Archive for diciembre, 2012

El retorno

Por Edgar Claure Paz

 

Reidora mestiza, coplera morena,

retorna conmigo, vuelve a Capinota.

Trenza tus cabellos, viste tus polleras;

volvamos al tiempo de cirios antíguos,

a nuestros fantasmas y dulces andares

por entre las sendas de huertos frutales.

 

Con aires alegres de quena y charango

aremos la tierra, amante serena,

cubramos simientes preñadas de vida

en surcos mojados de sudor y esfuerzo.

Junto al vegetal milagro, desafiando alturas,

pintemos de sol todas las montañas

y esmeralda pura su valle festivo.

 

Bebamos la chicha de nuestros abuelos,

mece tu cintura al son de mi canto

y ya sin nostalgias, con trinos de aves,

susurros del rio y coplas felices,

reidora morena, coplera mestiza,

vivirás conmigo allí, en Capinota.

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Artículo de Humberto Guzmán sobre Capinota

El conocido intelectual Humberto Guzmán Arce, solía visitar Capinota en sus años de juventud, según su propio relato, que lo transcribimos más abajo. El Diccionario Cultural Boliviano, dice que Humberto Guzmán Arce nació en Cochabamba, en 1907, y falleció en 1994.  Era Abogado, político, periodista, narrador y novelista. Fue declarado ‘Maestro de la juventud’ en 1954, fue Fundador y director de la Sociedad de Escritores y Artistas de Bolivia (1938-1955), además de Miembro de la Academia Boliviana de la Lengua.

Porfirio Díaz Machicao escribió sobre él lo siguiente: “Prosa depurada y bella. Ha revelado con emoción la vida selvática y cuando pone el toque descriptivo en el valle, su tierra, es maestro”.

Sobre Capinota escribió el siguiente artículo, que estimamos fue escrito en la década de los treinta. Nos da una idea cabal sobre la geografía y algo del movimento inelectual del pueblo en esa época.

 

CAPINOTA A TRAVÉS DE LOS RECUERDOS DE MI JUVENTUD Y

DE MI INFANCIA

Por Humberto Guzmán Arce

El año 1914 se iniciaba la construcción de la ferrovía de Oruro a Cochabamba, cuando la comunicación entre ambas ciudades se mantenía con los servicios de los destartalados vehículos llamados “diligencias” que circulaban por la angosta carretera que pretendía vencer las ríspidas serranías de Arque, Tapacarí y Changolla para aproximarse a la altipampa de Oruro.

Si bien los pasajeros de los viejos rodados que arrastraban las cuadrigas de mulas, se sobreponían a la desazón y a las incomodidades del viaje, ante el ilusorio afán de salir al extranjero o por lo menos visitar el centro político de La Paz, en cambio aquellos otros pasajeros que hacían el viaje de retorno a sus lares cochabambinos, consideraban que el calvario al que fueron sometidos tocaba a su fin al llegar a Capinota, cuya plácida campiña era llamada por algunos poetas “alivio de caminantes”, porque los fatigosos peregrinos podían hallar en ella sosiego y hospedaje, disfrutando de los afamados vinos de la bodega de la “Viña Vieja”.

El interés de los escritores del país, que venían a residir temporalmente en el rincón más plácido de los valles cochabambinos, procedía de la mágica atracción de la naturaleza del tríptico paisajista de Capinota, Playa Ancha y Buen Retiro, que ejercía su influencia telúrica y estética sobre el estado de ánimo de aquellos hombres...

El interés de los escritores que venían al rincón más plácido de los valles cochabambinos, procedía de la mágica atracción del tríptico paisajista de Capinota, Playa Ancha y Buen Retiro, que ejercía su influencia telúrica y estética en su estado de ánimo…

Después de dos décadas volví a Capinota, cuando el tránsito ferroviario había cobrado inusitada actividad con el transporte de la producción agrícola de Cochabamba hacia los centros mineros y hacia el mercado de consumo de la sede de gobierno nacional. Encontré en Capinota las amplias instalaciones de la estación principal de Buen Retiro que aceleraba el tráfico en toda la extensión de la línea ferroviaria a Oruro, y hallé también la organización de la industria vitivinícola que había reunido a varios técnicos de la comunidad italiana, que vinieron a establecerse en la amena campiña de Capinota, cuyo clima de tibieza sin letargo y cuyo panorama luminoso de vides y cultivos, había cobrado merecida fama para atraer a los poetas y escritores de La Paz y Oruro, que venían a disfrutar temporalmente de la amena placidez de aquel rincón del valle cochabambino.

