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Día de Difuntos en Capinota, reencuentro con nuestros seres queridos

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Tumbas bien adornadas y alumbradas caracterizan el cementerio del pueblo

Como todos los años asistimos a la fiesta más importante del año, la celebración de la fiesta de los Difuntos. Acudimos puntualmente a la cita en el cementerio. Allí nos reunimos los hermanos y encontramos a amigos y familiares. Todos llevaban flores y velas, además de algún traguito corto para calentar el ambiente. Limpiamos la tumba de nuestro padre y de las abuelas. Les ofrecimos  unas piezas de banda, principalmente a mi padre, que era muy alegre. Unos boleros y la canción de su equipo de futbol, el Aurora. Después dimos una vuelta al cementerio, visitando y saludando a los amigos. Siempre hay gratas sorpresas de gente que llega de lejos o de mucho tiempo a visitar a sus muertos. Todos se esmeran en limpiar y decorar las tumbas. Las  velas brillan y alumbran el camposanto. Hay música, bebidas y reencuentro. Todo en paz y familiaridad.

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Música de mariachis o de banda para alegrar el reencuentro con las almas

Al día siguiente debemos cumplir con los parientes y amigos que han partido. Pareciera que cada año aumenta el número de fallecidos. No nos pudimos dar abasto con todos. Visitamos a los más conocidos o cercanos. Empezamos con el mast’aku preparado para Don Félix Enríquez, bien provisto y con la participación de varios de sus hijos. Fue prolífico en su larga existencia. Rezamos y nos hicimos acreedores a nuestra ración de masitas y t’anta wawas.

De ahí partimos al pueblo, a rezar por el alma de Freddy Larraín, quien estaba muy visitado y con el apoyo y presencia de todos sus hermanos. Al tiempo la mesa estaba también ofrecida al cuñado, Guido Galleguillos, quien falleció coincidentemente este último año. Bien provista de los platitos y golosinas que ambos apreciaban en vida. Tomamos unos ricos cocteles preparados por el Negrito, quien era el responsable de las bebidas. Encontramos varios amigos, casi todos de la misma generación de Freddy. Abrazos y despedidas.

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Mesa dedicada a Don Félix Enríquez, en Buen Retiro

Nos fuimos hacia Patay Parte, en el camino visitamos a Don Edilberto Soto, quien preparó una pequeña mesa para  su pariente y paisano arampampeño, Walter Soto, quien fuera prefecto de Oruro. Más que abundancia se  sentía el cariño y las siempre acertadas oraciones de Don Edilberto, el maestro de ceremonias más cotizado en estas ocasiones. Como siempre, hablamos con él de todo, sobre todo de pinturas; el ambiente del salón donde se armó el mast’aku es completamente artístico. Guarda las colecciones del Maestro.

El tiempo avanza y tenemos la obligación de visitar tres mast’akus más. No podíamos fallarle a Juan Romero, tan entusiasta de estas fechas festivas. Con él compartimos varias de ellas en los últimos años. Paradójicamente, ahora nos toca rezar por él. Son los avatares de la vida. Sentimos su alegría, sobre todo al contemplar su foto juvenil.

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Simpática y surtida  la mesa armada para Freddy Larraín

Ya no hay tiempo. Nos dividimos. La mitad a visitar a la familia Barrientos, y la otra mitad a visitar la mesa de Jaime Larraín, quien partió este año, prematuramente. Llegamos unos minutos antes del mediodía. Rezos por su alma y por la de algunos otros parientes. Felizmente no eran muchos. Suelen hacerse listas de 30 o 40 difuntos, y el rezo se hace interminable. A las doce sus hijas, dirigieron la volcada de mesa. La despedida definitiva. Jaime se subía a su morada eterna bien provisto su avío y después de degustar lo que más quería. Buen momento de meditación e integración.

Después, todos a la mesa. El esfuerzo valió la pena. Fuimos premiados con un rico fideos uchú, suculento y bien acompañado de cervezas frías. Una buena charla y a juntar el montón de masitas y golosinas con que nos pagaron los rezos. Volviendo a nuestra rutina nos sentimos aliviados y reconfortados, porque en cada muerto visitado reencontramos a nuestros propios muertos y a nuestras propias familias. Por esto Difuntos es la mejor fiesta del año. Una fiesta de reencuentro.

