Archive for Personajes

Fortunato Montaño, un capinoteño cineasta en Europa

235826_600

Fortunato Montaño durante una filmación

Por: Ulises Cabrera | 13/02/2017 | Ed. Imp. Periódico Opinión

 

“Urban Street” (Calle Urbana) es el título del largometraje que ha producido el capinoteño Fortunato Montaño Véliz. El filme se basa en la novela de Marcelo Zambrano, publicado en 2012.

“Es la primera película que hicimos bajo la dirección de Zambrano y tiene gran aceptación. Tras concluir la producción ahora nos estamos moviendo para presentarla en más lugares de España y en Latinoamérica”, expresó.

Montaño ayudó en la dirección del filme. La película de acción y ficción que dura 92 minutos cuenta la compleja historia de tres jóvenes amigos que se conocen desde niños, hijos de emigrantes casados con catalanes (España). Narra su lucha por ser aceptados en una sociedad donde las calles muestran su lado más oscuro.

150 personas formaron parte del equipo de producción y actores, entre ellas el reconocido actor español Antonio Ruis Mulero, el cantante ecuatoriano René Tigreros, más conocido como “El guay”, entre otros.

A días del estreno, Montaño recibió una llamada del Consulado de Bolivia. Se trató de Brian Miguel Loza Molian, quien lo felicitó por su participación en el filme. “No solo me llamó, sino vino al estreno en Barcelona, vio la peli y nos sacamos unas cuántas fotos. Me gustó el apoyo del cónsul, me motivó”.

El largometraje, que también participó en Los Premios Gaudí o Premios de la Academia de Cine Catalán, fue estrenado en salas de cine de Hospitalet (Barcelona), en Cine Estudio (Madrid) y en Tomás Luis de Victoria (Ávila). Montaño aseguró también que se presentó en Ecuador y otros países y se prevé en los próximos meses en Bolivia.

PROYECTO EN BOLIVIA: Después de esta experiencia “Urban Street”, Montaño afirma que este año realizará una película en Bolivia con una temática social bajo el género de acción y ficción.

“Ya tengo la historia armada solo me falta pulir detalles. Cuando llegue a Cocha (Cochabamba), voy a organizar un equipo para realizar este proyecto que desde hace tiempo se ha convertido en mi sueño”.

TRAYECTORIA Antes de 2006, año en el que migró a España, Montaño trabajó en el canal de televisión “Captel 10TV” de Capinota, en la manipulación de cámaras. Cuenta que desde pequeño le apasionaba el mundo del audiovisual.

A la vez, formó parte del equipo fotográfico de un foto estudio llamado “Hammer”, ubicado en plena esquina de la plaza principal de la provincia. “Me cancheaba los fines de semana en matriquis (matrimonios), 15 años, eventos privados y otros. Nos iba bien nomás”.

Para 2005, realizó su servicio militar ausentándose de su casa durante todo un año. Cuenta que esa etapa le sirvió para repensar sobre las decisiones que tomaría a futuro.

A inicios de 2006, a punto de ingresar a la carrera de ingeniería electromecánica en la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), de Cochabamba, tomó la decisión drástica de viajar a España. Su hermano mayor ya estaba residiendo en España y Fortunato viajó a conocer el país europeo. Aprovechó para quedarse, trabajar y ganar unos “pesos”. Los primeros meses trabajó de electricista: “Era bien pesado el laburo, admiro mucho a los bolivianos que viven allá y trabajan muy duro para mantener a sus familias. Más bien todavía soy soltero”.

Viendo sus capacidades en el área de producción audiovisual, buscó trabajo en canales de televisión. De todas las puertas a las que tocó, una fue la que le brindó la oportunidad. Se trató del canal 60 Sant Josep TV, donde por dos años fue operador de cámaras y encargado de la edición. Montaño, ambicioso por superar sus conocimientos, vio la necesidad de estudiar una carrera. Durante los años trabajados, ahorró un monto de dinero para poder pagar sus estudios en la universidad.

La película disponible en Latinoamérica: En su cuenta de Facebook, Montaño señala que la película Urban Street está disponible en Ecuador, Perú, Chile, México, Bolivia, Colombia, Uruguay, Paraguay, Argentina, Brasil, Venezuela y Argentina. También en los países de Centro y Norte América.

