En la Feria del Guarapo, la plaza tiene vida propia

12376678_1035698589809788_4697857461002015011_nPor Miguel Paz Vélez

Puedes sentir el aroma dulce en el aire. Puedes sentir esa brisa cálida que nos envuelve en un momento intacto y nos permite encontrarnos, con la tierra, con la uva, con la música de nuestros corazones encendidos.

Cada año acudimos al llamado de una fiesta que nos transporta en el tiempo y mueve la esencia misma de nuestra identidad cultural, de nuestras raíces y de nuestros instintos.

Hoy es la feria del Guarapo y se empieza a sentir una atmosfera cálida que huele a tierra húmeda y a uva recién pisada. Suena la música y puedes ver cantaros adornados con flores mientras cateas jugo de uva negra macerada con una danza de sabores, aromas y texturas.

El centro del pueblo es el lugar de encuentro de amigos, vecinos, paisanos y desconocidos. Viejos, jóvenes y niños. La plaza de Capinota es el alma de una fiesta que nos conecta con lo antiguo de nuestra memoria y nos recuerda que somos uno.

Mientras paseas por las calles de Capinota puedes ver que el pueblo se prepara para la gran fiesta. En la plaza se preparan los puestos de venta de guarapo y exquisiteces culinarias típicas del valle. Después de un lambreado de conejo, y después de haber cateado las tres variedades de guarapo. me animo a darle mi primera jarra de uva negra.

Son las cuatro de la tarde y suena el temple endiablado del charango de don Bony Alberto Terán. La plaza empieza a hervir. El guarapo nos ha poseído. Suenan la zapateada y las palmas. Empezamos a bailar.

La plaza está repleta. El guarapo de uva blanca de doña Alejita es lo mejor del universo. Mientras los jóvenes dan vueltas en la plaza, algunos ya se parquearon en alguna esquina o en frente del Quiosco, que es el escenario ideal para fundirse con la gente.

Con el atardecer se evaporan los complejos y los miedos, estamos ardiendo en una fiesta que nos muestra casi transparentes. Todos nos conocemos.

Las K`ochalitas hacen volar sus polleras multicolores mientras nos sumergimos cada vez más en la noche y en los encantos del guarapo. Sapateadito! Sapateadito! La noche nos envuelve y nos desenvuelve. La plaza tiene vida propia.

Aún tenemos pies para irnos. Fue un día grandioso. Nos vimos, nos reconocimos, nos recordamos, nos integramos. Disfrutamos de este elixir tan alucinante como la vida misma. Fuimos uno mientras duro la fiesta. Todos fuimos Capinoteños y no importó nada más. Al año nos volveremos a encontrar y volveremos a compartir los frutos de la tierra. De nuestra tierra.

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