Archive for Literatura

Aquellos viejos molinos

Por Antonio Rocabado Q

 (A Nelson Paz Claure, un amante de su terruño)

 

Eran varios los molinos

que había en la Cuenca del Río Arque

¡Molinos que movía el agua

cantando por las acequias!

 

Donde se molían de grano

fanegas y más fanegas

de fina y sedosa harina

que luego, en pan convertida,

alimentaba los cuerpos

de las gentes capinoteñas.

 

¡Hoy tan solo son recuerdo

de generaciones nuevas!

 

¡Aquellos viejos molinos

allí, en la Cuenca del Río Arque!

¡Ya no muelen más harina!

 

¡Pero aún siguen escuchando

el melodioso murmullo

del agua por las acequias!

 

Molino muela

Muela de molino que servía para moler el grano movida por la fuerza del agua

 

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Poema: Valle Mío

Valle Mio

Por Edgar Claure Paz

Los dias y las noches
han guardado mis raices.
Florecido en otros climas,
savia y tiempo fueron tuyos, valle mio.

Tu madera se hizo canto
viajero con las estrellas,
valija al hombro, migrante,
sin rumbos que nos detengan.

Barro y flor templaron mi espada,
cantaron la vida sus reflejos de plata;
labriega de anchos andares,
su acero, sueño alado, hizo dulce la nostalgia.

Quererte es fácil, valle esperanza,
mientras mido las distancias
que me acercan al retorno,
madurados mis silencios, a contarte mis desvelos.

Quererte es fácil, valle esperanza, mientras mido las distancias que me acercan al retorno...

Quererte es fácil, valle esperanza,
mientras mido las distancias
que me acercan al retorno…

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Carlos H. Rocabado incursiona en literatura infantil

El economista y escritor Carlos H. Rocabado, quien normalmente se dedica al análisis de la economía y la descentralización, ha incursionado en la literatura infantil con un pequeño cuento que ha merecido elogiosos comentarios después de su presentación. Transcribimos los conceptos vertidos por Mariana Ruiz en la Revista Cultural 88 grados, en su edición de noviembre de 2013:

Arturo es un marciano
Por Mariana Ruiz

Carlos Rocabado se ha atrevido a hacer algo muy valiente: se lanzó a escribir literatura dirigida a niños y jóvenes, y no solo le ha salido bien, sino que no ha perecido en el intento.

No es cosa fácil escribir algo que “interese”, “intrigue”, “dé curiosidad” y un largo etcétera de características que, según los especialistas literarios, debe poseer un texto ficcional para el público que aún “no tiene criterio formado”. Y eso es precisamente lo que Carlos ha logrado con esta historia sobre marcianos, casas seguras, gatos cómplices y lentes psicodélicos, acompañada de un plus excepcional: las ilustraciones de Óscar Zalles.

Así, pluma y pincel se combinan para dar vida a Juancho, un niño travieso, reilón y amante de los videojuegos, quien con su amigo Diego hacen todas las travesuras posibles. Pero hay un problema: Juancho no presta atención en clases… ¡es que necesita lentes! Una vez solucionado esto, descubrirá que los lentes generan, además, efectos inesperados, como el terrible descubrimiento de la verdadera identidad del niño nuevo: Arturo. Solo Juancho puede ver que él, en realidad, es un marciano disfrazado. ¿Qué hará Juancho para comprobarlo? ¿Se atreverá a ir a la casa del sospechoso? ¿Encontrará un gato aliado con el enemigo?

No daré respuesta a esas preguntas, pero sí las gracias al autor de este libro, especialmente porque en su narración describe la maravillosa experiencia de usar lentes. Solo quienes los usamos –¿cuántos somos?– sabemos lo complicado que es adaptarse a una nueva montura, una nueva medida, y los conflictos que ocasiona esta circunstancia.

La perspicacia al momento de reflejar lo que siente un “cuatrojos” primerizo es otro punto a favor de esta novela, en la que, pese a su corta extensión, Carlos Rocabado logra combinar muy bien la magia de la amistad, el peligro extraterrestre y el sentido del humor, introduciéndonos en una gran aventura.