Este fue el motivo que me indujo a renovar mis viajes a Capinota, para frecuentar mi relación con don Juan Francisco Bedregal y su hija Yolanda, con José Eduardo Guerra y Josermo Murillo Vacareza, y tantos otros escritores que se congregaban en aquella campiña durante el periodo de sus vacaciones anuales.

Y al hacer una afectuosa referencia a estas figuras representativas de las letras bolivianas, no podré olvidar a mi dilecto amigo y fraternal compañero de aulas don Víctor Urquieta Frontanilla, con quien estudié el curso de humanidades en el Colegio Bolívar de mi ciudad natal. Dotado de una capacidad crítica afinada para seleccionar las mejores obras de nuestras letras, Víctor solía acudir solícitamente a mi residencia para proponerme temas de prolongada conversación que solían concluir en el intercambio de los libros de Jaime Mendoza, Alcides Arguedas, Armando Chirveches y otros autores que estaban en boga en aquella época, por haber renovado la corriente romántica con el predominio de la tendencia realista que enriqueció la narrativa boliviana.

Con el correr de los años vengo a comprender que la inquietud intelectual de Urquieta, a la par que el interés de los escritores del país, que venían a residir temporalmente en el rincón más plácido de los valles cochabambinos, procedía de la mágica atracción de la naturaleza del tríptico paisajista de Capinota, Playa Ancha y Buen Retiro, que ejercía su influencia telúrica y estética sobre el estado de ánimo de aquellos hombres que supieron aprovechar los momentos de lucidez interior para seguir ensanchando con ahínco el patrimonio de su cultura.

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Suplementos periodísticos por el aniversario de Capinota

Por Antonio Rocabado Q.

Foto del periódico del Centro de Residentes Capinoteños en La Paz, 1975

Foto del periódico del Centro de Residentes Capinoteños en La Paz, 1975

Disponemos de una colección de suplementos periodísticos sobre Capinota; de aquellos publicados  en días cercanos a la conmemoración del aniversario de la fundación de la provincia que se recuerda cada 1º de octubre, y en esta fecha, por efecto de la Ley de la República promulgada el 1º de octubre de 1908 para dicha creación, durante la presidencia de Don Ismael Montes.

Con este memorable motivo, nos complace hacer una breve revisión general de la variedad de escritos insertados por capinoteños a tales suplementos. Nuestra colección en homenaje a Capinota comienza con un denominado “Órgano del Centro de Residentes Capinoteños en La Paz”  lanzado el 1º de octubre de 1974 con el título en “quechuañol” de “Kaypi…Nota”, bajo la dirección entusiasta de Fernando Rocabado Q., que a la sazón ejercía las funciones de Secretario de Juventud y Deportes del Centro de Residentes capinoteños en esa ciudad. Al año siguiente, por la fecha de octubre, la misma organización editó otro número de tal órgano en un formato de papel sábana más grande recordando a su pueblo.

Los artículos preparados por Fernando Rocabado Quevedo, Tito Urquieta Márquez, Romelio Mercado Navia y Raúl Maldonado Nogales para “Kaypi…Nota” trasuntan nostalgia por el terruño de sus amores, y también, revelan sinceras preocupaciones por la contaminación del río Arque, el estado de los defensivos que protegen al pueblo del embate del río, la administración de la cooperativa que ese entonces controlaba la energía eléctrica, y los trámites que se hacían para un moderno sistema de agua potable.

Posteriormente, aproximadamente desde la década de los 80, el diario “Opinión” de COBOCE a instancias de su Director, el capinoteño Dr. Edwin Tapia Frontanilla, propició durante varios años la emisión de separatas dedicadas al aniversario capinoteño con artículos preparados por inquietos hijos del pueblo que escribieron sobre sus recuerdos de otros tiempos felices. Varias de estas separatas, inscribieron asimismo saludos alusivos a la fecha de parte de las autoridades locales, Alcaldes y Subprefectos de turno. Lo más notorio de estas ediciones auspiciadas por COBOCE en su propio diario, es que no se desaprovechó ninguna ocasión para colar a los suplementos una variedad de imágenes y propaganda de la cooperativa de cemento.

En otros aniversarios, los respectivos Alcaldes Municipales de Capinota, prepararon con  financiamiento propio, periódicos independientes con noticias municipales en una variedad de formatos y papeles, con secciones similares a los boletines informativos corrientes de las comunas, incluyendo descripciones de las construcciones de obras de sus gestiones.