El cineasta: Fortunato Montaño Véliz nació en la provincia Capinota,de Cochabamba.

Le apasiona la filmación: En la provincia realizaba trabajos de filmación de fiestas como matrimonios, cumpleaños y quinceaños.

En la primera oportunidad que tuvo, cuando viajó a España, ocupó su tiempo en prepararse para la dirección cinematográfica y sus estudios aún no han acabado. Reside en Barcelona.

Sus estudios en cinematografía: Fortunato Montaño Véliz estudió Cinematografía en la especialidad de dirección en la Escuela de Cine Bandé á Part en Barcelona. En 2014, concluyó sus estudios y decidió abrir su propia productora denominada Montaño Films, donde ha realizado cientos de cortometrajes y decenas de videoclips para artistas latinos.

En su cuenta de facebook envía mensajes de reflexión como: “Lo más importante es ser uno mismo en la vida, no hacer daño a nadie”.

Trabajó como director de marketing en Televisión de San Joset Canal 60. Actualmente estudia inglés en la Universitat de Barcelona.

Leave a comment »

Doña Susanita y las manos expertas de las empanadas de antaño

Por: ZULMA CAMACHO G. | 01/10/2015 | Ed. Imp. Opinión.

001059_600

Susana Irusta elabora sus empanadas desde los 10 años y siempre en horno de barro

.Al llegar a Capinota, las empanadas de Doña Susanita son parte de la galeta (aperitivo) que invita al visitante a recorrer el pueblo impregnado de sabores y tradiciones que nadie olvida.

Su especialidad en las empanadas data de sus 10 años, y fue perfeccionándose con la ayuda de una joven, Lucy Fernández, que llegó al pueblo para capacitar a varias mujeres como ella, con el objetivo de brindarles herramientas para su sustento. Desde entonces, Susana Irusta Lozada ha desarrollado la técnica y sabor únicos de empanadas de lacayote, queso y picantes cocidos en el tradicional horno de barro.

A las 4 de la tarde, las primeras empanadas salen del horno, muy calentitas. Las más de 200 unidades se acaban en no más de una hora en su puesto del parque Abaroa.

Para que sus empanadas continúen siendo “unicas”, ella recolecta leña, pone a cocer el lacayote durante toda la noche y se levanta muy temprano a preparar la masa. ¿Por qué habiendo la facilidad de usar un horno a gas continúa con el sacrificado trabajo a leña? “Es que no sale igual, a leña es más rico”, afirma.

Su legado, que fue aprendido por las necesidades de la orfandad, probablemente será heradado a uno de sus nueve hijos que aún la apoyan en su actividad.

Rodeada de ellos y sus familiares, los días de trabajo son amenos y llevaderos. La Alcaldía de Capinota la distinguió en 2010 con el reconocimiento “Ciudadana Notable” por su destacado servicio cultural y por mantener las tradiciones.


				

Leave a comment »

Capinoteño asume la Dirección General de la Hoja de Coca e Industrialización (DIGCOIN).

Fuente: Periódico Cambio. Miér, 07/23/2014 – 16:32

Foto: Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras

DSC_0131El Viceministro de Coca y Desarrollo Integral, Gumercindo Pucho, posesionó a Ricardo Alvino Paniagua como nuevo director la Dirección General de la Hoja de Coca e Industrialización (DIGCOIN). En el acto de posesión Paniagua agradeció a las autoridades de Estado por la confianza depositada en su persona, manifestando que trabajará de forma coordinada con las instancias competentes del Ministerio a través del Viceministerio de Coca y Desarrollo Integral, mejorando la gestión en comercialización e industrialización de la hoja de coca.

Ricardo Albino Paniagua Orellana nació el 1 de mayo de 1959 en Capinota, de profesión agricultor. Entre otros cargos fue Secretario de Relaciones de la Federación de Comunidades Interculturales de Chimoré, secretario local del Mercado de Comercialización de la Hoja Coca de Sacaba, consultor Social de Proyecto ArBolivia; Técnico II de Justicia Comunitaria en el Ministerio de Justicia, Jefe de la Unidad de Producción del Ministerio de Desarrollo Rural y Medio Ambiente, además de Presidente de Consejo del Gobierno Municipal de Chimoré en el departamento de Cochabamba.