Presentada recientemente por la editorial La Hoguera en la Feria Internacional del libro de La Paz, bajo el sello Pura letra, Arturo es un marciano confirma el saludable estado de la denominada “literatura infantil” escrita en Bolivia, a cuya lista de autores se incorpora, con un debut auspicioso, Carlos Rocabado Mejía.

Fuente: https://www.88grados.net/2013/11/arturo-es-un-marciano/

El libro se puede adquirir en librerías o por Ebay o Amazom.com, en las siguientes direcciones:

http://www.ebay.com/itm/Arturo-es-un-Marciano-Carlos-Rocabado-Literatura-Bolivia-/251415206630?pt=US_Childrens_Books&hash=item3a89839ae6

http://www.amazon.com/Arturo-es-marciano-Carlos-Rocabado/dp/9995451344/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1389363748&sr=8-1&keywords=arturo+rocabado

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Poema: Mi río

Mi río 

Por Edgar Claure Paz

 

Ay, agua, huayño germinado

en albo seno rocoso.

Ay, en tu tiempo cantor,

cómo alegrabas mi tierra

preñando de frutos el campo,

pintando de verde la alfalfa

y de azul sus flores prendidas

a tallo esbelto, paisaje infinito.

Ay, agua, rueca danzarina,

lavandera dulce, de rostros profundos,

de aguayos, kantutas color de arco‑iris,

de tiernos coloquios, de amores paridos

a la sombra dulce de sauces llorones.

Ay, agua, nacida de truenos, lluvia,

feliz corredora de acequias y ríos;

amiga del valle, del llano y los mares,

huyendo y volviendo en juego infinito.

Ay, agua, nube, rocío,

nieve, arroyo, rio,

quién te emponzoñó el vientre

con negros venenos profundos?

Qué fiebre metálica mató tu dulzura?

Quién, estaño, hombre, fiera,

borró el oro del trigo,

hirió al durazno y al surco

y te hizo sierpe, horrenda venganza,

arrasando viñas en danza furiosa,

dejando a tu paso su huella ofendida?

Qué grito, llanto, rezo, insulto, ruego, palabra, gesto,

irá al poderoso ‑ya Dios no nos oye‑

a clamar el tiempo florecido

que su codicia se llevó del valle;

a mostrar que las lágrimas salobres

antes risa, antes canto, antes vino,

hoy son pena, duelo, mineral paisaje?

los hombres agotaron las injurias:

ahora forjan truenos y cuchillos,

buscan en el tiempo su ancestral rugido.

Hallarán el túnel, la sima profunda,

el vómito infausto del “tío” escondido

para ahogarle en vindicta, vallar sus hedores

y volverte a la vida, purgada, agua nueva;

traerte, tierna, al rostro profundo,

al valle, al sauce, al trigo y al surco,

con rumor alegre, argenta, liberta,

para siempre origen, para siempre nuestra.

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El retorno

Por Edgar Claure Paz

 

Reidora mestiza, coplera morena,

retorna conmigo, vuelve a Capinota.

Trenza tus cabellos, viste tus polleras;

volvamos al tiempo de cirios antíguos,

a nuestros fantasmas y dulces andares

por entre las sendas de huertos frutales.

 

Con aires alegres de quena y charango

aremos la tierra, amante serena,

cubramos simientes preñadas de vida

en surcos mojados de sudor y esfuerzo.

Junto al vegetal milagro, desafiando alturas,

pintemos de sol todas las montañas

y esmeralda pura su valle festivo.

 

Bebamos la chicha de nuestros abuelos,

mece tu cintura al son de mi canto

y ya sin nostalgias, con trinos de aves,

susurros del rio y coplas felices,

reidora morena, coplera mestiza,

vivirás conmigo allí, en Capinota.

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Suplementos periodísticos por el aniversario de Capinota

Por Antonio Rocabado Q.