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Renace la fiesta de la Virgen de la Asunción en Capinota

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Virgen de la Asunción capinoteña, objeto de veneración en la fiesta de agosto.

La fiesta de la Virgen de la Asunción se celebra en Oriente desde el siglo VI y en Roma desde el siglo VII. El 1 de noviembre de 1950, el Papa Pío XII, estableció  la Asunción de la Santísima Virgen María como dogma de la iglesia católica. El dogma consiste en creer que María fue elevada al cielo en cuerpo y alma.

Existe confusión o poca claridad sobre el  origen de esta fiesta. Posiblemente está relacionado con la fiesta de  alguna Iglesia  y no necesariamente por ser  la fecha del aniversario de la muerte de María. De cualquier manera, la fiesta y la fecha se han difundido en el mundo. En casi todos los países se la festeja y su advocación ha sido apropiada por muchos de ellos. Algunos la declaran fiesta nacional y la virgen ha sido nombrada patrona o protectora.

En Bolivia sucede lo propio. Muchas ciudades la han nombrado como Patrona, como es el caso de Oruro, donde su misma catedral lleva su nombre.  Llallagua tiene una tradicional fiesta dedicada a ella. En los últimos años ha ido creciendo en importancia su fiesta en Quillacollo, aunque en ese proceso ha ido conociéndose más como Virgen de Urkupiña que como Virgen de la Asunción, esto por el lugar donde se la celebra.

En Capinota se le rinde devoción aún antes de que prosperara  la fiesta de Urkupiña.  Hasta hace unas décadas era la fiesta religiosa más sonada del pueblo. A partir de la Reforma Agraria y por influencia de la fiesta de Urkupiña su boato ha ido en disminución.

Sin embargo, en los últimos años comienza a renacer, por influjo de los párrocos, principalmente italianos que la organizaron y ordenaron. En primer lugar la adelantaron con relación a la de Urkupiña. Se concentró  en la Devoción a la Virgen y con  la presencia ordenada de bailarines, representando a asociaciones o instituciones diversas. Durante varios años hemos visto entradas  bien ordenadas y sin consumo de alcohol.

En este mes de agosto, si bien se ha visto un mayor crecimiento dela fiesta y de los grupos de danzantes, que se entrenan en sus variados ritmos desde varias semanas antes de la entrada, su presentación fue más caótica y desordenada. Diversos grupos de bailarines entraron danzando el día sábado 13 y el domingo  14. La entrada del sábado duró hasta aproximadamente las 21 horas.  En horas de la noche fue que se notó mayor desorden  y el uso indiscriminado del alcohol, de manera no muy estimulante para la devoción cristiana y menos para la estética folklórica. No es nada confortante ni ejemplar  ver a los devotos bailando borrachos o con bebidas en la mano.

Pese a todo, la fiesta se fortalece. Aumenta año a año el número de participantes, de bailarines y de grupos que los organizan, muchos con derroche de lindos disfraces, bandas de música (la mayor parte capinoteñas) y uso de llamativos fuegos artificiales. Nos parece un gran esfuerzo, que está provocando el renacimiento de la gran fiesta de antaño, lo cual es lo deseable junto con un mayor control de bebidas alcohólicas, por lo menos durante la entrada de los grupos..

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Diversos grupos de baile se dan cita en la fiesta dedicada a la Virgen de la Asunta

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Instituciones y fraternidades organizan y presentan sus grupos de danza.

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En la Feria del Guarapo, la plaza tiene vida propia

12376678_1035698589809788_4697857461002015011_nPor Miguel Paz Vélez

Puedes sentir el aroma dulce en el aire. Puedes sentir esa brisa cálida que nos envuelve en un momento intacto y nos permite encontrarnos, con la tierra, con la uva, con la música de nuestros corazones encendidos.

Cada año acudimos al llamado de una fiesta que nos transporta en el tiempo y mueve la esencia misma de nuestra identidad cultural, de nuestras raíces y de nuestros instintos.

