Pandillas asolan en Capinota

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Multitudinaria manifestación pidiendo seguridad y combate a las pandillas en Capinota

El fenómeno del pandillerismo se percibe en Capinota cada vez con más fuerza y peligro. Como hongos surgen grupos juveniles que asolan los diferentes y, otrora pacíficos barrios del pueblo. Las pandillas se tornan cada vez más peligrosas porque no se contentan con afincarse y atemorizar en sus zonas de dominio, sino que amenazan a los pobladores y se involucran en múltiples acciones de violencia y delincuencia, sembrando la inseguridad entre los habitantes del valle, conformado en su mayoría por campesinos y trabajadores tranquilos.

Lejos están los días en que se podía dejar objetos, vehículos o casas abiertas. La gente comienza a tomar sus recaudos para asegurar sus bienes. Múltiples denuncias surgen de acciones delincuenciales. Robos, venta de vehículos robados, peleas callejeras, borracheras campales, uso de armas, narcotráfico y hasta intentos de secuestro.

En días pasados surgió la denuncia de intento de secuestro de adolescentes y niñas de escuela, probablemente en relación con tráfico o trata de personas, lo que motivó el apresamiento de un grupo de pandilleros y la movilización de la población para evitar su liberación o traslado.

Ante la falta de respuesta de las autoridades municipales y policiales, finalmente, el 24 de marzo se organizó una multitudinaria manifestación pidiendo mayor intervención policial, más justicia y más seguridad. Se buscó una mayor decisión del Alcalde, Martín Jora, con el fin de asegurarse un plan y una acción más decidida en contra de las pandillas. Se escucharon voces, pero aparentemente no hubo una clara y contundente participación de la autoridad edil. Sin embargo, el desafío está lanzado y el pueblo saturado de tantea inseguridad e impotencia. En cualquier momento podría saltar el conflicto y las gentes podrían asumir la justicia en mano propia, como ya ha sucedido en varias ocasiones.

Las autoridades deben intervenir de manera planificada y propositiva, no solamente reaccionando ante ciertos hechos muy evidentes. Proponemos, desde estas líneas, que las pandillas y sus componentes sean registrados y, en su defecto, prontuariados, tal como se ha hecho de manera exitosa en algunas ciudades del continente. Ante cualquier acción violenta o que contravenga la tranquilidad de la población, los pandilleros o los faltantes a la ley, deben ser encerrados, registrados, fotografiados y, según el tamaño de la falta, prontuariados. No esperar a que las faltas sean mayores. Por otra parte se debe dar opción a que la misma población identifique e informe sobre la existencia de grupos pandilleros y sus miembros. Todos estos grupos de mal entretenidos deben ser detalladamente identificados, numerados y su organización bien conocida por la policía, las autoridades responsables y la población en su conjunto, para actuar en consecuencia.

Sólo con acciones decididas y bien dirigidas podremos parar este flagelo cada vez más preocupante. No esperemos que las pandillas crezcan ni que nos atemoricen. Es importante la organización y participación de la comunidad en su conjunto.

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