Según capinoteño Enrique García Ayaviri, Bolivia ‘está viviendo un momento de auge artificial’

La Academia Boliviana de Ciencias Económicas (ABCE) fue fundada en 1969 por 11 profesores de la UMSA con el objetivo de aportar al desarrollo del país. La institución, que reúne a docentes e investigadores de universidades e institutos científicos del país, cuenta al momento con 36 miembros. “Podríamos decir que nosotros hemos sido la semilla de la economía moderna en Bolivia”, afirma su presidente Enrique García.

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Enrique García Ayaviri, Presidente de la ABCE

— ¿Cuáles son los principales objetivos de la institución?

— Ensanchar el pensamiento económico y enaltecer el crecimiento de la ciencia y su aplicación en Bolivia. En la ABCE tenemos tres ramas: la teórica académica, la de aplicación de la economía a la empresa y a la innovación, y la de profesionales especializados en la economía estatal y pública, personas que han hecho contribuciones al país con una aplicación sabia de principios económicos, como por ejemplo Herbert Müller. Sin él no tendríamos los actuales recursos (por el gas). NdR. Müller, ministro de Energía e Hidrocarburos en el gobierno de Jaime Paz (1989-1993), fue quien viabilizó el contrato de compra-venta de gas a Brasil.

— ¿Cómo evalúa la investigación económica en Bolivia?

— Regular. Hay muchos actores que quieren encontrar formas nuevas de ver las cosas, pero lo que falta en la academia es mejorar la calidad del investigador, no los temas. Cualquier tema puede llegar a ser útil si es que se estudian las partes importantes (…). Además, muchas investigaciones están dirigidas a probar algo que ya fue probado y mucho de eso es responsabilidad de los ministerios. Los estudios de factibilidad —por ejemplo para un camino— los sacan factibles; no hay alguno que diga “esto no es factible”, porque gastan miles de dólares en ello. Y se confunden las consultorías con la investigación (…). El problema siempre ha sido la relación entre los estudios para hacer algo y lo que realmente se hace después. Hay, asimismo, una tendencia de hacer dinero para los profesionales, porque los ingenieros y economistas que salen  (de las universidades) a veces no pueden ser empleados, por lo que optan por hacer sus consultoras y compiten para proyectos de los rubros privado o público. Aunque el sector privado casi no tiene (demanda laboral de este tipo), el público es el que convoca a estudios. Ahí el mérito es bastante oscuro, no hay transparencia ni en Bolivia ni en otros países y eso no es cuestión de un partido político o de un gobierno. El favoritismo es casi una costumbre que ha penetrado en la región desde los 50. El resultado: las carreteras, por ejemplo, se destruyen fácilmente porque las especificaciones de construcción no se cumplen, porque hay una gran diferencia entre lo que se ha estudiado y lo que se ha ejecutado. En medio está metida la corrupción. Para detener eso tiene que haber cambios en los cimientos de la sociedad misma.

— ¿De qué forma se pueden hacer mejor las cosas?

— Un país tiene que ayudarse a sí mismo, tiene que fortalecer sus propias capacidades intelectuales, educativas, morales, humanas y políticas. El propio país tiene que hacer eso y no puede estar recibiendo ayuda por 60 o 70 años con muy pocos resultados. Miles y miles de dólares de asistencia técnica han llegado a Bolivia para propiciar trabajos de muchos extranjeros, que han venido a ocupar casas en Calacoto, que educaron a sus hijos en el Calvert y que los pusieron en buenas universidades. El Gobierno americano ha pagado (proyectos), pero que de ahí saquen 60% para su propia gente es otra cosa. Los gobiernos bolivianos tienen que asegurarse de que las asistencias que recibe deben ir al lugar donde se necesitan.

— ¿Cómo ve la economía?

— Los datos económicos dan pero existe la posibilidad de que no sean sustentables a largo plazo, de que los que han subido vuelvan a bajar y de que los que han bajado vayan a estar siempre abajo. Entonces, para que una sociedad sostenga su ascenso se necesitan políticas económicas sociales que sean de largo plazo, políticas consensuadas con todos, que no sean impuestas por voluntad política. La voluntad política, a su vez, tiene que estar sustentada en ciencia, en hacer que las cosas se sostengan porque han sido bien pensadas, no porque se las ha hecho por emoción.

— ¿Y los cambios económicos?

— Dentro de la composición, por ejemplo, del salario hay mucho subsidio; termina el subsidio y terminará la calidad del ingreso de esa gente. El salario mínimo subió, también la inflación y hay cierto favoritismo del Gobierno con ciertos sectores sociales. Tenemos una economía distorsionada, subsidiada, basada más que en principios económicos en principios políticos de misericordia, de compasión. Dentro de eso, lamentablemente, las clases políticas no solo han tomado ventaja de los pobres, sino que muchas se han enriquecido.

— ¿Los desaciertos?

— La falta de inclusividad. El Gobierno se olvidó que está gobernando para todos los bolivianos.

— ¿Y los aciertos?

— Hubo buen manejo de la economía, pero eso no viene de este gobierno, es una disciplina. Ningún socialismo puede durar mucho si no equilibra bien sus finanzas. Después, creo que están gozando de un periodo de auge prolongado como nunca sucedió en Bolivia. Creo también que no hay un manejo previsor de lo que podría pasar en el futuro si es que hubiera eventos catastróficos en la economía en general, como la caída de los precios de los minerales. Bolivia sufriría ante todo un retroceso en los avances sociales que se han hecho artificialmente más que realmente. El buen ingreso de un trabajador durará si es que éste viene de su productividad, pero no durará si este ingreso se origina en un hecho fortuito, en que el mineral subió de $us 10 a 20. Ese no es un avance real (…). Estos incrementos salariales no son por productividad o por la mejora de su educación o tecnología. Entonces, esas personas no preparadas están felices, pero tienen su bienestar subsidiado. Ese es el mayor problema.

— ¿El actual Ejecutivo se está gastando toda la plata?

— No toda. Estamos viviendo un momento de auge artificial en el cual uno no ve avances en la economía real. Un avance real, por ejemplo, sería que tengamos muchos mejores caminos, mejor suministro de agua, escuelas sin vidrios rotos, que el estudiante boliviano sea más competitivo. Pero con todo lo que se gastó, el avance fue relativamente poco, hubiera sido mayor con una administración más sana y equilibrada y menos política.

— ¿Si fuera Ministro de Economía de Evo Morales por un día qué le sugeriría?

— Invertir en educación de valores, preparar a la población boliviana en habilidades para el futuro y hacer que las universidades cambien sus planes de estudio. Tenemos que empezar con la producción digital, inteligencia artificial, robótica y mejorar el transporte; dar más plata a las alcaldías sin tener en cuenta si son rojas, amarillas o verdes. El gobierno central tiene que ser como un papá por más que tenga hijos malcriados, debe ser un ejemplo y unir a los bolivianos.

Perfil:

Nombre: Enrique García

Profesión: Economista

Cargo: Presidente de la ABCE

Perito

El capinoteño posee una maestría y un doctorado en Economía, fue consultor nacional e internacional y trabajó para Usaid, además de llegar a ser presidente del Banco Central de Bolivia.

(La Razón (Edición Impresa) / Jorge Castel / La Paz / 28 de marzo de 2018)

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