Comments (1) »

Capinoteño relata su paso por el correo nacional

Mario Rosales

Mario Rosales Rocabado muestra el libro en el que sintetiza su historia personal ligada a los correos de Bolivia

Un día salió del pueblo con su humilde valija, consistente en un bolso deportivo en el que no olvidó poner sus cachos de futbolista. Estaba decidido a triunfar o morir en el intento. Al poco tiempo comenzó a trabajar como cartero en Cochabamba y llegó a ser el Director General de los Correos de Bolivia. En ese momento cumplió sus sueños y la promesa que hizo a su madre al dejar Capinota.

No fue fácil la vida para Mario Rosales Rocabado, quien sólo tenía su inteligencia y una voluntad férrea para avanzar hacia el logro de sus objetivos. Desde el momento en que comenzó a trabajar se enamoró de su trabajo y de la empresa de correos, a la que dedicó los mejores años de su vida y en la que pasó los mejores de ella, según lo comenta él mismo en el libro que publicó contando todos los avatares de su carrera profesional de casi 40 años.

Macucho, como era conocido en su pueblo, no cesó de aportar y subir las escalas de la jerarquía institucional desde el momento en que empezó a trabajar. En esa carrera ocupó casi todos los cargos posibles, fue Interventor de Correos en Uyuni, Inspector Nacional de Correos, Jefe del Departamento de Transportes, Administrador de Correos en Tarija, Administrador de Correos en Santa Cruz, Director Nacional de Capacitación, Administrador Principal de Correos de La Paz, antes de ocupar el cargo máximo de la institución.

Su catapulta más importante fue la creación de los correos expreso Ultima Hora, basados en el servicio de flotas, y que tenían en su inicio más de imaginación y buena voluntad que de base técnica, aunque ya mostraban algunas características de los temas que le preocupaban: la eficiencia y la rapidez. Desde entonces siempre estuvo apuntalando y mejorando los servicios expresos para servir mejor a los usuarios, al tiempo de no doblegar a su institución ante el embate de los nuevos correos de origen transnacional como Federal Express, DHL y otros, que golpearon duramente a los tradicionales, inseguros y lentos correos nacionales. En esa marcha no desmayó en el mejoramiento del Correo Expreso y de los EMS (Express Mail Service) que ahora dan la cara de modernidad de nuestros correos nacionales.

Tanto por su experiencia personal como la del conjunto de los trabajadores postales, una de sus mayores preocupaciones fue siempre su capacitación, la del resto de los recursos humanos y la tecnificación de los servicios. De manera personal no perdió oportunidad para capacitarse contínuamente. Se recibió como Técnico Postal de Nivel Medio en Buenos Aires y, desde entonces, siguió formándose en cursos, talleres y seminarios en diferentes países del mundo, principalmente: Brasil, USA, Costa Rica y Paraguay. Lo aprendido fuera del país fue siempre objeto de réplica para el resto de los trabajadores con los que tenía relación de trabajo.

Comprendió en su momento que para tener un buen servicio postal era imprescindible seguir patrones y normas internacionales, por lo que no vaciló en estrechar vínculos y conseguir apoyo de los organismos internacionales que dan las pautas a los servicios de correos, principalmente la UPU (Unión Postale Universal) y la UPAE (Unión Postal de las Américas y España) con las que estuvo estrechamente relacionado durante toda su carrera. Por lo mismo, no fue un correista centrado únicamente en la fluidez del servicio interno, sino que buscó internacionalizar los servicios postales, lo que lo llevó a mantener estrechas relaciones con correos de otros países, con cuyos directivos mantenía una comunicación permanente.

En agosto de 1989 fue posesionado como Director General de Correos y, entonces, pudo culminar algunas de las actividades que lo tenían en vigilia. Siempre luchó por dar mayor autonomía al correo y dar mayor descentralización a los servicios locales. El 9 de octubre de 1990 y con la presencia del Presidente de la República, Jaime Paz Zamora, se dio la creación de la Empresa de Correos de Bolivia (ECOBOL) como Empresa Pública de Administración Descentralizada, con personalidad jurídica propia, de la cual fue su Director Fundador.

