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Vuelve a funcionar el reloj de la iglesia de Capinota

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Reloj adquirido en 1972 por el club de Leones Capinota

Con alegría hemos comprobado que el reloj de la iglesia del pueblo ha vuelto a funcionar después de casi 40 años. Es un hecho notable cuya historia merece ser contada, cuando todavía queda memoria.

Este reloj fue adquirido en 1972 por el Club de Leones de Capinota, que fue fundado  el 29 de junio de 1969 por Don Hugo Rocabado Soria y  un grupo de capinoteños que querían darle más sentido  social a sus actividades provincianas. Don Hugo Rocabado fue el que inició la colecta de fondos para su adquisición mediante una serie de actividades de recolección de fondos que realizó el club, para lo que fue conformado un Comité de Finanzas a cargo del socio mencionado.

El reloj es de la famosa marca JUNGHANS y fue adquirido a través de la casa Bernardo  por 18.000 Bs. en Hamburgo, Alemania,  llegando a la aduana en junio de 1972, cuando ejercía como Presidente del Club el Dr. Hugo Bermudez. Desde entonces, y por espacio de más de un año estuvo varado en la aduana y no podía ser sacado por falta de fondos y esperando ser liberado de los impuestos de importación.

El reloj fue sacado de la aduana a fines de 1973 por acción oportuna de las damas leonas que en ese momento estaban dirigidas por la Sra. Liova Quevedo de Rocabado, como Presidenta; la Sra. Mercedes de Montaño, como Vice Presidenta; la Sra. Soledad de Mercado, como Secretaria; la Sra. Tina de Borda, como Tesorera; la Sra. Jasme de Guardia, como Secretaria de Cultura; y la Sra. Celia de Badani, como Vocal. A esta directiva le tocó interceder ante la Primera Dama de la Nación, que en ese momento era la Sra. Yolanda Prada de Banzer, misma que fue expresamente invitada al pueblo para recibir el pedido.

La Primera Dama llegó al pueblo el 13 de septiembre de 1973, según consta en la Ordenanza Municipal emitida por el Alcalde Municipal, que era también Don Hugo Rocabado, que a la letra dice en su parte resolutiva: “Artículo Unico: Declárase Huesped Ilustre y Filantrópica Benefactora de Capinota a la señora Yolanda Prada de Banzer, Primera Dama de la Nación…”, quien finalmente accedió a interceder para la liberación de los impuestos de importación.

De esta manera a fines de 1973 se tuvo el reloj listo para su instalación, que fue realizada por técnicos de la casa importadora, cometiéndose el error de tener el control del mismo desde la Alcaldía Municipal. Al poco tiempo, en una gestión posterior,  este control fue perdido lo que ocasionó la parada del reloj y su deterioro durante cuatro décadas.

Ahora sabemos que, por una decisión de ayuda de la Cooperativa de Agua, se ha reparado el reloj a un costo aproximado de 4.000 dóalres, reparación que estuvo a cargo del relojero encargado del mantenimiento de la catedral cochabambina. El trabajo más dificil ha sido el desmontaje y la bajada del reloj y su posterior armado.

Celebramos que ese reloj, que tiene algo de nuestra historia, esté por fin funcionando y marcando el ritmo de trabajo y de vida de los capinoteños, tal como fue el deseo de quienes lo adquirieron.

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Capinoteña conductora: Edelfrida, mujer de pollera que conduce un tráiler por Europa

 

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Edelfrida y su marido  junto al camión que manejan a diario

Por Wara Arteaga

 

La mañana del martes de Carnaval, la ciudad de Vitoria, situada al norte de España, amaneció llena de nubes. La nevada de la noche anterior había cubierto la carretera por la que Edelfrida Grajeda, una mujer de pollera oriunda de Cochabamba, debía transitar al mando de su tráiler.

Ese día, después de muchos años,  había vuelto a usar su ropa tradicional, tan característica de su tierra. Pero ni el frío ni las demoras le quitaron el entusiasmo  y tomó la carretera para recorrer alguno de los 28 países que conforman la Unión Europea.

Edelfrida nació en la provincia cochabambina de Capinota, en 1970. Al cumplir 29 años partió a España  en busca de un mejor futuro para ella y su familia.