Foto del periódico del Centro de Residentes Capinoteños en La Paz, 1975

Foto del periódico del Centro de Residentes Capinoteños en La Paz, 1975

Disponemos de una colección de suplementos periodísticos sobre Capinota; de aquellos publicados  en días cercanos a la conmemoración del aniversario de la fundación de la provincia que se recuerda cada 1º de octubre, y en esta fecha, por efecto de la Ley de la República promulgada el 1º de octubre de 1908 para dicha creación, durante la presidencia de Don Ismael Montes.

Con este memorable motivo, nos complace hacer una breve revisión general de la variedad de escritos insertados por capinoteños a tales suplementos. Nuestra colección en homenaje a Capinota comienza con un denominado “Órgano del Centro de Residentes Capinoteños en La Paz”  lanzado el 1º de octubre de 1974 con el título en “quechuañol” de “Kaypi…Nota”, bajo la dirección entusiasta de Fernando Rocabado Q., que a la sazón ejercía las funciones de Secretario de Juventud y Deportes del Centro de Residentes capinoteños en esa ciudad. Al año siguiente, por la fecha de octubre, la misma organización editó otro número de tal órgano en un formato de papel sábana más grande recordando a su pueblo.

Los artículos preparados por Fernando Rocabado Quevedo, Tito Urquieta Márquez, Romelio Mercado Navia y Raúl Maldonado Nogales para “Kaypi…Nota” trasuntan nostalgia por el terruño de sus amores, y también, revelan sinceras preocupaciones por la contaminación del río Arque, el estado de los defensivos que protegen al pueblo del embate del río, la administración de la cooperativa que ese entonces controlaba la energía eléctrica, y los trámites que se hacían para un moderno sistema de agua potable.

Posteriormente, aproximadamente desde la década de los 80, el diario “Opinión” de COBOCE a instancias de su Director, el capinoteño Dr. Edwin Tapia Frontanilla, propició durante varios años la emisión de separatas dedicadas al aniversario capinoteño con artículos preparados por inquietos hijos del pueblo que escribieron sobre sus recuerdos de otros tiempos felices. Varias de estas separatas, inscribieron asimismo saludos alusivos a la fecha de parte de las autoridades locales, Alcaldes y Subprefectos de turno. Lo más notorio de estas ediciones auspiciadas por COBOCE en su propio diario, es que no se desaprovechó ninguna ocasión para colar a los suplementos una variedad de imágenes y propaganda de la cooperativa de cemento.

En otros aniversarios, los respectivos Alcaldes Municipales de Capinota, prepararon con  financiamiento propio, periódicos independientes con noticias municipales en una variedad de formatos y papeles, con secciones similares a los boletines informativos corrientes de las comunas, incluyendo descripciones de las construcciones de obras de sus gestiones.

Por otra parte, en ciertos aniversarios, ante la indiferencia de las autoridades capinoteñas, pero a instancias de grupos de paisanos se logró agregar al menos una paupérrima porción de página extra en la edición normal del diario Opinión. Este es el caso, por ejemplo, del sábado 1º de octubre de 1994 de Opinión, donde incorporaron dos artículos: la reiterada “Remembranza” del Dr. Hugo Tapia Frontanilla con recuerdos de niñez, y la añeja columna del ineluctable narrador costumbrista Tito Urquieta Márquez con el título de “Rescatando tradiciones”, esta vez con el tema de “El Tinku” (posteriormente, siempre en separatas de aniversario, escribiría sobre otros rescates: “La machada” (1991), “La fogata de San Juan”(1992), “El uma ruthuku” (2007), etc.).