Hoy es la feria del Guarapo y se empieza a sentir una atmosfera cálida que huele a tierra húmeda y a uva recién pisada. Suena la música y puedes ver cantaros adornados con flores mientras cateas jugo de uva negra macerada con una danza de sabores, aromas y texturas.

El centro del pueblo es el lugar de encuentro de amigos, vecinos, paisanos y desconocidos. Viejos, jóvenes y niños. La plaza de Capinota es el alma de una fiesta que nos conecta con lo antiguo de nuestra memoria y nos recuerda que somos uno.

Mientras paseas por las calles de Capinota puedes ver que el pueblo se prepara para la gran fiesta. En la plaza se preparan los puestos de venta de guarapo y exquisiteces culinarias típicas del valle. Después de un lambreado de conejo, y después de haber cateado las tres variedades de guarapo. me animo a darle mi primera jarra de uva negra.

Son las cuatro de la tarde y suena el temple endiablado del charango de don Bony Alberto Terán. La plaza empieza a hervir. El guarapo nos ha poseído. Suenan la zapateada y las palmas. Empezamos a bailar.

La plaza está repleta. El guarapo de uva blanca de doña Alejita es lo mejor del universo. Mientras los jóvenes dan vueltas en la plaza, algunos ya se parquearon en alguna esquina o en frente del Quiosco, que es el escenario ideal para fundirse con la gente.

Con el atardecer se evaporan los complejos y los miedos, estamos ardiendo en una fiesta que nos muestra casi transparentes. Todos nos conocemos.

Las K`ochalitas hacen volar sus polleras multicolores mientras nos sumergimos cada vez más en la noche y en los encantos del guarapo. Sapateadito! Sapateadito! La noche nos envuelve y nos desenvuelve. La plaza tiene vida propia.

Aún tenemos pies para irnos. Fue un día grandioso. Nos vimos, nos reconocimos, nos recordamos, nos integramos. Disfrutamos de este elixir tan alucinante como la vida misma. Fuimos uno mientras duro la fiesta. Todos fuimos Capinoteños y no importó nada más. Al año nos volveremos a encontrar y volveremos a compartir los frutos de la tierra. De nuestra tierra.

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LA TIERRA DEL GUARAPO, DESDE EL LARK´A ALLAY DE ANTAÑO, A LA FERIA DEL GUARAPO CAPINOTEÑO.

Por. Miguel Paz Vélez

12733997_1012151132164534_7565516219230571432_nRecorriendo los hermosos parajes de mi pueblo, sintiendo el aroma de la tierra y la fragancia de las frutas, se pueden ver largos tallos de uvas que, enroscándose en los molles se prestan a deleitarnos con sus colores y texturas. Tradicionalmente en Capinota se cultivan cuatro variedades de uva. Entre las cuales están la Negra, Rosada, Blanca y Morada, conocidas también con el nombre de uvas misioneras, ya que en época de la Colonia, fueron los colonizadores quienes introdujeron estas variedades en este valle que durante esa época correspondía al repartimiento de Paria.

Ya pasó el carnaval, los arboles frutales se empiezan a pintar y empezamos a pensar en la Feria del Guarapo. Una manifestación cultural que tiene sus inicios en la época de la colonia, donde los colonizadores instalaron la industria más moderna de la época, los Molinos, que con la fuerza del agua movían enormes piedras, y se encargaban de la molienda del trigo y otros granos. Estos Molinos se extendían desde: Sicaya, Palermo, Irpa Irpa hasta Capinota. En Capinota, el molino de seis paradas que trabajaba durante todo el año, descansaba en semana santa. Esta era la fecha en la que “Todos los estantes y habitantes del pueblo” tenían que salir a limpiar la acequia principal que después de pasar por el molino, irrigaba los campos de cultivo y huertas de todo el pueblo. Para esa ocasión salía el Guarapo. Un delicioso brebaje macerado, elaborado con la producción vitícola de la región que saciaba la sed de los asistentes al “Lark´a Allay” (limpieza de Acequia) y quienes recibían como T´inka los mejores guarapos y deliciosas comidas en una celebración cultural que mezclaba lo productivo, lo social y lo festivo.