Primero se marchó su esposo. “No había trabajo (en Bolivia). Ya trabajaba con transporte pesado, pero la situación no era buena”, comentó a Página Siete Félix Vásquez, esposo de Edelfrida, quien la motivó a incursionar en el oficio de transportista.

“Yo llegué a España tres meses después que mi esposo, a principios de 2000”, explicó desde España  la conductora de tráiler.

Edelfrida dejó a sus tres hijos al cuidado de su madre, en Capinota, por un año. Como muchos migrantes, descubrió que la vida estando lejos no era sencilla.

Vásquez llegó a Granada a trabajar como agricultor. Dejó el volante para cosechar espárragos, tomates y aceitunas. Algo parecido sucedió con Edelfrida apenas llegó a España.

Al cabo de un año, la pareja se llevó a sus hijos y fue entonces que Félix pasó los cursos y rindió el examen de conducción  para dejar el campo y convertirse en chofer de camionetas y, tiempo después, volver a manejar un camión de transporte pesado.

Para su esposa  seguir ese camino resultó más complicado, ya que jamás se había imaginado conducir  siquiera un auto. “Al principio tenía miedo de no aprobar (los cursos de conducción), porque había dejado la escuela en sexto de primaria”, explicó Edelfrida, quien ahora conduce un tráiler amarillo, de cuatro metros de altura, bautizado con el nombre de “Diego”.

“Primero le animé a sacar el permiso de turismo (una categoría que permite conducir autos pequeños). Así empezó a conducir camiones en el campo”, apuntó don Félix Vásquez.

El chofer no olvida la responsabilidad con la que su esposa manejaba, fue por eso que la animó a tomar los cursos de conducción para camiones.

Unos meses después, Edelfrida aprobó el examen que exigen las compañías de transporte internacional para llevar mercancías por la Unión Europea. Fue así como, desde 2011, marido y mujer comenzaron a compartir las carreteras de Europa.

En cada viaje, ambos se acomodan en el tráiler para llevar a destino los automóviles que les encarga la Compañía de Transportes Cariño. Su travesía comienza en Priego de Córdoba, un municipio de la comunidad autónoma de Andalucía, con rumbo a diversos y distantes países del Viejo Mundo.

“En Bolivia era diferente, podías conducir todo el día y la noche hasta llegar a tu destino. Aquí sólo debes conducir ocho horas al día y, después, descansar. Es diferente, no se puede conducir más de lo permitido y se debe buscar los caminos más directos”, explicó la conductora, quien precisó que comparte el volante con Félix, encargado de relevarla cada cuatro horas.

La cochabambina transporta automóviles desde Priego de Córdoba.

Ella es la mayor de cuatro hermanos, la única mujer de su familia, después de su mamá. En España, uno de sus hermanos también se dedica al transporte internacional de mercadería.

Hace unos días, Edelfrida compartió en Facebook unas fotografías en las que se la ve en el interior del poderoso “Diego”, su incondicional camión. Para la ocasión lució una coqueta pollera anaranjada con las enaguas en juego; una blusa de encajes con formas de flores y un par de zapatos que pidió desde Bolivia. Edelfrida sorprendió a los internautas que compartieron sus fotos en las redes sociales y la llenaron de elogios.

Por las exigencias de su trabajo, Edelfrida no viste polleras a diario, pero, de vez en cuando, luce sus mejores galas, para luego poner en marcha su tráiler.

(Publicado en Página Siete, el 21 de marzo de 2018 )

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Artículo de Humberto Guzmán sobre Capinota

El conocido intelectual Humberto Guzmán Arce, solía visitar Capinota en sus años de juventud, según su propio relato, que lo transcribimos más abajo. El Diccionario Cultural Boliviano, dice que Humberto Guzmán Arce nació en Cochabamba, en 1907, y falleció en 1994.  Era Abogado, político, periodista, narrador y novelista. Fue declarado ‘Maestro de la juventud’ en 1954, fue Fundador y director de la Sociedad de Escritores y Artistas de Bolivia (1938-1955), además de Miembro de la Academia Boliviana de la Lengua.