Desde ese puesto de expectativa, Macucho continuó con las tareas que siempre lo inquietaron: más eficiencia y más seguridad para los correos. Resultan anecdóticos los múltiples casos de lucha anticorrupción en los que estuvo comprometido, poniendo en riesgo su propia seguridad personal. Siguió, también, dotando de mayor comodidad e infraestructura a las oficinas de correos. Estrenó edificios en Sucre, Tarija y Villamontes y, el 20 de julio de 1992, hizo la entrega de la Casa de Correos de su pueblo natal, Capinota.

Hasta ese entonces y, para los que tienen memoria, los correos capinoteños funcionaban en la casa de la familia Castro. Fue Don David Castro el encargado del correo local por decenios, hasta el día de su muerte. Posteriormente los servicios fueron flaqueando hasta prácticamente desaparecer. La Casa de Correos fue un estímulo, pero no lo suficiente para mantener el servicio en la Provincia; pero ese es tema de otro artículo.

En su libro, Mario Rosales nos entrega su propia historia ligada a la historia de los correos de Bolivia. Está escrita en un estilo simple y coloquial, con muchas fotos que ilustran de manera muy gráfica lo que han sido los correos bolivianos en los últimos 40 años. El libro lleva el nombre de “Mi paso por el correo de Bolivia”, impreso en la Planta Gráfica de la Editorial Serrano, 2010, Cochabamba, Bolivia.

Comments (1) »

Sacerdote capinoteño lleva mensaje de esperanza entre futbol y rancheras

Extraído de La Razón / Erick Ortega / 15 de septiembre de 2013

Sacerdote capinoteño

Hector Ledezma, probablemente es el único sacerdote capinoteño. Lleva su mensaje de amor con humildad y alegría.

Mi padre estaba internado en el Hospital Obrero de La Paz: piso quinto, sala tres, tercera cama a mano izquierda. Adolorido y aburrido, pocas cosas lo ponían de buen humor. Una noche, después de la salida de los parientes, cuando sólo se oía el caminar de los enfermeros y algunos lamentos lejanos, entonces… apareció él. Héctor, un hombre de cabellos blancos que le ganan la lucha a la calvicie, ojos grandes iguales a los de cualquier santo de iglesia, manos grandes de campesino, fornido, de voz imponente y con toda la pinta de ser un hombre bueno.

Entró a la pieza donde estaban mi padre y siete enfermos más. Su presencia causó incomodidad entre quienes querían empezar a dormir y aquellos que lidiaban con sus sufrimientos en silencio. Cuando habló, todo cambió. Eran aproximadamente las 22.00 y se puso en medio de la sala. Abrió las manos y preguntó a su audiencia si le gustaba el fútbol. Todos, venciendo los dolores de su cuerpo y atraídos por el tema, levantaron la mano. Luego les consultó de qué equipo eran. La mayoría resultó del Bolívar y Héctor sacó pecho porque su chamarra azul marino tenía el escudo del club académico. Les preguntó las alineaciones del equipo en el 66, de la escuadra del 91 y los pacientes intentaban responder pero casi nunca acertaban. Él se sabía de memoria cómo estaban conformados los cuadros.

Los internos hinchas de The Strongest le gastaron bromas y le mostraron tres dedos recordándole que el único tricampeón en Bolivia es el equipo gualdinegro. Entonces rememoró todo lo que el Bolívar ha ganado desde su creación. Bromas y ataques de un bando a otro hicieron que el hecho de estar en un hospital pasara a segundo plano. Cuenta mi padre que parecía que estaban en un café o en una tribuna del estadio antes del inicio de un clásico paceño.

Antes de irse, el extraño y carismático visitante se presentó formalmente. “Soy el sacerdote Héctor Ledezma”. Habló con esa voz dura que conocí días después. Los stronguistas se sonrojaron porque habían debatido con el representante de Dios en el Hospital Obrero y los del Bolívar festejaron la revelación. Se sacó la chamarra y entonces dejó ver el alzacuello blanco debajo de la manzana de Adán. Rezaron. El sacerdote se acercó a cada cama y estrechó la mano a los pacientes. Después dio una bendición desde la puerta y prometió que volvería. Cumplió su palabra.

