Volver a la tierra…

Lápida de Don Hugo Rocabado Soria, Alcalde Municipal en repetidas ocasiones, quien descansa junto a su madre en el cementerio local, bajo tierra, a petición suya.

El hombre por naturaleza tiende a su lugar de origen. Desde el comienzo de cada vida se va estableciendo una ligazón estrecha entre la tierra, el paisaje y la esencia de cada ser humano. Esta unión se hace más fuerte por la influencia de la familia cercana: el padre, la madre y los hermanos que crecieron junto a cada individuo, rodeándolo de amor y de vínculos fraternos. A esto se suma la influencia de los amigos, que entre los provincianos está conformado por los círculos de parientes y conocidos que conforman su familia grande. El sólido círculo se abre hacia los vecinos cercanos o un poco más lejanos, que acompañan como testigos interactivos el crecimiento de cada persona. Es un crecimiento personal, generalmente positivo.

Por eso cada tierra no sólo es el paisaje que rodea a cada quien, sino el hábitat inmediato, de personas y cosas que influencian en su personalidad de manera sutil y definitoria. La tierra y el hombre son uno. El hombre se debe a su tierra y vive por ella, vive en ella. Quiere vivir siempre en ella.

Nuevas experiencias y nuevos horizontes pueden alejarlo y desarraigarlo. Actúan centrífugamente y tienden a separarlo de lo suyo. La mayor parte es trashumante,  se va. Parte en busca de mejores destinos. Mirando atrás con nostalgia o, a veces, con rencor. No todos tuvieron una infancia feliz o armónica. Por eso prefieren lo nuevo y la búsqueda de nuevas condiciones materiales o espirituales.

Bajo un molle capinoteño y junto a sus padres pidió ser enterrado Don Carlos Montaño Daza, maestro y poeta reconocido, quien murió en La Paz.

Lo más normal, sin embargo,  es vivir con la imagen de la infancia. Con los recuerdos y las añoranzas de tiempos pasados. La nostalgia no sólo es sensación subjetiva es, también, el recuerdo de esa simbiosis con el medio, con la naturaleza. Con  el clima que mejor se aviene a su salud. Es el recuerdo de sus pares, de los suyos, con los que compartió la sensación de bienestar y de equilibrio en algún momento de su vida.

Es natural, entonces, que la mayor parte quiera volver a su tierra, aunque sea en el final de la vida, después de haber tentado fortuna en otros lados. Muchos cumplen su sueño, lo hacen realidad, aunque la mayor parte sucumbe ante sus nuevas realidades y se pierde para siempre en tierras foráneas.

Existe, sin embargo, otro grupo de paisanos que nunca vivieron fuera de su tierra; que aun siendo parte de su paisaje cotidiano, se separa voluntariamente o son separados de él en el momento final de su vida. El cuadro que pintaron con tanta dedicación aparece trunco, hueco en el momento de la última pincelada. Sus huesos y el polvo de sus carnes sirven para alimentar tierras extrañas. Sus lápidas sin historia  adornan cementerios en otras latitudes.

Por esto,  reivindicamos que el afán o la vocación de “volver a la tierra” no debe ser una pose poética o discursiva, sino una aspiración que debe hacerse realidad en vida, tempranamente, aunque, si es tardía,  puede cumplirse aún en el momento de la muerte. Hasta en la muerte.

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    Por hoy no fluyen mis palabras tanto como cuando nuestros Padres estaban con vida, se hace un nudo en la garganta y nos quita la inspiración cuando la vida de nuestros seres queridos, se nos vá, y tras el segundo del adios, nos damos cuenta que ya no es posible poder compartir, reir, jugar, planificar, crear una música, o simplemente escuchar juntos algunas melodías que nos llenaban el alma.
    Estimado Fernando, mi sentido pésame por ti y toda la familia, y lo único que puedo decirte es que tengas fortaleza, pensando en que los siguientes en partir podemos ser nosotros, con una diferencia significativa…. que nuestros hijos, disfruten de la compañia de su Madre y la nuestra hasta que digan basta, y llenen todas sus aspiraciones donde no quepa un solo espacio para las cosas pendientes. Que ellos sean felices y compartan cada instante de sus vidas con sus Padres. Que grven en sus mentes y sus corazones momentos que les permitan recordarnos siempre felices o intentando ser felices. Pues así talvés tengamos tranquilidad en el más allá cuando nuestros cuerpos dejen de sentir la plenitud de la vida, cuando nuestros corazones dejen de latir, cuando nuestros cerebros dejen de pensar y cuando nuestras vidas cumplan su apreciado, valioso y corto espacio de tiempo.
    Fernando…. Fortaleza querido amigo y paisano Capinoteño!


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