Historia de los molinos de Capinota e Irpa Irpa

Por Nelson Paz Claure

Continúa el deterioro de los molinos de Capinota e Irpa Irpa, pese a su valor histórico

Continúa el deterioro de los molinos de Capinota e Irpa Irpa, pese a su valor histórico

Terminada la guerra de la independencia, Bolivia queda libre del yugo español un 6 de agosto de 1825; la gran tarea de reconstruir la Patria comenzó en los cortos periodos de gobierno del Libertador Bolívar y del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, este último comprobó que las mejores tierras y haciendas estaban en poder de la Iglesia y otras en poder del Estado.

Luego de pequeños interinatos el tercer gobierno llega a ser el del Mariscal de Zepita, don Andrés de Santa Cruz y Calahumana, hombre dotado de grandes virtudes e inteligencia a toda prueba. Apagados los fulgores de las batallas había que comenzar a vivir, edificar la casa, con arquitectura hecha con la ley de Santa Cruz, nacido de madre india y de padre criollo, simbiosis de futuro y de guerrero, gobernante y legislador, fue el quien dio las primeras leyes, que tuvieron vigencia por más de un siglo.

Como Vicepresidente de la República, le acompañaba su leal camarada el General José Miguel de Velasco, quien por haber intervenido en las batallas de Junín y Ayacucho, tenía derecho a percibir una indemnización de guerra: “En premio de lo que le cupo en el millón de pesos decretado por la Asamblea General de Bolivia, a favor del Ejército vencedor de Junín y Ayacucho”. Conforme reza en el acta de adjudicación de los molinos y tierras de Cucuni, Camarani, Cuchu Punata y Saracosi. Es así que cumplidas las diligencias de mensura, inventarios, avalúos y constatación de que se trata de los terrenos vacantes pertenecientes al Estado, el gobierno del Mariscal de Santa Cruz decide adjudicar el fundo en 17.531 pesos, valor de su tasación practicada el 29 de diciembre de 1828 por el perito Francisco María Robles, en favor del Excmo. Señor Vicepresidente de la República General José Miguel de Velasco, no obstante de que este valor era inferior a la deuda que el Estado reconocía en favor del héroe, quien toma posesión de la finca por medio de su apoderado el Dr. Miguel Salguero y Claure, expresada su conformidad y declarando saldada su cuenta en su memorial de 27 de julio de 1829, corrientes a fojas 12 del expediente relativo.

Cabe recalcar que la propiedad comprendía también Taracollo serranía próxima a Orcoma, Yuruni, Perigallo, Paicori, Saracosi o Jaracosi.

Antes de instalarse en la hacienda el General vivió un corto tiempo en Capinota en la calle de la Iglesia, la tercera casa contando de la plaza 15 de Agosto, hasta que se habilite la casa hacienda que estaba frente a los molinos de cuatro paradas (un edificio con cuatro molinos), y comenzó la explotación de las fértiles tierras de lo que hoy se conoce como Irpa Irpa, hasta el advenimiento de su muerte en su tierra natal de Santa Cruz de la Sierra, el 13 de octubre de 1859. Fue Presidente de la República en cuatro oportunidades. Posteriormente, la familia Velasco a través de sus legítimos herederos continuó explotando los molinos y tierras de Cucuni, sufriendo el original fundo divisiones y subdivisiones como consecuencia de sucesiones hereditarias; algunos miembros de esta familia sentaron raíces en Capinota como la señora Elena Velasco de Wichthendall Velasco, que poseían la propiedad de Apillapampa.

Los famosos molinos de Cucuni que son parte de la historia de Capinota y lógicamente de Irpa Irpa, están emplazados en un lugar estratégico del Valle Bajo, tuvieron influencia en la economía de la región y no es exagerado afirmar que en aquella época lo era todo para el poblador de la zona, pues de la transformación del grano en harina se tenía para negociar el sustento de la familia, en la elaboración del pan de cada día, para hacer el muck’u, huiñapu, khako para la chicha.

