etc., lo mismo que en Perú, Colombia y Chile.

 El encomendero de Paria, Lorenzo de Aldana, había creado un Mayorazgo o fundación benéfica a favor de la religión y de los indígenas encomendados a él. En esa fundación había volcado toda su riqueza proveniente de la explotación agrícola y minera. Ampliamente beneficiados por Aldana habían sido los Agustinos. Ellos tenían en la zona de Oruro, Poopó, el Choro, una importante hacienda agrícola. Es probable que con la ayuda de Aldana ellos hayan construido la Capilla de Pie de Gallo, para el servicio religioso a sus trabajadores y a los mineros. Y que en esa capilla a algún Agustino o a algún otro artista se le haya encargado pintar la admirable Imagen de la Virgen Candelaria. Aldana muere en el 1573, diez años antes que Francisco Tito Yupanqui tallara, en 1583, la Imagen de la Candelaria para el santuario de Copacabana, igualmente confiado a los Agustinos en 1588. Aldana había nacido en 1508 en Extremadura, en la ciudad de Cáceres, donde era grande la devoción a la Virgen Candelaria.

 Posiblemente con la nueva fundación de los Agustinos en Oruro, en 1606, se reduce la importancia de la capilla del Socavón, porque la atención estará centrada en el convento recién fundado, con tres sacerdotes y dos hermanos.

http://www.santuariodelsocavon.com/index.php?option=com_content&view=article&id=66:boletin-de-mayo-2009&catid=5:el-chiru-chiru&Itemid=6

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