Archive for noviembre, 2011

Luis Minaya escribe en torno al Premio de Novela 2011

El escritor de origen capinoteño, Luis Minaya Montaño, envió una carta, con relación a los desubicados comentarios de Wilmer Urrelo, quien fungiera como Presidente del Jurado del Premio Alfaguara, en sentido de que , con excepción de la novela ganadora, todas las demás estaban mal escritas, desprovistas de estrategias narrativas y con un lenguaje descuidado que debería merecer varias correcciones. El texto de la carta de Lucho Minaya es el siguiente:

“El ojo en tinta

Por Agencias – Agencia. Publicado en Los Tiempos, 13/11/2011. 

Por Luis Minaya*

Les debo una disculpa a Pepearana, Camila, Tílito y Julieta por someterlos a una humillación que no se merecen. Cualquier tardecita nos iremos a tomar un café para comentar el desenlace de nuestra aventura literaria.  Ya escucho los comentarios urticantes de Pepearana, que a pesar de su cinismo es un gran tipo. Julieta oscilará entre sus criterios de mujer moderna y despabilada con los de su irreprensible vocación maternal. Y mi preferida Camila me dirá, “no te hará mal una dosis de humildad. Nada de lamentos. A llorar al río y a seguir adelante”. Lo sé, mis hijos ficticios me lo perdonarán todo, pero igual les debo una explicación.

Mi responsabilidad es haberlos involucrado como protagonistas de “Warisata Times”, una novela sobre la vida de un profesional boliviano nacido ganador,  que de pronto se halla víctima del sistema político global al que defendió con tesón. Luego de varios años de inexplicable cautiverio, un día se halla libre en una calle de Madrid, sin identificación y vacío de poder personal. Es un don nadie indocumentado, luego de haber sido un Don Todo, al que le toca exigir justicia para recuperar su identidad moral y cívica.

La novela no tuvo suerte y hace parte de las otras 39 que el jurado del Premio Nacional de Novela ha condenado al tacho de basura “porque no presentan ni el cuidado necesario en el trabajo del lenguaje ni en la estructuración y utilización de estrategias narrativas ni en la complejidad de mundo”. Les explicaré a mis hijos ficticios que la novela de un escritor consagrado y veraz como Ramón Rocha Monroy ha corrido la misma suerte, lo que me alivia el padecimiento. Y les recordaré algo que me honra, haber ganado el Premio de Novela Erich Guttentag con “El Cadáver de Leonardo”.

Pepearana afirmará burlón que  la declaración del jurado resuena como un fatídico dictamen del Santo Oficio. Julieta indagará si las complejidades del mundo sirven de justificativo. Se desatará entre nosotros una discusión sobre teorías narrativas, que la delicada Sung Go escuchará impaciente; detesta debatir sobre los patriarcados morales y normalizadores.

Será Camila –el ángel de la historia– la que ponga el dedo sobre la llaga cuando reclame por mi infidencia, por haber usado sus vidas para aspirar a un premio. ¿Tan poco valemos para ti?

No Camila, si me presenté al concurso fue por acercarme un milímetro a las novelas que iluminan nuestro imaginario nacional, como ocurre con “Repete”, de Céspedes; “Juan de la Rosa”, de Aguirre; “Raza de Bronce”, de Arguedas; “La Chaskañawi”, de Medinacelli; “Yanakuna”, de Lara; “Socavones de Angustia”, de Ramírez; “Felipe Delgado”, de Saenz; “Los deshabitados”, de Quiroga Santa Cruz. Esa es mi meta como escritor; no hay recompensa más importante que esa, Camila.

Demasiado ambicioso, demasiado humano, me reprochará Sun Go Han. Y tendrá razón. Al cabo de otros intentos explicatorios  mis hijos ficticios se darán cuenta de mis torpezas y me darán un abrazo y me sentiré contento. Lo intentamos, y eso es lo bueno, dirá la filosófica Julieta. El cáustico Pepearana me dejará perplejo –como tantas veces– cuando me compare con los campesinos del Tipnis a los que una patrulla policial intentó meter en el tacho de basura de la historia.  “Pepearana, ¡¡¡pero qué cosas dices!!!”, protestará su enamorada Julieta. “Fíjate como le quedó el ojo”, le responderá señalándome la cara.

Sung Go Han concluirá el debate diciendo que nadie habría quedado con el ojo en tinta si el jurado alegaba que dado el excelente nivel de las obras presentadas se abstenía de mencionar a ninguna, para no discriminar.

Exonerado de culpas por mis hijos ficticios retornaré a mi mesa de trabajo para atender a los ángeles, a las ninfas, a las musas, a los fantasmas y a los demonios que de tanto en tanto me visitan para conversar sobre cosas bolivianas.

*El autor es escritor 

lumimo@gmail.com”

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Caen “chuteros” en Apillapampa

Juez envía a cárcel de Quillacollo a 17 acusados de traer “chutos”

Darynka SÁnchez A. dksanchez@opinion.com.bo. Publicado en Opinión,  el 14/11/2011

Chuteros aprehendidos en Apillapampa, Capinota, son enviados a la carcel (foto de Opinión)

Las diecisiete personas aprehendidas en la localidad de Apillapampa (Capinota), la noche del jueves 10 de noviembre, cuando traían 12 vehículos “chutos”, repuestos y mercadería no respaldada legalmente, fueron detenidas preventivamente en la cárcel de San Pablo de Quillacollo por orden de la juez cautelar del Cercado, Rosario Butrón.