Suponemos también, que en algún aniversario, quien sabe con qué auspicios, se escribieron memorables crónicas sobre Capinota, como aquellas sobre la contaminación minera y del cemento de COBOCE de la década del 80 encargados a la benevolencia de periodistas de la talla de Rafael Peredo o Alfredo Medrano del diario Los Tiempos. En este sentido, tenemos un recorte de prensa antiguo y sin fecha de registro, con un notable escrito de nuestro recordado maestro de historia y novelista Humberto Guzmán Arce con el título de “Capinota a través de los recuerdos de mi juventud y de mi infancia”, que lo transcribiremos íntegramente en un próximo artículo para los amantes de nuestra tierra. Así pues, sería deseable obtener para este medio de difusión informativa otros escritos del recuerdo que realmente merezcan archivarlos para perpetua memoria.

Finalmente, más allá de la anterior revista sumaria de suplementos conmemorativos antiguos, que considero fue una excusa para escribir sobre Capinota, no nos resistimos de comentar, un poco en esta oportunidad y abundar mucho más en otra ocasión, sobre el contenido del último suplemento dedicado al aniversario capinoteño, 29 de septiembre de 2012, (ver http:/www.opinion.com.bo), y que se lo publicó con el rimbombante título de “104 años de viñas y campiñas” (cabal e irónicamente cuando ya casi no existen viñedos en nuestro valle y la deforestación/erosión hizo añicos con las campiñas).

La situación es que el suplemento de marras contiene numerosas imprecisiones, y ciertamente fue elaborado con deliberada ligereza, incluyendo por ejemplo, sin nuestra autorización, una nota sin sentido mutilada de una amplia aclaración que se hizo a Opinión respecto al asunto de los locos de Capinota, que tuvo repercusiones negativas en días previos al aniversario.

La separata observada del reciente aniversario contiene igualmente varios artículos sobre “historia” capinoteña sin sustento bibliográfico alguno, y esto realmente sorprende y preocupa, puesto que en la actualidad el Internet brinda al público tal cantidad de información, que obliga rutinariamente a los investigadores a escudriñar puntillosamente la abundantísima información falsa de la verdadera. Por ello, escribir actualmente sobre Historia sin sustentos documentales es simplemente una patraña, un embuste, y hasta podríamos decir: es pedante, al estilo del canciller Choquehuanca que dice leer la historia en las arrugas de las piedras y de los viejos.

Se han dedicado a las Capinotas de Bolivia varios escritos desde 1550. Desde el 1976 hemos podido examinar en diarios, revistas y libros abundante información histórica sobre Capinota, y como fruto de ello, en los inicios de emisión de este “blog”, preparamos una Bibliografía mínima sobre Capinota con la pretensión de alentar el estudio serio de la historia local. Pero, aparentemente, nuestros desvelos cayeron en un saco roto, porque las falacias históricas campean casi en todos los recientes suplementos conmemorativos del pueblo, tan igual como sucede en otros lugares de nuestro atribulado país.

Y no es que falte información. La Bibliografía sobre Capinota que preparamos hace tan sólo dos años para este medio de difusión ya quedó obsoleta. Aunque, sin embargo, cabe recalcarse que el libro “Etnicidad, territorialidad y colonialismo en los Andes: Tradición y cambio entre los soras de los siglos XVI y XVII” de la Dra. María de las Mercedes del Río (Edición 2005 del Instituto de Estudios Bolivianos, Av. 6 de Agosto Nº 2080, La Paz), sigue siendo un imprescindible referente para la historia de la noble Villa de Capinota del Departamento de Cochabamba.

Para acabar con esta corta perorata, debe señalarse que los topónimos de Capiñata y Capinota se discutieron ampliamente en “Presencia Literaria” de junio y agosto de 1976, entre Ramiro Condarco Morales y el francés Thierry Saignes, y no es posible seguir especulando nuevamente con ridículas acepciones, creencias, o gustos sobre el origen de la palabra aimara Capinota (“Kapu-nutha”, “Kapon Uta”, y hasta “Kaipy Nota”, que alguna vez fue considerada la raíz del término). Tienen la palabra los entendidos en historia, arqueología, antropología o en lingüística.

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Poema a Capinota

Capinota

Por: Rosario Q. de Urquieta

Sobre tu campiña, hacia el verde

Se elevan los sueños

Ágiles sus alas

Vuelan  al  horizonte

Sempiterno.