Un siglo después de la adjudicación de la hacienda Cucuni y de los molinos por el general Velasco,  en 1928, hallándose esta propiedad en trance de remate por insolvencia de su propietario señor Alfredo Suárez, que debía al Banco Hipotecario de la ciudad de Cochabamba, aparece el ciudadano Don Vitaliano Ledesma Guzmán, coronel del Ejército boliviano nacido en Irpa Irpa, este coronel acababa de conseguir su jubilación después de una brillante carrera como agregado militar en las embajadas de Brasil, España, Francia, Alemania, declarado benemérito de la guerra del Acre y del Chaco, pese a estar en muchos lugares del mundo prefirió volver a su tierra natal e invertir sus ahorros de toda su vida en la adjudicación de los molinos y terrenos pertenecientes a esta hacienda.

El Coronel Ledezma pese a estar jubilado volvió a la campaña del Chaco, donde a su retorno trae consigo 50 presos paraguayos (patapilas) contingente este que trabaja en la hacienda, fungiendo de herreros, albañiles, carpinteros, etcétera, mismos que transformaron la hacienda en una de las mejores de la cuenca del río Arque.

Cuando llegaban las lluvias paraban los molinos para su mantenimiento y era esta época que aparecían los “llameros” que eran campesinos del altiplano que traían productos propios de la puna, para el trueque con productos del valle, estos incluso llegaban hasta el Valle Alto, las 500 o más llamas cargaban sal, pito cañahua, chuño, charque de llama, etc. Y cambiaban con maíz especialmente hacían etapa en Capinota e Irpa Irpa, hacían harinar en los molinos del lugar lo del trueque y retornaban al altiplano, estas llamas nunca salían del río pese al invierno que era la época que aparecían los llameros en las calles del pueblo para ofrecer sus productos; lamentablemente, el progreso dejó atrás la importancia de los molinos que ahora están en ruinas y las autoridades poco o nada hacen para restaurarlos y que podrían ser un atractivo turístico y seguirían trayendo dinero a sus pobladores.

Anotamos, finalmente, que la construcción de los molinos de Sicaya, Palermo, Irpa Irpa y Capinota se hizo por orden del capitán Lorenzo de Aldana, dueño del repartimiento de Paria, al que pertenecían Capinota y las poblaciones antes nombradas.

5 comentarios so far »

  1. 1

    enrique garcia-ayaviri said,

    Estimado Nelson: Me gustó tu articulo.Tienes datos historicos ajustados a la realidad. Refuerza la percepción de que el Valle de Capinota fue un centro de innovacion tecnologica agropecuaria y de comercializacion muy importante desde muy al principio del encuentro hispano-kolla en el siglo 16. Me gustaría leas mi articulo “La Fundacion de Capinota” La Razon 24 abril 2009. Creo que se podrían restaurar los molinos para el Turismo. Habría que buscar financiamiento privado. Creo que es cuestión de encontrar a algunos capinoteños e irapairpeños intersados en aportar a esta iniciativa. Saludos cordiales,
    Enrique
    Enrique García Ayaviri

  2. 3

    octa said,

    pues esto traeria muchisimos ingresos si estos molinos serian un lugar turistico porque de estos ya nos se hacen y al tener tanta historia pues tiene un valor incalculable el alcade de capi deberia de hacer algo con esto no creen pero los de capinota solo prefieren mirar, les (vale.).

  3. 5

    ROLANDO ANCIETA ASPETTY said,

    Claro que es muy importante la restauracion de nuestra historia…. Le agradezco sinceramente por tan importante aporte a la narración de nuestra historia y los órigenes de nuestro pueblo… Hoy me toca simplemente aplaudir a los valientes capinoteños que supieron resistirse a ser migrantes, y que viven el presente de su pueblo…y hoy por hoy siguen escribiendo en piedra nuestra historia.
    Un abrazo fraternal Don Nelson.


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