Noche de Difuntos, noche de encuentro

Cementerio

Miles de velas alumbrando el cementerio en la noche oscura

Como todos los años estuvimos en la cita con los Difuntos, en el cementerio del pueblo. Allí se dan cita todas las familias y casi todos los capinoteños. Todos tienen alguien a quien venerar o recordar. Allí se produce un reencuentro con los suyos. Con el espíritu de cada uno de los que ya han partido.

El tiempo era bueno. Propicio para que las velas que llevé para mi padre y mis abuelas no se apaguen. El camposanto en su conjunto rebosaba de luces pequeñas, millares de velitas que como luciérnagas alumbraban las tumbas en la oscuridad.

Por allí pasaron también parientes y amigos, los de la infancia, los de la familia, los que llegaron para la fecha. Aquellos que todavía recuerdan a los que han partido hace ya algunos años. Compartimos con ellos y con los amigos de las tumbas vecinas, donde no faltaba alguna banda o un grupo de niños rezando. Rezos modernos, porque los tradicionales ya se han perdido. Nos invitaron cócteles y chicha. También convidé de mi propio singani, similar al que mi padre elaboraba hace 40 años.

Lindo momento de reflexión y reencuentro.

Al día siguiente, sábado, Día de los Difuntos, fuimos a esperar la llegada de los que partieron el último año y a compartir las ofrendas de sus familiares, colocadas en grandes mesas donde brillan toda clase de golosinas y hasta las comidas que fueron del gusto de los difuntos.

Fernando Paz

Grupo de niños rezando alrededor de la mesa dedicada a Fernando Paz Claure

Este año nos tocó participar sólo en dos mesas. En primer lugar estuvimos compartiendo con Fernando Paz Claure, aquel amigo de la infancia con el que jugábamos futbol con una pelota de naranja, de las naranjas que se producían en la plaza. Fernando, que después se volvió una persona taciturna, era un habilidoso gambeteador, además de ser un buen contador de cuentos, sobre todo de terror. Nos sentábamos a escuchar y compartir estos cuentos en algún asiento de la plaza, de donde no nos movíamos por temor a pasar por la esquina donde había sido degollada una mujer, o por la otra esquina donde reinaba la “billarbola”, abusadora de niños. En esos tiempos no había luz en las calles y retornar a la casa era una odisea similar a la de llegar al cementerio de noche.

Posteriormente nos fuimos, ya en grupo, a visitar la mesa de Alberto Angulo, esposo de la carnicera Teresa, la que nos provee suculentos cortes para parrilla, y quien murió joven en un accidente de tránsito. La atención fue esmerada. Allí se volcó la mesa y fuimos convidados a un picante de gallina, regado con una apetitosa chicha natural, sin azúcares ni endulzantes.

Apu Lucusa

El grupo de zampoñeros Apu Lucusa visitando las diferentes mesas preparadas en el pueblo y ofrendando su música

La novedad fue la visita del grupo de viento “Apu Lucusa” que por propia iniciativa, estuvo visitando algunas mesas y ofreciendo todo su repertorio vernacular, donde predominan los sones zampoñeros y las lloronas tarkas. Este grupo, comienza a hacerse conocer, reivindicando y rescatando la música grupal de nuestros pueblos, ahora cada vez más rara. Es un grupo numeroso, de diez componentes, casi todos relacionados con el Centro Cultural Capinota.

En síntesis, buena comida y buena música para celebrar la llegada de nuestros muertos, en la fiesta más linda del año.

1 Response so far »

  1. 1

    Edgar R. Claure P. said,

    Que nostalgia del pueblo-cuna!. !Sus costumbres, sus leyendas, sus cuentos (de terror, y los otros que acunaron nuestra infancia), sus leyendas y sus anécdotas! Les acompaño siempre, los recuerdos se hacen mas vívidos con la distancia y los años que cargamos en las espaldas, esas que alumbra el sol de la tarde. Todo se hace nostalgia y mas cuando la provocan personajes como Fernando (mi primo hermano y tio, simultáneamente) o el hijo de la carnicera, del herrero -malhablado y reidor que era- del “mach`a Miguel”, de Juancito el sombrerero, de don Pastor Gallinate y su guitarra acompañando el ocaso de todos los dias, del legendario arquero Oscar Mercado; el noble Oscar Larrain, un general que recordaremos siempre sus compañeros de armas, o nuestro Dr. Coco Rojas; en fin de nuestra gente – la nuestra siempre, tan querida – que recordamos, aunque estemos lejo0s y que añoramos con ustedes con el simbólico singani o el incomparable vino que fabricaba don Hugo Rocabado. Todos, ahora, son recuerdo que revivimos con ustedes y festejamos el haberlos tenido a nuestro lado; no importa cuando, estuvieron.
    Lindo artículo el de ahora. Sigan adelante. Estamos a su lado.


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