Cuando la tarde termina

Algún misterio que encierras

Alivia el tráfago cotidiano.

Entonces en la nostalgia

Se hace presencia

Aquella  sonrisa que sellaste

En la frente de los abuelos

Que a través de los tiempos

Inspira y permanece.

¡ay!

Tierra que te describes

En el moreno rostro de tus surcos

En la pedregosa voz de tus ríos

Que ya se alejan o se acercan

Arrastrando la hora que inexorable

Habrá de venir.

Reliquia de mejores días

Ahora  escondida

Por una siniestra y torva mano

La torre de tu iglesia

Guarda los secretos

Que entre sus muros reposa

Como serena plegaria

Que susurra en el silencio  de su portal oscuro.

Cuando los faroles de tu plaza

Se coronan de luces

Sobre el ambiente bullanguero

Se abre a la esperanza

Aquella huella

Que tus venas

motivan a seguirte.

¡Salud, Capinota!

copa llena

De misterioso lirismo.

Tierra que te describes en el moreno rostro de tus surcos, en la pedregosa voz de tus ríos …

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Rubén Maldonado escribe sobre el impacto ambiental y social de la fábrica COBOCE en Capinota

Desde hace algún tiempo circula el libro “COBOCE historia de un fraude”, escrito por Rubén Maldonado Urquieta, quien se define como investigador autodidacta, dedicado a profundizar en algunos temas relacionados con su pueblo natal.  Anteriormente escribió “Origen etimológico de Capinota: “Los soras” en los siglos XVI y XVII”; y “Capinota, historia del ancestro de una sociedad de ayer para una sociedad de hoy. 1923-1952”, que toca temas relacionados con los cambios en la nueva sociedad capinoteña.

Rubén Maldonado nació en Capinota el 12 de Diciembre de 1923.  Cursó estudios hasta quinto básico en la escuela Víctor Barrientos de la misma localidad.  Durante su vida activa ha sido  Subprefecto y Honorable Alcalde Municipal de la provincia Capinota, en 1952; y  Subprefecto de la Provincia Quillacollo, en 1953. Trabajó como Notario de Fe Pública y como  Administrador de la Renta, en Cochabamba.  En 1987 fue nombrado Jefe Regional del Instituto Nacional de Cooperativas (INALCO) de Cochabamba.  Antes de su retiro de la vida laboral activa fue  Director de Finanzas, de la Honorable Municipalidad de Capinota (1995).

En el libro que ahora presenta Rubén Maldonado, trata de mostrar los graves perjuicios que ha significado para la provincia la apertura de la fábrica de cemento COBOCE, desde su gestación hasta nuestros días.  Daños que se expresan en el impacto ecológico y en el casi ningún ingreso a las arcas municipales por concepto impuestos directos de ningún tipo, ni como compensación ni como regalías.

Según el autor, COBOCE ha abusado durante más de 40 años de la tolerancia del pueblo capinoteño que cifró esperanzas en esta industria, mismas que debieran verse plasmadas en mejores ingresos para salud, educación y la misma agricultura.  Por el contrario, los pobladores que son los únicos dueños de los yacimientos mineros explotados por COBOCE, además de la tierra y el agua que esa empresa aprovecha, se sienten ignorados y desposeídos de estas riquezas.

“Todos estos antecedentes –dice el autor- me han provocado una verdadera pesadilla, como si estuviera soñando con los ojos abiertos”…  Continúa más adelante: “En el problema de depredación, donde interviene el impacto sobre el medio ambiente provocado por el hombre, será necesario efectuar con mucha seriedad e imparcialidad una auditoría técnica y medio ambiental que establezca los daños y consiguientemente pedir el resarcimiento correspondiente, conforme a disposiciones vigentes”.  “De la misma forma –dice-  tendrá que exigirse el cumplimiento de disposiciones pertinentes en lo referente a la Ley General de Cooperativas, el Código Minero, Ley del Medio Ambiente en actual vigencia”.