Yo lo encontré a media mañana de un día de agosto en la capilla del sanatorio. Me contó, con algo de vergüenza, que no se acordaba de mi padre. Le dije que estaba bien y que él me dio la idea de entrevistarlo. Se alegró por él y me llevó a su oficina.

No estaba vestido con aquella mítica chamarra con el escudo del Bolívar, pero cuando empezamos a hablar hizo el mismo gesto de Clark Kent cuando se convierte en Superman y se sacó la chompa: debajo tenía la polera de la Academia. Empezó a contarme su vida. “De niño, en la escuela, los chicos veíamos cómo jugaban los grandes y nos peleábamos por devolverles la pelota cuando la sacaban de la cancha. Todos hablaban de fútbol en Capinota. Unos eran de Universitario, otros del Chaco Petrolero, había gente de Strongest y Bolívar, pero a mí me gustaba el color celeste. El equipo de mi pueblo se llamaba Primero de Octubre y tenía la polera de ese color”.

De joven quiso ser futbolista pero su inclinación católica pudo más. Se hizo sacerdote pisando los 30 años y ahora tiene 59. Sus amores son, demás está decirlo, el club Bolívar y Dios. Recuerda que en 1985 Bolívar disputaba el campeonato con Real Santa Cruz en Cochabamba. Viajó en flota para ver al cuadro de sus amores. “Mi sobrino llevó un crucifijo y me dijo: ‘Recemos’. El Negro Néstor Raúl Orellana (Real Santa Cruz) sacó el balón afuera, el Perro Ramiro Vargas hizo el gol (para Bolívar) y Guillermo Peña (Real Santa Cruz) pateó junto al palo. Saltamos de alegría”.

En estos tiempos en los que el papa Francisco, hincha de San Lorenzo de Almagro, manda en el Vaticano, Héctor celebra que la Iglesia deje atrás la imagen clásica del cura alejado de la sociedad y de sus pasiones.

Su cariño por el club celeste llegó a oídos de los dirigentes. Por eso, Lothar Kerscher le regaló esa chamarra estampada que él no suele quitarse cuando va a sus rondas hospitalarias. Además, era amigo del anterior director técnico de Bolívar (Ángel Guillermo Hoyos) y tenía un sitio entre los jugadores suplentes para dar suerte divina al equipo antes de los partidos. El capitán Walter Flores le regaló una camiseta autografiada por todos los jugadores y esa prenda es una de sus reliquias.

“Dios es algo muy importante en mi vida”, cuenta, y besa la estola. No hay duda de que su fanatismo se ha metido en el espacio celestial. Cuando bautiza a un niño, pide a los padres que lo hagan bolivarista. Algunos sonríen por la ocurrencia y otros le dan una negativa rotunda. Los feligreses, agradecidos con los favores del sacerdote, le preguntan cómo pueden demostrarle su cariño y él les responde que con una mantita para la virgen. Eso sí, preferentemente, una bolivarista. “Después de todo, el cielo es celeste porque Dios no suelta la bandera”, bromea.

Otra de sus pasiones es el canto, aunque, como él comenta, nadie le creería. En su recorrido también incluye los pabellones de las mujeres y empieza a cantar El rey, Cielito lindo, México lindo y querido, Las mañanitas… Su repertorio es amplio, casi como las sonrisas que les saca a las pacientes. No faltan aquellas valientes que se animan a entonar junto a él, y por momentos el hospital deja de ser un lugar donde hay sufrimiento para convertirse en un karaoke con sonrisas y suspiros. “Es mi forma de llegar a la gente: hablándoles de fútbol y de música”.

Popularidad en los pasillos es lo que le sobra. Mientras caminamos le hablan los doctores y los familiares de los enfermos. Hace bromas a los stronguistas, palmea en el hombro a los bolivaristas. Reparte besos cariñosos en las mejillas a las mujeres que se le acercan.

Su fama ha trascendido las fronteras del Hospital Obrero y también hace rondas en el Materno Infantil. Escoge los sitios al azar y entra sin tocar la puerta, porque médicos y enfermeros saben de su ocupación.

En las tardes, a las 16.00, ofrece misa en el templo de San Agustín, al lado de la Alcaldía paceña. Siempre que puede da un guiño futbolero o musical a sus sermones y ya tiene sus seguidores.

