Alegría, color y orden en la fiesta de la Virgen de la Asunción

En el atrio de la iglesia de San Pablo se colocó a la Virgen donde sus devotos le ofrendaron flores y velas

Nos causó grata impresión la realización de la fiesta de la Virgen de la Asunción, que sufrió notables cambios con relación a cómo se realizaba en décadas pasadas. Los cambios se deben a los procesos de “modernización” que sufren las áreas rurales. No se ven los sicuris de antes, lo que es lamentable. No se ven los campesinos, tocando y bebiendo en la puerta de la iglesia, ni la cantidad de miski boleros, jugadores de cartas de “mayor y menor”, ruleta y otras diversiones de antaño. Tampoco se venden más cántaros ni p´uñus en la cancha de futbol. Por el contrario, allí se instalaron juegos eléctricos para los niños, donde resaltaba una rueda panorámica o carroussel giratorio.

En fin, no hay más la fiesta a la que estábamos acostumbrados. Ahora la fiesta es dirigida por la parroquia y sus curas, la mayor parte de origen extranjero.  Lo más llamativo es el bajo consumo de bebidas alcohólicas, lo cuál nos parece altamente positivo, dada la tendencia al alto consumo de alcohol en las fiestas lugareñas, muchas veces promovido por las mismas autoridades municipales.

Existe también una tendencia a imitar, en miniatura, a las fiestas de otros lugares, principalmente el Gran Poder y Urkupiña, fiesta ésta que se realiza al mismo tiempo y que ejerce una fuerte influencia en Capinota y en todo el departamento.

Aparte de los actos propios de la liturgia católica, se preparan algunos números centrales, siguiendo la costumbre: la verbena, la entrada de las fraternidades y el calvario.

El acto central es la entrada de las “fraternidades”, que bailan frente a la imagen de la Virgen. Detrás de ella se encuentra un jurado calificador debidamente controlado por el párroco. En la mesa vimos a algunas monjas de la parroquia y, representando al Municipio, a la concejala Simona Mita. Como anunciaba el presentador, el jurado califica no sólo la calidad de la presentación, sino, también, la puntualidad. 

Se presentaron un total de siete fraternidades, todas con ricos y coloridos atuendos. El colegio de Buen Retiro entró bailando Tinku y música del norte potosino. El Colegio secundario se presentó bailando música de Tarabuco. El sindicato de Transporte Pesado hizo ostentación del baile de la morenada; el de Transporte Mixto, el de los negritos. La fraternidad de la Alcadía organiza y dirige el grupo de la diablada y la Parroquia el grupo de la chapaqueada. Llamó la atención la presencia de un grupo invitado, el Movimiento Cultural Afroboliviano que, llegando desde los Yungas, alegró la tarde con sus ritmos originales de saya. Sus cantantes nos dejaron un mensaje para los Kjarkas, al decir, “que los Kjarkas no confundan saya con caporal, lo que estamos bailando es saya original…”

Al final de la tarde vimos a las familias retornando a sus hogares contentos y con los padres sobrios. Consideramos que es un gran logro de las autoridades de la iglesia local que debiera ser promovido. El mal ejemplo de Quillacollo puede cundir; allí los bailarines no quieren bailar sin el estímulo de las bebidas y sin el auspicio de la cervecera. Esperemos que esto no ocurra nunca en nuestro pueblo.

 
Los tarabuqueños son bien dirigidos por un zampoñero de garra y buen pulmón
La Parroquia presentó su grupo de baile chapaco, con música suave y cadenciosa
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