Por otra parte, en ciertos aniversarios, ante la indiferencia de las autoridades capinoteñas, pero a instancias de grupos de paisanos se logró agregar al menos una paupérrima porción de página extra en la edición normal del diario Opinión. Este es el caso, por ejemplo, del sábado 1º de octubre de 1994 de Opinión, donde incorporaron dos artículos: la reiterada “Remembranza” del Dr. Hugo Tapia Frontanilla con recuerdos de niñez, y la añeja columna del ineluctable narrador costumbrista Tito Urquieta Márquez con el título de “Rescatando tradiciones”, esta vez con el tema de “El Tinku” (posteriormente, siempre en separatas de aniversario, escribiría sobre otros rescates: “La machada” (1991), “La fogata de San Juan”(1992), “El uma ruthuku” (2007), etc.).

Suponemos también, que en algún aniversario, quien sabe con qué auspicios, se escribieron memorables crónicas sobre Capinota, como aquellas sobre la contaminación minera y del cemento de COBOCE de la década del 80 encargados a la benevolencia de periodistas de la talla de Rafael Peredo o Alfredo Medrano del diario Los Tiempos. En este sentido, tenemos un recorte de prensa antiguo y sin fecha de registro, con un notable escrito de nuestro recordado maestro de historia y novelista Humberto Guzmán Arce con el título de “Capinota a través de los recuerdos de mi juventud y de mi infancia”, que lo transcribiremos íntegramente en un próximo artículo para los amantes de nuestra tierra. Así pues, sería deseable obtener para este medio de difusión informativa otros escritos del recuerdo que realmente merezcan archivarlos para perpetua memoria.

Finalmente, más allá de la anterior revista sumaria de suplementos conmemorativos antiguos, que considero fue una excusa para escribir sobre Capinota, no nos resistimos de comentar, un poco en esta oportunidad y abundar mucho más en otra ocasión, sobre el contenido del último suplemento dedicado al aniversario capinoteño, 29 de septiembre de 2012, (ver http:/www.opinion.com.bo), y que se lo publicó con el rimbombante título de “104 años de viñas y campiñas” (cabal e irónicamente cuando ya casi no existen viñedos en nuestro valle y la deforestación/erosión hizo añicos con las campiñas).

La situación es que el suplemento de marras contiene numerosas imprecisiones, y ciertamente fue elaborado con deliberada ligereza, incluyendo por ejemplo, sin nuestra autorización, una nota sin sentido mutilada de una amplia aclaración que se hizo a Opinión respecto al asunto de los locos de Capinota, que tuvo repercusiones negativas en días previos al aniversario.

La separata observada del reciente aniversario contiene igualmente varios artículos sobre “historia” capinoteña sin sustento bibliográfico alguno, y esto realmente sorprende y preocupa, puesto que en la actualidad el Internet brinda al público tal cantidad de información, que obliga rutinariamente a los investigadores a escudriñar puntillosamente la abundantísima información falsa de la verdadera. Por ello, escribir actualmente sobre Historia sin sustentos documentales es simplemente una patraña, un embuste, y hasta podríamos decir: es pedante, al estilo del canciller Choquehuanca que dice leer la historia en las arrugas de las piedras y de los viejos.

Se han dedicado a las Capinotas de Bolivia varios escritos desde 1550. Desde el 1976 hemos podido examinar en diarios, revistas y libros abundante información histórica sobre Capinota, y como fruto de ello, en los inicios de emisión de este “blog”, preparamos una Bibliografía mínima sobre Capinota con la pretensión de alentar el estudio serio de la historia local. Pero, aparentemente, nuestros desvelos cayeron en un saco roto, porque las falacias históricas campean casi en todos los recientes suplementos conmemorativos del pueblo, tan igual como sucede en otros lugares de nuestro atribulado país.

Y no es que falte información. La Bibliografía sobre Capinota que preparamos hace tan sólo dos años para este medio de difusión ya quedó obsoleta. Aunque, sin embargo, cabe recalcarse que el libro “Etnicidad, territorialidad y colonialismo en los Andes: Tradición y cambio entre los soras de los siglos XVI y XVII” de la Dra. María de las Mercedes del Río (Edición 2005 del Instituto de Estudios Bolivianos, Av. 6 de Agosto Nº 2080, La Paz), sigue siendo un imprescindible referente para la historia de la noble Villa de Capinota del Departamento de Cochabamba.

Para acabar con esta corta perorata, debe señalarse que los topónimos de Capiñata y Capinota se discutieron ampliamente en “Presencia Literaria” de junio y agosto de 1976, entre Ramiro Condarco Morales y el francés Thierry Saignes, y no es posible seguir especulando nuevamente con ridículas acepciones, creencias, o gustos sobre el origen de la palabra aimara Capinota (“Kapu-nutha”, “Kapon Uta”, y hasta “Kaipy Nota”, que alguna vez fue considerada la raíz del término). Tienen la palabra los entendidos en historia, arqueología, antropología o en lingüística.

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