“Estos temas que tocamos en forma precedente –en el libro en cuestión- deberían llamar a una reflexión profunda por parte de todos los ciudadanos de la Provincia de Capinota, incluyendo el Municipio de Sicaya, organizaciones cívicas, autoridades, sindicatos campesinos y agrarios, el pueblo mismo sin distinción debe organizarse y conformar una Institución Cívica Interinstitucional junto a las autoridades departamentales y nacionales que promuevan y busquen soluciones que beneficien al sector, y no esperar a que se produzca una catástrofe de consecuencias irreversibles que pudiera lamentarse”.

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El cadáver de Leonardo, Premio Erich Guttentag

El escritor capinoteño, Luis Minaya Montaño, escribió en 1999 el libro “El cadáver de Leonardo”, que fue publicado por la Editorial Los Amigos Del Libro y por el que recibió, en ese mismo año, el prestigioso Premio Erich Guttentag. El libro consta de 390 páginas y ha sido comentado en múltiples ocasiones por diferentes críticos literarios. En la oportunidad transcribimos las opiniones del periodista Hernán Maldonado, también de ascendencia capinoteña, quien escribe desde Venezuela artículos de política, sociales y deportes en su página web Tierra Lejana http://www.tierralejana.com/main.htm. El artículo en cuestión fue escrito el 17 de noviembre de 1999 con el siguiente texto:

EL CADAVER DE LEONARDO

Por Hernán Maldonado

 Miami – Nadie que haya vivido intensamente los años de las décadas del 60 y el 70 en Bolivia podría decir que ha sido ajeno al drama que vivió el país en esa larga noche que empezó aquel 4 de noviembre de 1964.

Fueron 20 años intensos, más de frustraciones que de satisfacciones. En ese lapso – con decenas de desaparecidos, muertos y cientos de presos, confinados y exiliados – se perfiló la moderna democracia boliviana que hace apenas un mes celebró otro año de su adolescencia.

Todos esos compatriotas de esos tiempos hoy cargan canas, crían nietos y todavía, como entonces, anhelan para éstos mejores días que las que les tocó vivir aferrados a esperanzas, a quimeras.

Y se luchaba contra el gobierno militar desde la universidad, desde la oficina, la fábrica, la mina, desde la calle. El país se había atomizado. El único “partido político” unido eran las fuerzas armadas con grupos de civiles co-gobernantes, más interesados en la prebenda que en servir al país.

Los derrocados con Paz Estenssoro y encarcelados ese 4 de noviembre no entendían como otros movimientistas estaban aún en el poder con el general Barrientos. Ni como otros ex movimientistas recientes como los que conformaban el PRIN y el MNRI, y que habían contribuido al defenestramiento de Paz Estenssoro, seguían en la oposición, perseguidos como aquél.

Y a la vuelta de la esquina, tampoco era muy comprensible cómo es que enemigos supuestamente irreconciliables como el MNR y FSB pasaban a cogobernar. Y más terrible aún, cómo es que el derrocado ignominiosamente hace 6 años volvía en triunfo al país abrazado a sus derrocadores.

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Luis Minaya escribe en torno al Premio de Novela 2011

El escritor de origen capinoteño, Luis Minaya Montaño, envió una carta, con relación a los desubicados comentarios de Wilmer Urrelo, quien fungiera como Presidente del Jurado del Premio Alfaguara, en sentido de que , con excepción de la novela ganadora, todas las demás estaban mal escritas, desprovistas de estrategias narrativas y con un lenguaje descuidado que debería merecer varias correcciones. El texto de la carta de Lucho Minaya es el siguiente:

“El ojo en tinta

Por Agencias – Agencia. Publicado en Los Tiempos, 13/11/2011. 