La elaboración del Guarapo Capinoteño empieza con la cosecha de la uva que se hace faltando una semana a 10 días antes de pisar. La uva se exprime al máximo extrayendo todo el jugo posible. A este jugo se le denomina caldo de uva. Tradicionalmente este jugo se lo almacena en cántaros hechos de barro, que al cerrarlos herméticamente, empiezan a macerar el jugo de uva. La cascara sirve para extraer el color del fruto, que otorgará las características particulares al guarapo. El cántaro se abre pasando 15 a 21 días. El resultado es el Guarapo Capinoteño, una bebida alcohólica macerada, que además de tener un sabor incomparable, cálido y dulce nos permite conectarnos con la tierra, la naturaleza y nuestro entorno.

La feria del Guarapo Capinoteño se realiza cada año en el domingo de pascua. Es en esta fecha y durante uno a dos meses más como máximo, que se puede disfrutar de este maravilloso elixir. Si bien la Feria del Guarapo Capinoteño se realiza desde hace poco más de 20 años, ésta fue adquiriendo una nueva connotación simbólica a través del tiempo. Ya que no solo se trata de una actividad netamente cultural relacionada a la producción agrícola, sino que también se ha convertido en parte de la identidad cultural de un pueblo, que a través del tiempo supo darle nuevos significados colectivos, y pasó a ser considerado Patrimonio Cultural de Capinota. Desde la Lark´a Allay de antaño, hasta la Actual Feria del Guarapo, Capinota ha sabido mantener y compartir una tradición que se remonta hace cientos de años, y que es parte de la herencia cultural de todo un pueblo, que espera compartir con todos y todas, su sabor, calidez y cultura.

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Día de Difuntos en Capinota

Noche de visita al cementerio, que se alumbra de velitas

Noche de visita al cementerio, que se alumbra de velitas

Nuevamente nos hicimos presentes en el pueblo para visitar a nuestros muertos y pasar con ellos la celebración de los difuntos. Son veinticuatro horas de contacto con los parientes y amigos que se han ido. La gente viene de todas partes. Muchos vienen de lejos, de otras ciudades, para rendir tributo a sus muertos. Los mast’akus comenzaron a funcionar desde el mediodía del domingo, hasta mediodía del lunes, dos de noviembre. Los mast’akus se arman  para los muertos recientes, los del último año. Sin embargo, los rezos se interrumpen para la visita al cementerio. Desde las seis de la tarde el cementerio comienza a llenarse y miles de velitas empiezan a alumbrarlo, iluminando cada pasaje del cementerio, que al igual que el pueblo, ha sido remozado y cambiado. Su tradicional entrada de adobe y algunas de sus tradicionales  galerías han sido remplazadas por unas nuevas, no siempre más bellas. La fiebre de la construcción, del cemento y el ladrillo ha llegado también al camposanto.

Mast'aku de Doña Alicia de Barrientos, profusamente provisto de masitas, frutos y adornos

Mast’aku de Doña Alicia de Barrientos, profusamente provisto de masitas, frutos y adornos

No todo es tristeza. Se ofrenda a los muertos con rezos, flores, comida, bebida y música. Se brinda y se convida a los que pasan con chicha, cerveza o cocteles. Se ponen velas en el suelo o pegadas a los nichos. Se paga un boliviano por rezo a los niños que se ofrecen para hacerlo. Para la música se contrata una banda o mariachis, según el gusto del difunto. La canción más escuchada es “The sound of silence” de Simon and Garfunkel. Afuera del cementerio se han multiplicado los puntos de venta. Desde antojos hasta velas. Los autos estacionados han aumentado sorprendentemente en los últimos años.