Porfirio Díaz Machicao escribió sobre él lo siguiente: “Prosa depurada y bella. Ha revelado con emoción la vida selvática y cuando pone el toque descriptivo en el valle, su tierra, es maestro”.

Sobre Capinota escribió el siguiente artículo, que estimamos fue escrito en la década de los treinta. Nos da una idea cabal sobre la geografía y algo del movimento inelectual del pueblo en esa época.

 

CAPINOTA A TRAVÉS DE LOS RECUERDOS DE MI JUVENTUD Y

DE MI INFANCIA

Por Humberto Guzmán Arce

El año 1914 se iniciaba la construcción de la ferrovía de Oruro a Cochabamba, cuando la comunicación entre ambas ciudades se mantenía con los servicios de los destartalados vehículos llamados “diligencias” que circulaban por la angosta carretera que pretendía vencer las ríspidas serranías de Arque, Tapacarí y Changolla para aproximarse a la altipampa de Oruro.

Si bien los pasajeros de los viejos rodados que arrastraban las cuadrigas de mulas, se sobreponían a la desazón y a las incomodidades del viaje, ante el ilusorio afán de salir al extranjero o por lo menos visitar el centro político de La Paz, en cambio aquellos otros pasajeros que hacían el viaje de retorno a sus lares cochabambinos, consideraban que el calvario al que fueron sometidos tocaba a su fin al llegar a Capinota, cuya plácida campiña era llamada por algunos poetas “alivio de caminantes”, porque los fatigosos peregrinos podían hallar en ella sosiego y hospedaje, disfrutando de los afamados vinos de la bodega de la “Viña Vieja”.

El interés de los escritores del país, que venían a residir temporalmente en el rincón más plácido de los valles cochabambinos, procedía de la mágica atracción de la naturaleza del tríptico paisajista de Capinota, Playa Ancha y Buen Retiro, que ejercía su influencia telúrica y estética sobre el estado de ánimo de aquellos hombres...

El interés de los escritores que venían al rincón más plácido de los valles cochabambinos, procedía de la mágica atracción del tríptico paisajista de Capinota, Playa Ancha y Buen Retiro, que ejercía su influencia telúrica y estética en su estado de ánimo…

Después de dos décadas volví a Capinota, cuando el tránsito ferroviario había cobrado inusitada actividad con el transporte de la producción agrícola de Cochabamba hacia los centros mineros y hacia el mercado de consumo de la sede de gobierno nacional. Encontré en Capinota las amplias instalaciones de la estación principal de Buen Retiro que aceleraba el tráfico en toda la extensión de la línea ferroviaria a Oruro, y hallé también la organización de la industria vitivinícola que había reunido a varios técnicos de la comunidad italiana, que vinieron a establecerse en la amena campiña de Capinota, cuyo clima de tibieza sin letargo y cuyo panorama luminoso de vides y cultivos, había cobrado merecida fama para atraer a los poetas y escritores de La Paz y Oruro, que venían a disfrutar temporalmente de la amena placidez de aquel rincón del valle cochabambino.

Este fue el motivo que me indujo a renovar mis viajes a Capinota, para frecuentar mi relación con don Juan Francisco Bedregal y su hija Yolanda, con José Eduardo Guerra y Josermo Murillo Vacareza, y tantos otros escritores que se congregaban en aquella campiña durante el periodo de sus vacaciones anuales.

Y al hacer una afectuosa referencia a estas figuras representativas de las letras bolivianas, no podré olvidar a mi dilecto amigo y fraternal compañero de aulas don Víctor Urquieta Frontanilla, con quien estudié el curso de humanidades en el Colegio Bolívar de mi ciudad natal. Dotado de una capacidad crítica afinada para seleccionar las mejores obras de nuestras letras, Víctor solía acudir solícitamente a mi residencia para proponerme temas de prolongada conversación que solían concluir en el intercambio de los libros de Jaime Mendoza, Alcides Arguedas, Armando Chirveches y otros autores que estaban en boga en aquella época, por haber renovado la corriente romántica con el predominio de la tendencia realista que enriqueció la narrativa boliviana.