La defensa de los detenidos dijo que se cometieron varios errores en el proceso de la detención e investigación preliminar. Otros abogados cuestionaron el que se hayan enviado a los 17 a una misma cárcel, tomando en cuenta que lo ideal es separarlos para evitar que obstaculicen la investigación. 

El director de Régimen Penitenciario Dennis Mejía, confirmó que los 17 fueron recluidos a las cinco de la madrugada de ayer en la cárcel de San Pablo. Investigadores del Control Operativo Aduanero (COA) sospechan que se trata de una banda internacional de contrabandistas atrapada in fraganti y los 17 fueron imputados por los delitos de contrabando y asociación delictuosa, previstos en el Código Tributario boliviano.

Para este delito se establece en las normas vigentes privación de libertad y decomiso de la mercancía. 

Ninguno de los “chuteros” tenía documentación que respalde la internación legal de los motorizados a territorio nacional. 

El comandante regional del Control Operativo Aduanero (COA), Miguel Ocampo, informó el jueves en la noche que tras realizar un operativo en Apillapampa localidad cercana a Capinota, decomisaron 12 vehículos (cuatro camiones, cuatro volquetas y cuatro carros livianos) repuestos y accesorios como llantas, cabezas de camión y otros autopartes.

Detalló que los vehículos salieron de Challapata el miércoles en la noche y efectivos del COA les interceptó a las 18:00 del jueves. Entre los detenidos estaban los choferes y los “loros” (que son los guías y los encargados de atender desperfectos y otros).

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Comimos y brindamos con nuestros muertos

Como todos los años pasamos una agradable e interesante fiesta de difuntos. El Primero de Noviembre es noche de visita obligada al cementerio, donde nos reencontramos con nuestros muertos. Parientes cercanos, amigos y conocidos son rememorados por lo menos con el pensamiento, cuando no con unas velas al pie de cada tumba. El cementerio capinoteño es relativamente nuevo. El antiguo estuvo ubicado donde hoy es la cancha de futbol, desde donde fue desplazado a su actual ubicación. Por eso las tumbas más antiguas son de mediados del siglo pasado, a lo sumo de la década del 30.

Hasta hace poco tiempo existía una pequeña sección con tumbas de piedra donde se encontraban algunos nombres de origen irlandés, inglés o judío. Ahora vimos que solo quedan una o dos tumbas de éstos personajes. Una especialmente me llamó la atención. Su epitafio dice: Kenneth W. Powlison, 1935. Su tumba fue construida en 1927 por el artista Tomas Arze. Los otros fueron desalojados y sus tumbas ocupadas por nuevos personajes. Esto demuestra el poco apego que tenemos a ciertas pautas históricas. Quienes eran estos personajes y cómo llegaron a dar con sus huesos en Capinota? La respuesta no es fácil. Sólo quedan algunas referencias o recuerdos difusos sobre el paso de estos señores.

También nos percatamos que la parte antigua del cementerio está siendo remozada y es la preferida por los parientes para enterrar a sus deudos. Está muy poblada. En ella se vieron cientos de personas visitando a sus parientes, poniendo velas y ofrendándoles con flores o música de banda, amén de unas chichas en el suelo.

Es lamentable el estado del pabellón de los excombatientes, que lleva el nombre de Mausoleo de los Excombatientes, donde sólo unos pocos, como Don Ismael Rocabado, yacen en él. Pareciera que la mayor parte de los excombatientes prefieren otros lugares para ser enterrados. Esta actitud está propiciando el descuido de las autoridades, puesto que este mausoleo muestra múltiples rajaduras y grietas.

En la parte delantera del cementerio están algunos conocidos capinoteños muertos en las últimas décadas. El lugar está bien cuidado.

El día dos de noviembre, como todos los años, visitamos algunas mesas de mast’akus de algunos conocidos que fallecieron en el transcurso del año. Visitamos las mesas de Don Aquino, el emprendedor mulero que quiso construir la casa más alta del pueblo; la de Doña Esther Villarroel Larrain, muy bien guarnecido gracias a la dedicación de sus hijas; lo mismo que la mesa del fornido y alegre matarife, Flaviano Flores, y la mesa de Manuel García,  que se la preparó en el local que se conocía como “El taco”. Don Manuel fue de los primeros en traer una mesa de billar, y en su local muchas generaciones de jóvenes aprendimos a manejar el taco. Finalmente, visitamos la mesa dedicada a la memoria de Doña Filomena Enríquez, de esa numerosa familia de buenretireños, donde fuimos gratamente convidados por sus familiares y esposo. Circularon tragos de todos los colores, chicha especial, cerveza fría, y como epílogo, un suculento plato de picante mixto. 

Como para no quejarnos, al final de la jornada retornamos a la casa con una bolsa llena de t’anta wawas, que las comimos durante una semana. Los panaderos no trabajaron durante los tres días posteriores al Día de los Muertos.

En el camino recordamos un Alabado, rezo picaresco de los niños de hace tres décadas y que hoy han desaparecido:

“Allí viene William Bendeck,

levantando polvareda.

Le daremos un balazo,

en su llanta delantera”.

“Alabado sea el santísimo,

sacramento del altar.

Y la Virgen concebida,

sin pecado original”.

 

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