Al día siguiente toca visitar los mast’akus ofrecidos a los muertos. Visitamos tres, de parientes o conocidos. El de Doña Maruja Enríquez de Mérida;  el de Doña Alicia Camacho de Barrientos, que estaba lleno de ofrendas y adornos.  Su foto en el medio de la mesa, flanqueada por el sol y la luna, una escalera grande para subir y bajar desde los cielos. T’anta wawas, masas en forma de animales, frutas y dulces. A mediodía, hora del retorno de los espíritus, y del volcado de la mesa, visitamos el mast’aku de Gabriel Rocabado Márquez, quien acaba de fallecer en los EEUU y fue enterrado en su pueblo, por su propia voluntad. Ahora visitaba a sus parientes, quienes le ofrecieron  una mesa con masitas, pasteles y otra simbología propicia para la ocasión. En pequeños vasos tenía los traguitos que fueron de su gusto en vida. Al sonar las doce llegó el encargado de los rezos. Un joven con buena voz y la paciencia para rezar por Gabriel y los difuntos que fueron enlistados en un papel. Un Padre nuestro y tres avemarías por cada uno de ellos. Los rezos duraron como media hora e inmediatamente se procedió al volcado de la mesa, previa distribución de su contenido entre los presentes. Me tocaron ricas masitas, algunas paltas y otras frutas. El rezador fue obsequiado con el canasto de dulce, color azul. La mesa fue desvestida y volcada en el suelo, señal del deseo que nadie más siga los pasos del difunto. Gabriel volvió a su hogar eterno, recibiendo el amor y el recuerdo de los suyos y de sus amigos.  Será hasta el año próximo, cuando vuelva a visitarnos.

Mesa dedicada a Gabriel Rocabado por su esposa e hijos para darle un cariñoso recibimiento

Mesa dedicada a Gabriel Rocabado por su esposa e hijos para darle un cariñoso recibimiento

Se ha despedido al difunto y la mesa ha sido volcada. Se espera su retorno el próximo año y que nadie siga sus pasos.

Se ha despedido al difunto y la mesa ha sido volcada. Se espera su retorno el próximo año y que nadie siga sus pasos.

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Donde comer en Capinota: el api de Doña Adela

Dando colorido a la plaza del pueblo, Doña Adela vende sus apis calentando la noches frias del invierno

Dando colorido a la plaza del pueblo, Doña Adela vende sus apis calentando la noches frias del invierno

Si no encuentra donde comer o tiene ganas de algo dulce y caliente, especial para el frío, en Capinota tiene la opción de tomarse un rico api en la plaza principal, los días viernes a domingo, a partir de las 20 horas; o muy de mañana, cerca del parque, donde salen los micros.

La autora es Doña Adela, una dedicada señora que se ha especializado en preparar y vender su sabroso producto. Complementariamente suele vender también tojorí o tujuré, pero su especialidad es el api, producto kolla por excelencia, de origen prehispánico y que sólo tiene un parecido con el atole mexicano.

Lo prepara en ollas grandes, donde hace hervir el agua con canela y clavo, y donde va añadiendo los ingredientes de su receta hasta lograr el espeso líquido de color morado o blanco, que lo vende de un solo color o mezclando los dos. El api preferido el de color rojo, que es un sabroso brebaje hecho de maíz morado o culli. El blanco lo prepara del maíz amarillo. A este preparado le añade limón para mantener el color y darle cierta acidez. Finalmente, le adiciona el azúcar. Algunas recetas hablan de añadir pedacitos de cáscara de naranja y un poco de anís.

El secreto a voces es que el mejor maíz es el valluno, el de Tarata tiene prestigio aunque el chuquisaqueño es reconocido como el mejor y más caro.

Esta popular bebida caliente de los bolivianos tiene valor nutritivo y puede constituirse en un buen desayuno alternativo. Es rico en hidratos de carbono y un vaso puede aportar como 200 calorías. Se dice que es rico en antioxidantes y lleva también las proteínas del maíz.

Doña Adela lo acompaña con pasteles o buñuelos. Los pasteles parecen empanadas de aire aunque son de queso. De aire porque el arte radica en que el pastel se infle y parezca de un tamaño descomunal, pero en el fondo es una masa frita muy delgada que se llenó de aire en la sartén cuando es bien manejado.

Ya sabe, siempre hay un lugar para satisfacer sus antojitos y alegrar sus noches capinoteñas de compañía y tradición!

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Semana Santa en Capinota

Sentimiento de dolor y recogimiento se nota en la procesión de Viernes Santo de los creyentes católicos; mientras predomina el silencio en todo el pueblo.