Con el correr de los años vengo a comprender que la inquietud intelectual de Urquieta, a la par que el interés de los escritores del país, que venían a residir temporalmente en el rincón más plácido de los valles cochabambinos, procedía de la mágica atracción de la naturaleza del tríptico paisajista de Capinota, Playa Ancha y Buen Retiro, que ejercía su influencia telúrica y estética sobre el estado de ánimo de aquellos hombres que supieron aprovechar los momentos de lucidez interior para seguir ensanchando con ahínco el patrimonio de su cultura.

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Wálter “Tataque” estuvo en Capinota

Tataque rodeado de sus fans capinoteñas

Periódico Opinión, 14/06/2012

Uno de los expugilistas reconocidos del país, Wálter Quisberth (el hombre más alto de Bolivia), estuvo visitando algunos escenarios deportivos del municipio de Capinota, además de ver el nivel competitivo de los estudiantes que participaron en los Juegos Plurinacionales.

“Tenemos buen elemento humano y competitivo en las provincias, lo lamentable es que las autoridades deportivas no les dan la oportunidad. Todo es fútbol y estamos con jugadores mayores a 30 años”, declaró “Tataque”.

“El gigante” aprovechó su presencia en Capinota para solicitar al alcalde Sinforiano Paniagua el alquiler del coliseo municipal para la realización de un espectáculo de lucha libre con cholitas para el 28 del mes en curso.

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Luna capinoteña

Después de Itapaya notamos que en el horizonte se levantaba, al atardecer, una Luna más brillante que de costumbre

El sábado 5 de mayo nos dirigíamos a Capinota y en medio del camino nos percatamos que salía una luna descomunal,  grande y brillante. Paramos el coche y comenzamos a sacar fotos de esa “Luna capinoteña”.  Aproximadamente eran las seis de la tarde. Continuamos el viaje y seguimos sacando fotos a lo largo del resto del camino. La verdad que esa era una luna llena fuera de lo normal; tan grande como para despertar cualquier sentimiento romántico.

Al día siguiente nos enteramos que se había sucedido un fenómeno natural que se da cada 11 o 12 años: la Superluna. Según Wikipedia, la Superluna es “una luna nueva o llena que ocurre con la Luna en o cerca (a menos de 90% de) su máximo acercamiento a la Tierra en una órbita determinada (perigeo). En pocas palabras, la Tierra, la Luna y el Sol están en una línea, con la Luna en su más cercana aproximación a la Tierra”. El término Superluna fue acuñado por el astrólogo Richard Nolle en 1979, aunque su nombre científico es perigeo-sicigia.

En Wasa Mayu la presencia de la Luna ya era el rasgo dominante del paisaje

Esa noche la luna fue más grande y brillante en todo el mundo, debido a que alcanzó su punto más cercano a la Tierra en su movimiento de traslación. Estuvo aproximadamente a 357.000 kilómetros en su perigeo. Durante el fenómeno la Luna apareció 14% más grande de lo normal, y presentó un brillo superior en 30%  a su brillo normal. Desde entonces la Luna se fue alejando y éste 19 de mayo llegó a su apogeo, su punto más lejano, a 406,448 kilómetros de distancia a la Tierra.

Lástima de no tenerla siempre cerca. De cualquier manera, en su acercamiento nos hizo soñar y pensar sobre la limpidez del cielo capinoteño; allí es frecuente ver cielos estrellados y lunas llenas tan brillantes como para alumbrar nuestros senderos de tierra y piedra.

 

 

La Luna nos alumbró toda la noche con una refulgencia impresionante

 

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Un sorprendente viaje de Capinota a San Pedro de Buena Vista

Por Antonio Rocabado Q.

A la distancia se aprecian las plantaciones de tumbo, en las afueras de Apillapampa

Al finalizar el pasado año 2011 y por razones de trabajo, tuvimos la grata oportunidad de realizar un viaje de sorprendente singularidad paisajística. El trayecto, que resultó una auténtica rareza desde el punto de vista histórico, cultural y magníficas panorámicas, fue recorrido en camioneta en unas 4 horas de travesía, partiendo desde la plaza principal de Capinota hacia el antiguo pueblo potosino de San Pedro de Buena Vista, actual capital de la provincia Charcas.