Por Luis Minaya*

Les debo una disculpa a Pepearana, Camila, Tílito y Julieta por someterlos a una humillación que no se merecen. Cualquier tardecita nos iremos a tomar un café para comentar el desenlace de nuestra aventura literaria.  Ya escucho los comentarios urticantes de Pepearana, que a pesar de su cinismo es un gran tipo. Julieta oscilará entre sus criterios de mujer moderna y despabilada con los de su irreprensible vocación maternal. Y mi preferida Camila me dirá, “no te hará mal una dosis de humildad. Nada de lamentos. A llorar al río y a seguir adelante”. Lo sé, mis hijos ficticios me lo perdonarán todo, pero igual les debo una explicación.

Mi responsabilidad es haberlos involucrado como protagonistas de “Warisata Times”, una novela sobre la vida de un profesional boliviano nacido ganador,  que de pronto se halla víctima del sistema político global al que defendió con tesón. Luego de varios años de inexplicable cautiverio, un día se halla libre en una calle de Madrid, sin identificación y vacío de poder personal. Es un don nadie indocumentado, luego de haber sido un Don Todo, al que le toca exigir justicia para recuperar su identidad moral y cívica.

La novela no tuvo suerte y hace parte de las otras 39 que el jurado del Premio Nacional de Novela ha condenado al tacho de basura “porque no presentan ni el cuidado necesario en el trabajo del lenguaje ni en la estructuración y utilización de estrategias narrativas ni en la complejidad de mundo”. Les explicaré a mis hijos ficticios que la novela de un escritor consagrado y veraz como Ramón Rocha Monroy ha corrido la misma suerte, lo que me alivia el padecimiento. Y les recordaré algo que me honra, haber ganado el Premio de Novela Erich Guttentag con “El Cadáver de Leonardo”.

Pepearana afirmará burlón que  la declaración del jurado resuena como un fatídico dictamen del Santo Oficio. Julieta indagará si las complejidades del mundo sirven de justificativo. Se desatará entre nosotros una discusión sobre teorías narrativas, que la delicada Sung Go escuchará impaciente; detesta debatir sobre los patriarcados morales y normalizadores.

Será Camila –el ángel de la historia– la que ponga el dedo sobre la llaga cuando reclame por mi infidencia, por haber usado sus vidas para aspirar a un premio. ¿Tan poco valemos para ti?

No Camila, si me presenté al concurso fue por acercarme un milímetro a las novelas que iluminan nuestro imaginario nacional, como ocurre con “Repete”, de Céspedes; “Juan de la Rosa”, de Aguirre; “Raza de Bronce”, de Arguedas; “La Chaskañawi”, de Medinacelli; “Yanakuna”, de Lara; “Socavones de Angustia”, de Ramírez; “Felipe Delgado”, de Saenz; “Los deshabitados”, de Quiroga Santa Cruz. Esa es mi meta como escritor; no hay recompensa más importante que esa, Camila.

Demasiado ambicioso, demasiado humano, me reprochará Sun Go Han. Y tendrá razón. Al cabo de otros intentos explicatorios  mis hijos ficticios se darán cuenta de mis torpezas y me darán un abrazo y me sentiré contento. Lo intentamos, y eso es lo bueno, dirá la filosófica Julieta. El cáustico Pepearana me dejará perplejo –como tantas veces– cuando me compare con los campesinos del Tipnis a los que una patrulla policial intentó meter en el tacho de basura de la historia.  “Pepearana, ¡¡¡pero qué cosas dices!!!”, protestará su enamorada Julieta. “Fíjate como le quedó el ojo”, le responderá señalándome la cara.

Sung Go Han concluirá el debate diciendo que nadie habría quedado con el ojo en tinta si el jurado alegaba que dado el excelente nivel de las obras presentadas se abstenía de mencionar a ninguna, para no discriminar.

Exonerado de culpas por mis hijos ficticios retornaré a mi mesa de trabajo para atender a los ángeles, a las ninfas, a las musas, a los fantasmas y a los demonios que de tanto en tanto me visitan para conversar sobre cosas bolivianas.

*El autor es escritor 

lumimo@gmail.com”

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