Sentimiento de dolor y recogimiento entre los creyentes se nota en la procesión de Viernes Santo, mientras predomina el silencio en todo el pueblo.

El día más importante de la semana santa capinoteña es el viernes. En este día se celebra el Viernes Santo, probablemente la más significativa celebración de la liturgia católica, destinada a la adoración de la Cruz. Es la llamada “Liturgia de la Pasión del Señor” y se celebra a media tarde del Viernes Santo. En Capinota comienza a esa hora una procesión que recorre todo el casco viejo del pueblo. Se dice que Jesucristo murió cerca de las tres de la tarde.

El sacerdote sale en procesión acompañado del pueblo católico practicante, de donde emergen voluntarios para llevar en hombros el Santo Sepulcro, que es propiedad de la Iglesia de San Pablo. El sacerdote hace su recorrido con sotana y ornamentos rojos, que representan la sangre derramada por el Hijo de Dios.

Se arman altares representando cada uno de las 14 caídas de Cristo en el Vía Crucis

Se arman altares representando cada una de las 14 caídas de Cristo en su Vía Crucis

La procesión va acompañada de rezos y cánticos con tono grave y sentimiento de dolor, tono que es marcado por el sacerdote encargado de dirigir la procesión. Esta recorre la Vía Crucis preparada por distintos fieles, quienes en sus propias esquinas preparan un altar que significa cada una de las caídas de Cristo. Lo preparan con cosas que encuentra a la mano: mantas, sábanas, ramas de platas, cañahuecas y otros, teniendo colgado en medio una cruz o algún cuadro religioso.

El ambiente es de recogimiento. Conocidas beatas del pueblo aprovechan para demostrar sus conocimientos en materia de cánticos y rezos. Otros participan para expiar sus pecados y ofrecer un tributo por sus creencias, se ofrecen a llevar en andas el sepulcro, un santo, una mesa o flores.

El cura de la parroquia dirige la procesión, hacer rezar y para en cada altar para emitir sus enseñanzas y sentencias

El cura de la parroquia dirige la procesión, hace rezar y para en cada altar para emitir sus enseñanzas y sentencias

El cura va bien acompañado por las monjas de la parroquia y por todos sus monaguillos, quienes avivan los incensarios o tocan las matracas; el sacerdote para la procesión en cada altar preparado por los vecinos, lanza algunas oraciones y dirige un pequeño sermón explicando el significado del Vía Crucis, las enseñanzas para la salvación del mundo de cada caída de Cristo. Su misión es motivar la meditación de los fieles sobre el misterio de la Muerte del Señor y provocar un estado de alerta y espera del momento en que ocurrirá su Resurrección, que normalmente es el sábado.

Se dice que el Viernes Santo es el único día del calendario litúrgico católico donde no se celebra la Misa, en señal de luto. Las campanas deben permanecer en silencio lo mismo que el órgano. También se dice que todas las limosnas recogidas en las iglesias católicas del mundo en este día deben ser donadas al Patriarcado Latino de Jerusalén para el sostenimiento de los santos lugares. No sabemos si las de Capinota toman ese rumbo, en todo caso no deben se de mucho monto.

Terminada la procesión el sepulcro y los santos son devueltos a la iglesia siempre dándole la espalda

Terminada la procesión el sepulcro y los santos son devueltos a la iglesia, siempre dándole la espalda

Cuando ocurre la resurrección, existe un cierto espíritu de victoria entre los fieles y una leve sensación de alegría, porque este hecho demuestra que el Redentor no murió en vano, sino que murió para salvarnos, al tiempo que demostró que era el Dios verdadero, que es capaz de subir al cielo en cuerpo y alma, con ayuda del Padre.

Esta sentida como significativa celebración del mundo católico capinoteños, de repente se ve abruptamente rota el día Domingo cuando se celebra la mayor fiesta pagana del pueblo, la Feria del Guarapo, caracterizada por un sin número de excesos. En el 2015, sin embargo, esta Feria se celebró una semana después, porque el Domingo 26 fue día de elecciones subnacionales.

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