El típico paisaje de montaña comienza con un acceso en subida relativamente fácil de 20 Km, a partir de Yatamoco –-al frente de Capinota— hasta Apillapampa, ahora denominada “Capital del Tumbo” por la profusión de terrenos destinados al cultivo de esta deliciosa fruta. El progresista pueblo de Apillapampa fue un importante enclave aimara donde particularmente en sus alrededores prevalecen viviendas con tipología constructiva andina, y el pueblo mismo, adosado a una colina, resulta desparramado en tortuosas callejuelas empedradas. El sendero atraviesa el poblado por una angosta calle adyacente a su plazuela central, y se vienen  unos 15 Km de varias fatigosas cuestas y curvas que hacen el peor trecho de todo el camino, hasta alcanzar el sitio llamado Kallawi, donde existe un hito que se constituye en el límite territorial entre Potosí y Cochabamba. 

El paisaje se hace más intenso bajo el implacable sol del mediodía y su brillantez amenaza con enceguecernos. De la empinada ubicación de Kallawi comienza una formidable bajada para llegar a Iturata, un remoto tambo de aprovisionamiento forrajero de los viajeros en acémilas de la época colonial, que partían de Chuquisaca a Cochabamba o viceversa. Iturata se ubica en la confluencia de ríos que son las cabeceras del rio Sopo, el cual corre al norte hasta desembocar en el río Arque, en las inmediaciones del pueblo capinoteño de Sicaya.

Desde la bajada a Iturata puede divisarse el legendario cerro de Mallcocota, cuya mina tuvo su apogeo en la época colonial cuando los españoles explotaron oro y plata. La mina alguna vez tuvo también un ingenio minero para el proceso extractivo de los minerales. La afanosa explotación minera de plata por mucha gente ávida de mejor porvenir abarcó hasta fines del siglo XIX, y posteriormente sobrevino el abandono, aunque recientemente se habla de una intensiva reactivación de la explotación minera a cargo de inversiones extranjeras.

De Iturata el camino a nuestro destino final transcurre paralelo y en contracorriente al cauce de uno de los tributarios señalados, y después de recorrer 12 Km, llegamos al cruce con la carretera interdepartamental Uncía-Acacio-Anzaldo-Cochabamba, en un sitio cercano a la localidad de Sakani. Ya por el camino potosino, en buen estado de mantenimiento, a los 10 Km arribamos a otro cruce de caminos llamado Huaylloma, y allí, abandonamos esta plácida vía interdepartamental que prosigue en dirección a Acacio, al puente sobre el río Caine, y a la ciudad de Cochabamba. En Huaylloma tomamos el desvío y nos precipitamos por una prolongada pendiente de 30 Km hasta San Pedro de Buena Vista, que siempre quisimos conocerlo recorriendo este nuevo trayecto que sale de Capinota, y nos alegra la oportunidad de visitarlo nuevamente.

La carretera de acceso a San Pedro, está emplazada en el largo declive Norte-Sud que va más allá del poblado, y se recorre por la orilla oriental del curso principal del río San Pedro, emblemático de la zona, que más parece una gigantesca torrentera con numerosos conos aluviales de deyección de material denudado de las montañas aledañas, predominantes en todo el territorio. Esta vista general nos permite apreciar la imponente y típica topografía de la comarca. 

El autor frenta a la casa de la familia Rocabado en San Pedro, donde se imprimieron los primeros periódicos de la región

En San Pedro de Buena Vista todo tiene una historia, y no faltan rincones del pueblo que no escondan alguna fábula relatada por sus habitantes, por eso, para entenderlo y vivirlo también hay que escuchar. Y mirar.

Para nuestra buena fortuna, apenas llegamos a la plaza principal del pueblo nos encontramos con el Ing. Cándido Pastor, pariente nuestro y conocido sanpedrino considerado uno de los pioneros del Parque Tunari de Cochabamba, quien, casualmente, estaba en su tierra natal también ofreciendo su colaboración profesional a las autoridades locales.