“Por favor, en su nota ponga que, cuando murió Mario Mercado (presidente de Bolívar en los 80), me sentí muy mal, como si hubiera perdido a un familiar”, me pide Héctor. No hay problema, total, yo también soy periodista, bolivarista y amante de la música ranchera.

Comments (2) »

Falleció Doña Elvira Gonzales Vda. de Hermosa madre de Los Kjarkas

POR: HUGO PEREDO V. TEXTO | 08/10/2013, PERIODICO OPINION

La mañana de ayer, a la 9:30 horas, dejó de existir la señora Elvira Gonzales Vda. de Hermosa madre de los fundadores de Los Kjarkas. Quienes la conocieron guardan la imagen de una persona apacible y silenciosa cuya presencia inspiraba serenidad y sosiego.

Elvira Gonzales Espinoza, nació en Acacio, norte de Potosí, el 30 de marzo de 1913. Su infancia pasó en Cochabamba estudiando en la Escuela San Alberto y posteriormente en el Liceo Adela Zamudio donde fue alumna de la insigne poetisa cochabambina. Al retornar a su natal Acacio, ejerció durante algunos años la docencia en la escuela rural de esa población.

Contrajo matrimonio con Florencio Hermosa Pareja, quien se desempeñaba en el área de sanidad del pueblo. Tras el nacimiento de sus hijos Wilson y Rosa, el matrimonio Hermosa Gonzales, por razones de trabajo, emigró al pueblo de Guaqui en La Paz desde donde finalmente llegaron a Capinota, en Cochabamba, donde se quedaron a vivir junto a sus hijos trabajando tesoneramente para darles estabilidad, inculcando en ellos el respeto al trabajo.

La familia tuvo nueve hijos, dos de ellos fallecieron muy pequeños; después murió Ulises tras unas exitosa carrera como compositor e interprete y Wilson famoso constructor de charangos dejó de existir hace pocos años, los hijos que viven son, Rosa, Luis Castel, Gonzalo, Margarita y Elmer y una generación que se prolonga con más de 20 nietos.

Cuando los hermanos mayores de los Hermosa llegan a la edad de continuar estudios secundarios sus padres deciden que deberán ir a la ciudad y es así que los hermanos mayores se instalaron en una casa de la calle Comuneros y Tahuantinsuyo, en la zona sur de la ciudad de Cochabamba, hasta donde llegaron uno a uno los hermanos, a medida que los estudios de colegio les imponía y esa es la casa donde nace el legendario grupo Los Kjarkas (integrado por los hermanos Wilson, Castel, Gonzalo, Ulises y Elmer Hermosa) y es también el sitio donde se instala el taller que dio vida al ronroco, en los talleres de Wilson.

A la muerte de don Florencio, su hijos llevaron a la señora Elvira a vivir junto con ellos en la ciudad.

Recientemente en ocasión de celebrarse el aniversario de Capinota la Sra. Hermosa recibió el homenaje de la población y del Gobierno Municipal de esta provincia por su valioso aporte a la educación y la cultura.

Con anterioridad, también este año, fue motivo de otros homenajes al cumplir sus 100 años de vida en el mes de marzo y en el Día de la Madre.

En los últimos meses el peso de los años fue minando su salud hasta postrarla en cama donde permaneció lúcida antes de morir.

Sus restos mortales son velados en Chilimarca, en el complejo ecoturístico que lleva su nombre, “Villa Elvira”. Al promediar el mediodía de hoy se oficiará una misa de cuerpo presente y posteriormente será trasladada hasta Capinota donde descansará junto a su esposo en el mausoleo familiar.

Leave a comment »

Falleció nuestro “Chuncho” Verduguéz

Por Antonio Rocabado Q.

Fotografía tomada hace nueve años, en la que El Chuncho posa risueño con otros amigos que cotidianamente se reúnen en la Plaza “1º de Octubre”.

Fotografía tomada hace nueve años, en la que El Chuncho posa risueño con otros amigos que cotidianamente se reúnen en la Plaza “1º de Octubre”.