El Ing. Pastor nos guió y relató varias historias antiguas de la zona, como el hecho de que San Pedro tenía importantes Estrados Judiciales donde se ventilaban pleitos resonantes de todo el norte de Potosí. Dada esta situación, era residencia de muchos abogados de renombre y su gente joven por lo general se marchaba a estudiar Derecho a Sucre. La actividad intelectual pudo ser notable, habiéndose, incluso, logrado disponer de una imprenta adquirida en Sucre por el Dr. Rodolfo Rocabado, en la cual, se imprimieron otrora varios periódicos locales (“El Sol”, “El Loro”, y “La Aurora”).

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Sucedió hace medio siglo: contrucción de la Alcaldía Municipal

El 02 de octubre de 1963 se publicaba en el diario cochabambino “Prensa Libre” una crónica cuyo autor fue el profesor normalista Sr. Rodolfo Montaño Valderrama. El escrito revela la situación de la vida municipal capinoteña de esos tiempos, los emprendimientos, y la pujanza de su gente a mediados del siglo pasado. La puntillosa transcripción del documento reza así:

1961: El Alcalde Municipal, Hugo Rocabado Soria, posa junto a sus colaboradores, Carlos Badani, Oficial Mayor Administrativo, y Silverio Pacheco, Intendente, en la entrada de la antigua Casa Municipal

EL LV ANIVERSARIO DE CAPINOTA 

La creación de la Provincia de Capinota separándose de la de Arque, el próximo 1º de octubre, cumple cincuenta y cinco años de vida autónoma, esto es, a partir del año 1908.  

Durante los 55 años de vida se ha mantenido un estado de estancamiento en su progreso moral y material. Si bien, las primeras juntas municipales encabezadas por elementos del Partido Liberal, dieron algún impulso a sus instituciones y organismos comunales, en cambio, la caída del régimen Liberal en 1920 trajo toda la secuela de desaciertos del republicanismo imperante, sucediéndose los personajes de la comedia electoralista, cargados de ambiciones y de sed de figuración, sin concepto alguno de responsabilidad ante el porvenir. 

En 1895, pasan 68 años, se había construido la Casa Municipal, con el nombre de Honorable Junta Municipal, de arquitectura arcaica y sin comodidad alguna para el funcionamiento de oficinas como las que requiere la edificación moderna de acuerdo a planos técnicos que respondan a todas las necesidades de comodidad, confort, elegancia, cultural y aun de fines económicos. 

El edificio de 1895 ha sido completamente demolido y se ha levantado un verdadero Palacio Consistorial, que puede parangonarse con las mejores construcciones y rivalizar con las más elegantes y lujosas con que el país pudiera contar; pero en concepto de personas que han visitado y conocen casi todo el país, no hay en la actualidad una Alcaldía Municipal, que pudiera igualarse a la de Capinota.

1962: Hugo Rocabado Soria, Alcalde Municipal, se apoya en los cimientos del antiguo edificio municipal teniendo, por detrás, la nueva edificación en proceso de construcción

Cuenta el establecimiento comunal con un Salón de Honor, pintado al rojo; en el muro del fondo, un Escudo Nacional, pintado al óleo y a ambos lados serán colocados los cuadros de los Libertadores pintados en tamaño natural. La planta alta tiene las siguientes oficinas: Alcaldía, Oficialía Mayor, Tesorería, un Hall y Biblioteca. La planta baja, en su mayor parte ocupa el Cine Teatro, amplio y con magnífica decoración, cuyo arte causa verdadera admiración al visitante y al habitante del lugar. Este cine constituye una verdadera reliquia y será una fuente de ingresos saneados. Además completan tres oficinas con destino a la administración comunal. 

Los contratistas están pasando la última mano de pintura, armando el mobiliario y poniendo los últimos retoques, para su entrega oficial el día 5 de octubre, fecha a la que han sido postergados los festejos del LV aniversario de la creación de Capinota. 

Se asegura que autoridades nacionales y departamentales se harán presentes para solemnizar tan trascendental acontecimiento, en que se pondrá de relieve, el espíritu de trabajo y la gran empresa, con que está coronando sus esfuerzos el Alcalde señor Hugo Rocabado Soria, a quien se le hará entrega de una preciosa Medalla de Oro, como justo reconocimiento a su labor progresista.”

Hugo Rocabado Soria junto al equipo de albañiles encargados de la construcción del Edificio Municipal, a la cabeza del Maestro Modesto Valverde, secundado por el popular P'achi Terceros

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