El martes 07 de mayo de 2013, precisamente al día siguiente de cumplir 88 años de edad, en la ciudad de Oruro donde al fin tuvo que permanecer obligado por las circunstancias de su delicado estado de salud, falleció el Dr. José Verduguéz Villarroel, un connotado capinoteño de cepa que llegó a ocupar el cargo de Prefecto del Departamento de Oruro. Allí mismo, en Oruro, transcurrió la mayor parte de su vida profesional como abogado.

Asimismo, José Verduguéz V., “el chuncho”, será siempre recordado por otra de sus facetas personalísimas: su esplendoroso aporte al deporte nacional como basquetbolista. Junto a sus hermanos fue protagonista de varios momentos de oro con la casaca de la selección de Bolivia, en celebradas contiendas de básquet  tanto en el interior como en el exterior del país.

Sin embargo, a José lo que más le llenaba de orgullo era mostrar las diversas crónicas deportivas en su honor, sus recortes de prensa cuidadosamente archivados, y muy especialmente, el relato de su desempeño en una memorable jornada de jugadores nacionales enfrentando a los otrora mundialmente famosos basquetbolistas “Harlem Globe Trotters”. En esa oportunidad, a contrapunto del guión preestablecido de dejarse hacer payasadas por estos norteamericanos disfrazados de cholas, terminó haciéndoles varias truculencias y fintas propias de su estilo, que arrancaron mayores aplausos del público que los mismos nuevayorkinos, abandonando finalmente la cancha en hombros de sus admiradores.

Un recordatorio de algunos aspectos notables de su personalidad fue preparado en el blog www.capinota.wordpress.com el pasado año. No obstante, en estos tristes momentos de congoja por el amigo, deseo hacer otras remembranzas y un retrato del personaje con el que tuve el privilegio de disfrutar momentos de solaz inolvidables, tanto en Oruro como en el terruño natal.

Verlo alargado en su lecho de muerte, el pecho sosteniendo sus manos cruzadas, ha debido ser intolerable, porque yo no podría imaginar estático su cuerpo grandulón más que siempre inquieto; lo veré levantarse de pronto de la mesa donde se departía entre amigos con frías cervezas, para posteriormente, siempre regresar con bromas aún en las noches más frías de invierno, y en pleno fragor de la fiesta, ponerse a danzar a nuestro alrededor levantando polvo, con un cántico folclórico quechua entonado por él mismo.

Una de las últimas fotos del Chuncho, tomada en noviembre 2012 frente a su casa en la plaza de Capinota

Una de las últimas fotos del Chuncho, tomada en noviembre 2012 frente a su casa en la plaza de Capinota

Nunca olvidaremos las veladas en que nos contaba historias fantásticas de su invención, recordando sus andanzas y anécdotas frutos de su deslumbrante imaginación socarrona.

En 1985, empezó en Oruro una amistad que bastante tiempo tardé en creer. Por una parte, José imponía por su presencia física, su corpachón atlético, y su especie de boconería fanfarrona; por otra, como amigo que fue de mi padre yo aparecía con una edad como de su hijo. Sin embargo, me fui convenciendo de la verdadera amistad con las invitaciones a tertulias en su domicilio, en su bufete, departiendo bravatas con amigos comunes. Poco a poco nos dimos cuenta de que seguíamos derroteros semejantes hasta en la política nacional imperante en esas épocas.

José era un hombre amante de la vida, por un buen tiempo disfrutó también de la buena bebida y de la belleza de las mujeres. Tímido, y a veces poco discreto, cuando se rompía el hielo y empezaba a divagar era el amigo más cariñoso. Con sus charlas que se convertían en relatos ilusionantes estaba muy lejos del pesimismo imperante de los tiempos que corren. Absolutamente no era un ser mezquino ni un tacaño.

En los últimos años, su vida quedó marcada definitivamente por el súbito deceso de su hija Sandra, y desde entonces repetía sin cesar que el dolor de perder a un hijo no acaba nunca.

En fin, todos los hombres son mortales. Hay que aceptar la muerte de nuestro “Chuncho” como la que puede sobrevenir en cualquier momento a cualquiera de nosotros. Para los que lo conocieron entrañablemente, no queda sino derramar lágrimas en la añoranza, como también, depositar ramos de flores en su tumba.

Comments (3) »